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Cobertura informativa

Solidario sí, desinteresado no

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

En la tarde de este 17 de febrero celebramos una grata reunión en el Salón Profesional del Libro, en el marco de la vigésimosegunda edición de la Feria del Libro de La Habana. En este salón, íntimo en contraste con el bullicio típico de la fortaleza de La Cabaña en la que ha sido montado, amigos y curiosos nos encontramos con la profesora de Literatura Hispana de California, Sarah Cooper.

Mirta Yáñez, quien tuvo la fortuna de conocer a esta amiga en un evento académico en el país norteño, la presentó al público asistente, al tiempo que revelaba la empatía y el cariño que Cooper ha mostrado hacia la literatura cubana. Estos sentimientos han dado valiosos frutos de cooperación, como se verá a continuación.

La norteamericana, quien vino a nuestra capital en calidad de representante de la editorial que preside, Cubanabooks, planteó su intervención a la manera de un largo y sentido agradecimiento, por muchas razones. Empezó por contar un sueño sostenido por ella largamente, hijo de la insatisfacción que le provocaba el ver cómo obras literarias de alto vuelo obtenían pocas o ninguna oportunidad en los círculos editoriales, que priorizan apuestas seguras en el mercado. De su encuentro y amistad con Yáñez brotó entonces una idea atrevida: promover por sí mismas estas obras, carentes quizá de aquellos resortes de realismo mágico o herramientas de bestseller, pero de valor incuestionable.

A partir de esta decisión, se reveló un mundo de enigmas y retos. Cooper conocía de la literatura a nivel teórico, así que hubo de buscar información y consejos. Afortunadamente, descubrió tanto de la una como de los otros, gracias a su labor acuciosa y al apoyo de amistades y colegas. Naturalmente, cualquier empresa de estas características necesita, para alcanzar éxitos comerciales, grandes inversiones que la sitúen ventajosamente en la competitiva arena del libro. Estas inversiones estaban fuera de su alcance, pero no sucedía lo mismo al tomar un camino alternativo. Así surge Cubanabooks, por ahora acogida a los principios de las organizaciones sin fines de lucro –lo que le permite recibir ayudas financieras como donaciones y becas–, con el objetivo de divulgar autoras contemporáneas de esta nacionalidad.

Otras autoras cubanas pronto tuvieron en Cubanabooks una oportunidad para dar a conocer valiosas obras, como es el caso de Aida Bahr y Georgina Herrera. Una contrapartida provechosa la obtienen los estudiantes norteamericanos, que profundizan su conocimiento sobre la literatura y, en general, la sociedad cubana, de la mano de aquellas. En particular, los estudiantes que trabajan con Cubanabooks, a la par que adquieren habilidades propias de la industria, manifiestan un creciente interés por los textos que procesan. El número de voluntarios crece poco a poco, y mejoran así las condiciones de mercadotecnia y Relaciones Públicas de Cubanabooks. A través de la comunicación con sus colegas, Cooper palpa el impacto de su trabajo en el crecimiento del interés por los temas que trata entre los círculos académicos.

Cuando Mirta Yáñez quiso enfatizar el privilegio de recibir este apoyo de la editorial, lo calificó de solidario y desinteresado, punto en el cual Cooper se mostró en desacuerdo. Nada de eso, es muy interesado. Como puede imaginarse el lector, simplemente el interés no es financiero, sino literario y humano en general.

Ante las preguntas del público, Cooper profundizó en la impresión causada entre los estudiantes de humanidades que entran en contacto con los libros de Cubanabooks. Sorprendidos por la solidez narrativa, los jóvenes norteamericanos se identifican igualmente con la hondura de los conflictos humanos que alcanzan todos los resortes universales de las historias de las personas. Asimismo, ratificó el carácter de promoción de intereses de género, manifiestos en la selección exclusiva, al menos hasta ahora, de autoras, como manera de contribuir a la erosión de las desventajas de este sexo también presentes en la industria del libro.