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Voces, esperanza y libertad en la poesía de Agostinho Neto

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

Pareciera que muchas horas no son suficientes para dedicar palabras a quien fuera, ante todo, un pensador: Agostinho Neto, hombre que dedicó su vida a la libertad y unión del pueblo angolano, unas veces en la lucha de la guerra y otras veces en la guerra de los versos.

Es por eso que este sábado transcurrió como en un vuelo la segunda jornada del coloquio sobre la vida y obra de ese excepcional estadista y escritor, en el Museo Casa de África, del centro histórico de La Habana.

A propósito del homenaje a la cultura angolana en la XII Feria Internacional del Libro, se comentaron en la cita dos títulos de Agostinho Neto que fueron traducidos por el intelectual cubano Rodolfo Alpízar para esta ocasión. El moderador del panel, Adriano Mixinge, elogió el valor de las obras sobre la liberación nacional, que incluye dos discursos de Neto, antes y después de la independencia de su país; y Todavía mi sueño, una compilación de textos de carácter cultural escritos por el ex presidente angolano, en los que reivindica el arte genuinamente africano y rechaza la influencia colonial en la crítica artística.   

Destacados poetas y personalidades, angolanas y cubanas expusieron en el encuentro sus impresiones acerca de la trayectoria política y poética de Neto, en una lectura minuciosa y abarcadora de su dimensión social, política y humanista, así como de la confluencia de sus valores éticos y estéticos.

Luis Neto Kiambata, primer embajador de Luanda en La Habana y testigo privilegiado de la historia de su país en los últimos años, calificó a Agostinho Neto como el «símbolo máximo del nacionalismo», y destacó que su lucha por rescatar la identidad nacional se basa en su rechazo de todas las formas de colonización. Aseguró Kiambata que el líder angolano supo interpretar y fortalecer el sentimiento nacional, a la vez que respetaba las tradiciones y costumbres de su nación.

Afirmó el diplomático: «Agostinho Neto estuvo a la altura de todos los momentos, sobre todo de los más difíciles… puso a Angola en el mapa… no solo fue un hombre de dimensión angolana, ni solamente africana, sino de dimensión mundial».

Destacó en el coloquio la intervención del relevante poeta angolano Manuel Rui Monteiro, quien analizó algunos de los textos de Neto incluidos en las obras La sagrada esperanza (1974) y La renuncia imposible (1982). Rui Monteiro centró su atención en poemas como “Adiós a la hora de la partida”, en el que llama la atención el tránsito de lo personal a lo colectivo, a lo continental, cuando Neto invoca: Madre mía/ (todas las madres negras/ cuyos hijos partieron); y la madre toma el rostro de África.

Se refirió también el intelectual a la cadencia rítmica en poemas como “Havemos de voltar”, un texto «escrito en prisión, pero concebido como un himno de paz». Resalta también aquí el uso de pronombres posesivos, que señala, según Rui Monteiro, «un tocar directo de las cosas, a semejanza de muchos textos de la tradición oral angolana».

Joao Maimona, uno de los grandes poetas de la generación de los 80, afirmó también en su exposición que «el lenguaje en la poesía de Neto es inherente a la realidad social», por lo que se convierte en un «vehículo de la esperanza… en síntesis de las emociones colectivas». Distinguió Maimona cuatro períodos en la obra de Neto, marcados fundamentalmente por su actitud ante las circunstancias que le rodeaban, por lo que identificó al líder angolano como una «entidad actuante y hablante».

El profesor universitario Abreu Paxe expuso, asimismo, otras características de la poesía de Neto, la cual describió como «una enorme paleta de diferentes influencias… donde la palabra usada es imagen o símbolo….y muchas veces el elemento simbólico no está en la peculiaridad o secuencia de la imagen, sino en el efecto final del poema como un todo».

De ese modo,  entre el portugués y el español, entre cubanos y angolanos, se selló la “sagrada esperanza”, al comprobar que no han envejecido las ideas y las letras de Agostinho Neto, cuando descubrimos que Poesía y Patria se funden en una sola historia.