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Cobertura informativa

El hecho histórico en la prosa, ¿hay espacio para la realidad?

por: I. Rodríguez

La sala José Lezama Lima acogió en la tarde de hoy el panel “El hecho histórico en la prosa, ¿hay espacio para la ficción?”, a cargo de los escritores rusos Evgueni Anatolievich, Kanta Ibraguimov y Roman Senchin, junto a la periodista e investigadora, Natalia Ivanovna, en el rol de conductora.

Más que el ejercicio de teorización y debate que prometía el título escogido para promocionar el encuentro, los presentes asistimos a un acto masivo de confirmación, que, por otra parte, se veía venir.

Sí hay espacio. Sobra espacio, de hecho: el punto de vista histórico es socialmente construido, responde a unos intereses determinados. La historia es siempre, en alguna medida, ficción.
  
Lo interesante entonces, tras el aborto predecible de aquel anunciado contrapunteo, fue la oportunidad de conocer de segunda mano (traducción mediante) las experiencias personales y el reflejo de estas en la propia obra, por parte de los integrantes del panel.

Para Natalia Ivanovna, la historia “real” de la nación rusa de todo el siglo XX y lo que va del actual, ha sido más fielmente expuesta en el ámbito de la literatura que en el de los historiadores. Ya sea en un registro realista o en clave alegórica, nombres como los de Alexander Solshenitzin, Boris Pasternak, Anna Ajmatova o Mijaíl Bulgakov, destacan por su denuncia de una realidad opresiva y enajenante, en contradicción con las versiones favorecidas por los centros de poder político en cada periodo histórico.

Lo anterior fue matizado por Evgueni Anatolievich, para quien es natural que los escritores ofrezcan una visión más apocalíptica de la realidad, porque «los aspectos negativos tienen más sustancia literaria». Por ello, no hay que olvidar que la historia producida en los predios de la ficción, incorpora ineludiblemente este factor de inexactitud.

Por su parte, la intervención de Kanta Ibraguímov estuvo enfocada hacia el papel del escritor como movilizador de conciencias colectivas e individuales, «para que errores pasados no se repitan», mientras Anatolievich se mostraba más escéptico: «la historia de la literatura mundial pone de manifiesto su propia incapacidad para lograr mantener un cambio favorable por periodos largos de tiempo».

Y Roman Senchin, el último de los escritores convocados al conversatorio, dejaba claro desde el inicio la condición bizantina de la interrogante de partida, apoyándose para ello en el florecimiento reciente de un ¿nuevo? sub-género literario, caracterizado por introducir, conscientemente, algunos elementos de ficción en el retrato realista de hechos históricos. Sus coterráneos Boris Akunin y Svetlana Alexeievich serían referentes en este sentido.

Para terminar, Natalia Ivanovna propició la interacción con el público: tópicos como el vacío producido en los lectores cubanos por la ruptura del puente cultural sedimentado en décadas precedentes entre los dos países; las acciones emprendidas por distintas instancias culturales rusas para contrarrestar lo anterior y el carácter discontinuo que, lamentablemente, han tenido dichas estrategias, fueron puntos de debate.

Una cosa sí quedó clara: la voluntad de seguir trabajando en este sentido por parte de los visitantes, y el anhelo de recuperar la presencia de las letras rusas de ayer y hoy en Cuba.

Nieve en La Habana. Ciertamente no vendría mal.

No sé si será verdad.