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Poemas de nadie: Rita Martin tocada por el astro

por: Dulce María Sotolongo Carrington

Poemas de nadie, son los poemas de todos. Nacen básicamente con un sentido de introspección y de negación desde la pluralidad. Este sentido antinómico es el núcleo de preguntas que saben que no existen respuestas. Y si existieran serían plurales, múltiples, procedentes de cualquiera; es decir, de nadie, o de “alguien” sin importancia. Una de las fases de la realización personal es percatarse de su individualidad, de su originalidad, pero también de su papel ínfimo dentro del universo. Nos dice Rita Martin.

  Este poemario hereda lo mejor de la lírica española. Su autora es una de esas personas predestinadas a la poesía. La Facultad de Filología de La Habana, además de ser llevada de la mano de profesores como Guillermo Rodríguez Rivero, Nara Araujo, Mario Rodríguez Alemán, Beatriz Maggi, Luis Enríquez, Mariana Serra,  Ana Cairo, acentuaron su vocación. Rita Martín viajó a la semilla, bebió de Góngora, Quevedo, Lorca, Alberti, y de cubanos como Mirtha Aguirre, cuya impronta estaba tatuada en las paredes de la  Facultad, de Dulce María Loynaz y esos Poemas sin nombre. En la Facultad de Artes y Letras aún se movía el sillón de Camila Henríquez Ureña y Salvador Redonet, nos hacía soñar y reflexionar con la historia de Ezequiel Vieta donde a la niña Pachata le crece una flor en la barriga.

    A Rita también le creció una flor y hoy, en Poemas de nadie, se ha convertido en árbol. Más de 19 años fuera de Cuba le acentuaron el amor por las palmas, por ese Martí, cuyo aniversario celebramos este año, y la convocaron al regreso.

      Emotiva fue la presentación de Enrique Saínz, quien expresó:

Vengo a presentar este esplendido poemario desde mi perspectiva. La buena poesía nos sumerge en una realidad: La otra, donde el poeta cree un mundo desconocido, pero al mismo tiempo nuestro. Es un título vigoroso donde se muestra el mundo existencial de la autora, Este libro me ilumina. Poemas en el que se busca revelaciones, destellos, evocaciones del pasado.

    Rita Martín aclaró que mucho de estos poemas no se escribieron desde el exilio, sino aquí en La Habana. "Traté de abolir de mi poesía la rima, la musicalidad, sin embargo se me revelaban unos versos antiguos. Sonetos. Vivía en una casa en el cerro colonial, soy anticolonial, era una casa grande que me ahogaba, me mataba, me gustaba en esos momentos la vanguardia. En la casa colonial comencé a vivir hacia dentro":

Esta casa en penumbras ¿ a quién acoge?
He oído a sus muertos acercarse
Con piedras en las manos y un espanto en el alma.
El silencio. Las paredes gravitan.
Los duendes se esfuman. Lo invisible.
Muecas de los instintos llantos.
Los conjuro.
¿Por este sendero se entra a la paz manifiesta?
La casa los acoge.

   En el Pabellón Cuba el narrador y critico literario hizo una personal y aguda presentación de este título que fue secundada por la bellísima interpretación de los jóvenes Glenda Duret, acompañada el guitarrista de Aceituna si hueso, José Matos, quienes demostraron por qué, como anuncia en uno de sus poemas, Rita Martín está tocada por los astros.