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El imaginario de Daniel Chavarría en Allá ellos y La sexta isla

por: Yohamna Depestre Corcho

Daniel Chavarría, escritor uruguayo-cubano a quien se dedica la 22 Feria Internacional del Libro, Cuba 2013, es un escritor de multitudes. Se demostró cuando en la mañana, la sala Alejo Carpentier se abarrotó de un público conocido y menos conocido, un público fiel, que como bien dijera el autor escribe para el cubano de a pie, no para los literatos.

Jesús Arvoleya Cervera expresó que se enfrentarían con una lectura que no se podrá dejar hasta que no sea consumida la última letra. La habilidad del escritor está, sin duda, en hacernos creer cosas que podrían no existir, pero que son, en muchos casos, hechos reales: los planes de atentados a Fidel Castro, los ataques bacteriológicos o la amenaza nuclear.

Es más que imaginario, desbordado, es destilación de cultura, oficio exquisito y afirmación política —añadió—, literatura que derrocha erudición sin excluir la cultura de masas.

Considerado como uno de los mejores escritores de lengua hispánica a Daniel Chavarría le interesa muy poco la crítica literaria. Jaranero, comenta que su “novelita o novelaza” Allá ellos le dio muchos dolores de cabeza. Su “aventura” comenzó porque en un principio no se entendió, ya que desmitificaba el canon de lo que debe ser un enemigo. Su tesis consistía en demostrar que, bajo la apariencia atractiva, puede encerrarse un enemigo poderoso. Cuando recibió el Premio a la mejor novela policiaca de la época en 1970, pensó que cambiaría la actitud hacia esa obra, pero sus personajes, antihéroes que se  robaban la escena, no fueron aceptados.

La literatura panfletaria hace una reacción inversa a lo que se busca y es el mamarracho que demerita la verdadera literatura, fue su opinión ante un jurado no preparado para asumir su discurso. Después de once años, y ya dispuesto a irse de Cuba, se le publicó en 1992, perdiendo el posible efecto que hubiera podido tener porque su tiempo ya había pasado.

El repentista Alexis Díaz Pimienta argumentó que el mejor personaje que tienen sus obras es el propio autor. Lo catalogó de un “gran manipulador que te obliga a leerlo en pecado”, pues mezcla como un gran alquimista lo policiaco con la novela de época y con el espionaje. Escritor cosmopolita que invierte la historia, esconde pistas, ficciona el compromiso político y logra que creas que es así, recta y sencilla.

Al gran “operario” de la narrativa lo conoció cuando tenía veinte años. Le sorprendió su gran erudición. Confesó que La sexta isla le dio coraje para escribir El Quijote en versos. Leyó un fragmento del mencionado libro donde el erotismo se escuchó audaz y amelcochado como un niño.

Chavarría correspondió al juego de los piropos dichos por Pimienta como si fuera una amigable controversia. Expresó que la atracción fue mutua, porque a él le impresionó la facilidad con que el poeta dominaba las palabras. Acuñó que Alexis Pimienta no solo era un decimista sino un teórico de la décima, un versificador que era capaz de decir cosas inteligentes, serias e ingeniosas.

Pidió al auditorio un pie forzado y le ofrecieron un octosílabo “el libro de Chavarría”. El declamador improvisó dos veces: primero poniendo el verso al final y luego, al inicio de su seguidilla. Dos minutos de un derroche de sonidos donde Pimienta exhibió la obra de Chavarría disertando en el viento los versos para convidarnos a la lectura.