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Cobertura informativa

Coloquio Voces por Pedro Pablo Rodríguez

por: Madeleine Sautié Rodríguez

De hombre sensible, terrenal, apasionado y muy dado a valorar las pequeñas cosas cotidianas, pero que no lo aleja del insigne intelectual que sostiene sobre sus hombros la honrosa tarea de llevar a la edición crítica las obras Completas de José Martí, fue catalogado Pedro Pablo Rodríguez por un grupo de colegas y amigos, entre los que se encontraban Ibrahím Hidalgo, Norberto Codina, Ana Cairo, Yoel Cordoví y Carmen Suárez León.

    El coloquio, celebrado en la sala Nicolás Guillén de la San Carlos de la Cabaña, estuvo dedicado a resaltar la figura del destacado intelectual, caracterizado por la espontaneidad y la frescura emanada de un verdadero diálogo, en el que los ponentes rememoraron anécdotas, vivencias e itinerarios comunes que  permitieron conocer más al historiador, periodista y profesor. 

    A la capacidad de desempeñarse en múltiples temas históricos, como el pensamiento político y estratégico de Gómez, el movimiento revolucionario cubano en el siglo XIX, las relaciones Cuba-Estados Unidos, al pensamiento económico cubano y el legado martiano, entre otros, se refirió Hidalgo, quien aseguró haber  compartido con él “angustias y momentos decisivos para nuestra Institución: el Centro de Estudios Martianos.

   La tenacidad es otra de las virtudes de Pedro Pablo. Los diez libros que nos entrega en esta ocasión, son solo una parte de los que nos debe”, aseguró el estudioso.

  Codina se remontó a los años en que ambos se conocieron. Por aquel entonces Pedro Pablo era profesor de Historia de la Universidad de La Habana y sus investigaciones, matizadas por la variedad temática, se regodeaban entre la prosa periodística y la académica, y apuntó que:

abordaba temas del siglo XIX criollo, el testimonio y la literatura de campaña, el dilema cubano de la racialidad, la guerra del 95 y la lectura sobre Historia e historiografía, con aires de modernidad. (…) Es uno de esos contados historiadores que saben colocar una palabra después de otra. Es poseedor de una escritura fluida y enjundiosa, a lo cual mucho ayudaron sus tantos años como periodista, profesor y editor de futuros comunicadores. Cuenta con un activismo natural y sabio, para nada ortopédico, en el cual la memoria y el deber son consustanciales.

    Ana Cairo por su parte reconoció la ayuda que Pedro Pablo le dio a hora de ejercer la docencia en periodismo y lo valoró como el  amigo que “quizás no esté a tu lado en las alegrías, pero puedes contar con él en el momento de las tragedias”. También se refirió a cómo “recuperó en Bohemia algo que se había perdido: el periodismo histórico de investigación. No solo por lo que hizo, sino por lo que obligó a hacer a muchos de sus alumnos. Bohemia fue un capítulo importante de su periodismo”.

   Un “historiador comprometido con un legado, con una tradición, con un ideario de justicia e independencia para Cuba y toda nuestra América”, fue el referente con el que lo definió Cordoví, mientras que Suárez destacó su capacidad de dirección y el cúmulo de sus saberes.

   Rodríguez, encargado de poner fin a las intervenciones del panel,  destacó la necesidad de pensar en cosas como la dignidad, el decoro y el orgullo de ser cubano.

Siento  un orgullo muy grande de haber vivido esta Revolución que quisiera que jamás se perdiera en todo su alcance de dignidad, de justicia social. Nunca se termina la batalla por esos valores. Cada generación tendrá que moverse a  ver de qué manera encuentra esos valores y los hace brillar por encima de los demás. (…).  Soy el resultado de este tremendo proceso que es la Revolución Cubana.

Al finalizar el Coloquio se presentaron varios libros de Pedro Pablo Rodríguez: La primera invasión; Nación e independencia económico; Hacia Cuba libre: próceres inolvidables; Ensayos de mi mundo; Un caudillo útil: San Martín en José Martí.