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Novela negra ¿sin luz al final del túnel?

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

El celebérrimo escritor mejicano, Paco Ignacio Taibo II, tiene un temor: ¡Se está volviendo respetable! Habrá que tener extremos cuidados a partir de este momento, advierte, para que el género acariciado por él y sus más entrañables amigos ‒la novela negra‒ mantenga en tal inusitada situación el filo y la mordacidad que han caracterizado a sus mejores exponentes.

De estos temas se trató esta mañana en la sala Nicolás Guillén, de la fortaleza San Carlos de La Cabaña, en el panel “Novela negra y mercado editorial”, celebrado como parte de las actividades de la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana. A Paco Ignacio lo escoltaban otros reconocidos escritores, como el español Juan Madrid y el italiano Carlo Lucarelli, amén de los cubanos Leonardo Padura y Daniel Chavarría.

A decir verdad, al mercado editorial se le mencionó bastante poco. Los panelistas prefirieron enfocarse en la génesis de este tipo de literatura, sus diferencias con el policiaco tradicional y con la literatura “blanca”. El policiaco tradicional, por ejemplo, aborda el punto del quién y el cómo; la novela negra se concentra intensamente en el por qué. Esto implica una profundización sociológica muy superior, el abordaje de interrogantes sociales que tocan fibras sensibles en los seres humanos afectados por disímiles conflictos. A golpe de buenas historias, de ganarse a los lectores, de reflejar en sus páginas los lados oscuros y marginados de las sociedades, estos escritores le arrebataron el reticente reconocimiento a la crítica y a los círculos académicos, hasta el punto de influir de vuelta en los demás géneros ‒como tipificaron con algunas anécdotas graciosas‒ y buscarse peligrosas enemistades cuando irritan a capos gordos que medran en la relación entre el crimen y el poder ‒y aquí las anécdotas ya no son tan graciosas.

Precisamente, un gran valor de la novela negra consiste en la generación de una visión alternativa a la de los poderes hegemónicos; una mirada que desnude aquellos mecanismos por los cuales la corrupción, el fraude y otras lacras sociales se entronizan con la protección política y policial. Aquí se hace patente un tormento para los escritores, reflexionaron, porque es difícil en esas condiciones ofrecerle, a quienes los leen, una luz al final del túnel que no parezca el faro de un tren que viene de frente.

Un punto esencial, enfatizado por Juan Madrid, consiste en el reconocimiento del escritor como una persona privilegiada, dada la realidad de una abrumadora mayoría de personas encadenadas a las rutinas de reproducción económica elemental y, por tanto, enajenadas de las posibilidades de disfrutar de lo mejor de la cultura en las condiciones de las que el primero disfruta. En tal situación, es cuando se revela rápidamente si el escritor, además de buen literato, vale la pena como ciudadano comprometido, consciente de dónde y cómo puede ofrecer un mejor aporte a ciertos ideales humanos básicos como justicia y solidaridad.

Los relatos típicos de este género enfrentan una alternativa, entre ceñirse estrictamente a la lógica interna de su estructura narrativa o si, por el contrario, abrirse al entorno que los circunda e intentar establecer una interacción con el mismo. Como se sabe, el ejercicio del Poder está íntimamente ligado al manejo del saber y la información, y desde la antigüedad existen testimonios de lo conveniente, a nivel personal, que es seguirle el juego a la Corte correspondiente.

Ante una interrogante de Chavarría, Paco Ignacio apuntó, como aportes fundamentales de su generación a las corrientes iniciadas tal vez por Raymond Chandler o Dashell Hammet, la “latinización”, el teñido de sus obras con el más intenso apasionamiento; el meterle con todas las ganas a las tristezas, a las emociones, al coito, a las peleas, con el espíritu de que nadie, nunca, les pueda derrotar. El cubano uruguayo ofreció sus consideraciones, que sitúan su obra, de cierta manera, lejos de la “novela negra”. Esto se debe a que, a pesar de tratar con frecuencia personajes y tramas de personajes marginales, su enfoque hacia el gobierno cubano siempre ha estado determinado por la admiración producida por la Revolución Cubana. A pesar de las sombras o errores que se pueden señalar, insistió, son tanto más superiores las conquistas del proceso, que no puede hacer otra cosa. Entre Padura y Chavarría se manifestó una aguda contradicción, cuando el primero le recordó las expulsiones de homosexuales de los centros de estudio y las fatídicas UMAP como antítesis de la visión que el último volvió a evocar.

En estos menesteres, se agotaba el tiempo dedicado a este panel. Paco Ignacio Taibo y Edel Morales, a manera de conclusión, apuntaron la necesidad de mantener el diálogo entre los creadores y el público en general, así como la seguridad de que, en toda reunión entre escritores tan especiales, no faltará el reto del buen y enriquecedor debate.