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Creación y pluralidad como palabras de orden

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

Con harta frecuencia, las realidades de nuestro mundo se ríen de las teorías más sofisticadas y los filósofos —al menos los más sensatos— comprueban la necesidad de revisar sus postulados para adaptarse al transgresor panorama.

Por estos cauces fluye el libro del ensayista panameño Nils Castro, quien sumó hace poco el premio Contracorriente a sus muchos méritos como académico y analista político. El título en cuestión, Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear, llegó esta tarde a las manos de los lectores cubanos e invitados, asistentes a la vigésima segunda Feria Internacional del Libro de La Habana, gracias al grupo editorial Nuevo Milenio. Germán Sánchez Otero, conocido especialista cubano en temas de diplomacia y relaciones internacionales, amén de Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales, acompañaron al autor en el lanzamiento del libro, efectuado en la sala José Antonio Portuondo de la fortaleza de La Cabaña.

Sánchez Otero, después de relacionar algunos de los lauros del académico panameño, comenzó el elogio del libro por el mismo título,  portador de dos significativos aciertos en una breve frase: la pluralidad del concepto “Izquierdas”, y la palabra de orden “Crear”. El presentador ofreció la apreciación de una Latinoamérica pletórica de movimientos sociales y políticos, varios de ellos en la ventajosa posición de haber vencido por la vía electoral a las corrientes conservadoras anteriores. Estas nuevas corrientes tienen disímiles características, antecedentes y posibilidades de concretar en la práctica sus ideales o programas, todo lo cual convierte los análisis de Nils Castro en un trabajo oportuno en grado sumo, texto para estudiar, subrayar y estudiar con todo detenimiento.

Esta es una obra original, afirmó, con ensayos muy completos desde el punto de vista más riguroso de las Ciencias Sociales y Políticas, sin dejar de ser por ello diáfano y suculento. Se nutre, naturalmente, de las experiencias del autor, cuya fecunda trayectoria le ha permitido acompañar y apoyar procesos revolucionarios de relevancia continental. Se refirió en particular a algunos de los avatares del joven Nils en nuestro suelo, como parte del claustro de la Universidad de Oriente. En esta época vibró y sufrió como un cubano más, las epopeyas de la década de los años 60 del pasado siglo, las penumbras del quinquenio gris, entre otras experiencias de profundo valor social y humano. Luego asesoraría al gobierno del general Omar Torrijos en su país natal, así como a varios partidos y movimientos socialistas latinoamericanos.

Frente a tal amalgama existencial, este autor ha podido aprehender ventajosamente las complejidades que condicionan a las variadas fuerzas revolucionarias, y utilizarlas para incentivar visiones críticas a la vez que realistas, relativas a las condiciones de cada país que, a su vez, condicionan la naturaleza de las izquierdas en cada nación.

Fernando Martínez Heredia concordó, por su parte, con los valores de la lectura de Las izquierdas… apuntados por su antecesor. Calificó su lectura como apasionante, aportadora de conocimientos claves y generadora de pensamientos de gran profundidad.

En el período actual, donde las grandes masas permiten el avance de los proyectos de izquierda por la vía electoral —o sea, sin las revoluciones “clásicas”—, Martínez Heredia percibe nuevas interrogantes, polémicas metodológicas que exigen renovaciones culturales y filosóficas en pro de concretar los objetivos políticos en las nuevas condiciones. Destacó entonces una tesis de apertura en los ensayos del libro, aquella en que nos vemos emplazados, por tanto, a desarrollar por nosotros mismos un proyecto estratégico común que nos una en pos del fin. Las complejidades de la administración de economías y sociedades subdesarrolladas son también puntos esenciales en el autor, así como las necesidades de reconstruir solidaridades, refundar relaciones humanas que repudien miradas egoístas o neocoloniales y descartar los dogmas que todavía nos lastran.

Igualmente notable, según Martínez Heredia, es el acápite dedicado a las contradicciones entre liderazgo y democracia y la conveniencia de una conducción que incluya la defensa frente a la reacción, sin descuidar la participación, todo lo cual exige un serio replanteo y continuo análisis del concepto mismo de democracia. Ya cercano el fin de su intervención, reflexionó sobre cómo ha cambiado y avanzado el mundo de los hechos reales. Ahora se exige que el pensamiento y la intelectualidad se pongan a la misma altura de las condicionantes y proyectos latinoamericanos más actuales. Esta es una tarea urgente, inaplazable, que demanda una praxis organizada, crítica y de mentalidad abierta, que combine conciencia, comunicación y pertenencia al proyecto común.

Finalmente, Nils Castro agradeció a la editorial por concretar su texto, y a los asistentes en la sala. Dedicó un momento a José Antonio Portuondo, al evocar algunas anécdotas y recuerdos de los tiempos en que fuera convocado por el insigne intelectual cubano a aportar su esfuerzo en la Universidad de Oriente. Evocó, también, pasajes de la época del derrumbe de la Unión Soviética, momentos en que se daba  poco crédito a los que señalaban que aquellos, lejos de ser momentos de derrota y repliegue, brindaban la oportunidad de emancipar los proyectos de aquellos prejuicios y construcciones artificiales, impropios de nuestras realidades intrínsecas, y avanzar con renovadas fuerzas.

Un par de décadas más tarde, las causas para permanecer comprometidos persisten y crecen, a la vez que fenómenos como la revolución bolivariana en Venezuela descubren nuevos horizontes no previstos, razón de más, para no perder la esperanza.