Inicio
Cobertura informativa

Taller sobre el libro digital: La era de los contenidos

por: Pablo Rigal Collado

¿Resistencia al cambio? ¿Veneración por el libro en formato de papel? Para esas dudas que pueden acecharnos ante el patente desarrollo del libro electrónico, el Taller que organizara el Centro Regional para el fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLAC) nos puso en el camino de algunas respuestas.

El espacio de la feria del libro parecía el mejor momento para convocar este taller, pero Fernando Zapata, presidente de CERLAC, de acuerdo plenamente con los participantes concluyó que el nivel de actividades del evento impedía que algunos editores pudieran asistir al taller. Hubo la promesa de un futuro encuentro en un momento más sosegado
 
Jaime Hurtado, editor, y comunicador social colocó en el centro de las reflexiones, luego de disertar sobre tecnologías y mercadotecnia, que lo principal es el hombre, la actitud que este asuma ante el cambio.
 
Entre los objetivos explícitos del taller estaba sensibilizar; conseguir que asumiéramos una «apertura hacia posibilidades y realizaciones en las que cada quien, dentro de su industria u organización específica, pueda ser actor fundamental».
 
Para las editoriales cubanas que se empeñan en darle al libro en formato digital (eBook) el lugar que reclama en estos tiempos, el reto está en aprovechar las potencialidades creativas, el dominio de las herramientas técnicas no es suficiente. Hay que dar pasos seguros, pero con inmediatez. No tenemos grandes plazos.
 
Jaime Hurtado hacía referencia al vocablo colombiano «pilo» que quiere decir «persona activa, de acción» tiene el equivalente cubano de «ponerse las pilas». Lo que no hagamos ahora nos situará en una posición desventajosa ante el ritmo que marca la presencia del libro electrónico en el mundo actual.
 
Entre las producciones nacionales que se presentaron en el espacio Lecturas en la red, algunas mostraban ya un uso imaginativo de herramientas como el Flash flip y el Calibre, es el caso de Gallegas en Cuba de la Red Iberoamericana de Masculinidades. Por otra parte, las propuestas de Cubarte: Orígenes, El Cucalambé en la fiesta suprema y Cuba en el Ballet nos revelan una voluntad de conservación del patrimonio cultural cubano realizada con una minuciosa y bella gestión de los contenidos. De similar intensidad textual se presentaron Antropología, cultura y Medioambiente de la Alianza Francesa, una concepción de la escritura electrónica, en dos volúmenes, que se inspira en el trabajo de Lévi-Strauss y un grupo de destacados antropólogos cubanos. Completarían esta referencia los sitios web de los premios nacionales que presentó Cubaliteraria y las producciones de Ediciones Boloña, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y el Centro de Estudios martianos, que se movieron en el campo de la literatura, el cine y la investigación histórica. Empresas especializadas en el diseño y la programación como Desoft y Citmatel nos enseñaron que están preparadas para asumir acciones complejas y han logrado una trabajo cohesionado con los editores. Falta hacer un frente común, incrementar las propuestas y la promoción, instrumentar una política de precios que permita acceder a un mayor número de lectores y aprovechar los espacios sociales (escuelas, bibliotecas, joven club, cibercafés) para paliar el, todavía, escaso número de personas con los medios para la lectura de los libros electrónicos. Se trata de ser competitivos, de no vivir de espaldas a lo que acontece.
 
Más allá de los shows mediáticos y ventajas económicas, una estrategia de desarrollo en ese campo nos permitirá ampliar la diversidad y calidad de los contenidos. Uso social, objeto de mercado, asegura el comunicador bogotano, es un hecho que la evolución del libro electrónico no significa un enfrentamiento con el libro tradicional porque uno y otro se complementan.
 
El taller, además de su programa amplio e intenso, impartido en apenas doce horas, nos dejó la obligación de meditar sin dilaciones. Fue sin dudas provechoso en más de un sentido.
 
Al editor le espera una tarea noble, pero que le obligará a repensarse. En nuestro contexto el concepto de editor recarga su semántica en la corrección del texto, pero urge rescatar la gestión editorial, la búsqueda de propuestas de calidad y el equilibrio entre lo útil, lo necesario y lo atractivo.
 
Se impone una nueva lógica que debe renunciar a los prejuicios frente a las redes sociales, los estándares de desarrollo y los riesgos. Debemos tener claro  lo que legitima una tecnología porque si es receptora de banalidad se convierte en parafernalia. La demanda de textos, ideas y proyectos que satisfagan la explosión de diferentes artefactos de lectura (Tables, Digital eBook Reader, el kindle de Amazon), que la industria del hardware ha lanzado en los últimos años, nos coloca en el advenimiento de una era de los contenidos.