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Cobertura informativa

Colección Sur: una Torre de Babel en La Cabaña

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

Desde lo alto de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, por sobre la bahía habanera, viose una punta erguirse por entre piedras y cañones. Voces cercanas y lejanos acentos tejían la faena de la tarde de domingo, cual Torre de Babel, hasta alcanzar los cielos de la literatura.
    La 22 Feria Internacional del Libro de La Habana logró reunir una vez más a escritores de disímiles latitudes, en esta ocasión, a través de la colección SurEditores, presentada en la sala José Lezama Lima del recinto ferial.
    El destacado intelectual cubano Alex Pausides, director de ese sello editorial que ya cumple dos décadas, guió una mesa de lecturas por la que transitaron  varios autores. Desde Israel trajo Amir Or su Milagro; también el joven cubano Oscar Cruz cantó su Balada del buen muñeco; y en una voz amiga llegaron otros versos del surcoreano Wolsan.
    Se inició el panel el poeta chino invitado Geng Xiang, quien evocó con los  melodiosos sonidos silábicos de su idioma, la vitalidad de sentimientos emanados por la fuerza de una identidad reconocida y venerada, el lugar natal, la raíz de su nacionalidad, lo más intrínseco del alma, nacido a la luz de sus auténticos orígenes. Y como quien sabe aprehenderse de los sitios con los sentidos del corazón, minutos antes de su partida de regreso a China expresó, que se llevaba consigo un profundo sentimiento de afecto por Cuba.
    En el encuentro, el poeta israelí Amir Or presentó varios textos de su libro Milagro, que reúne, a la par, las traducciones hechas por Karla Coreas. A dos voces —hebreo y español— resonaron los versos que clasifican unas veces como imágenes realistas o imperceptiblemente sublimadas, escenas en movimiento, otras, como sentencias sarcásticas y definitorias. Una poesía que es definida en el propio libro como “cuasi coloquial”, “tierna”, “insinuante”, “rozando el desenfado”, como “una poesía hecha de transparencias”. 
   Amir habla del lenguaje y recita: “El lenguaje son rastros manchados por allí /(…) Más allá del lenguaje,/ el lenguaje es una herida de la que el mundo emana/ (…) El lenguaje dice: es, no es, es, no es,/ el lenguaje dice yo.” Y Amir habla de sí mismo en “Imagen 2”: “convirtiendo palabras en poesías, amando, odiando…”; se ve, incluso en un “Epitafio”: “…aquí yazgo, niño y emperador…”.
     Aunque el poeta y ensayista surcoreano Wolsan no pudo estar presente en la actividad, llegaron hasta la sala impresiones sobre su obra La montaña de la luna. Sobresale en este relevante intelectual el fervor religiosos con que construye sus versos, como”oraciones nacidas a la luz de la luna en la cumbre”, una “poesía breve como el crujido de un  papel”, que nos trae en la cuenca de sus manos la memoria de un pueblo y sus sueños, conectados a través de la naturaleza. Wolsan obtuvo en el 2012 la Distinción al Mérito Cultural en Cuba. Fue galardonado con el premio Nacional de Literatura de su país en el 2010, y ha sido candidato al premio Nobel de Literatura. 
        En otra dirección aparece, irónico, provocador, despierto, con el hacha a punta de lengua, el volumen de Oscar Cruz, Balada del buen muñeco, que fue reconocido con el premio de la Fundación Wolsan en el Festival Cubapoesía 2012. 
   Se vislumbra en este muñeco (ni tan bueno, ni cerca de baladas) el diálogo generacional que lo inserta en su contexto; un sello particular que se mueve en la cuerda de lo conversacional, la palabra dicha sin trabas, a quemarropa, atravesando sin miedo todas las membranas de de lo sensitivo, lógico, correcto, plausible. 
      Para ilustrar aún más la rudeza de la poesía de Oscar, llegan estos versos recitados: “los combates de boxeo y mis/ poemas son lo mismo”... “cada poema lleva dentro hematomas, / torsiones, cortaduras. el poema como/ fiesta de los golpes”.  Y asegura en uno de sus textos, como verdad ineludible de su naturaleza artística y cotidiana: “es esta la pasión de los poetas (hacer que las palabras rajen,/duras,/precisas, /contundentes ).