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La colosal tradición de la lírica cubana

por: Martha Isabel Andrés Román

La literatura decimonónica cubana contó con importantes voces líricas que desde diferentes corrientes y estilos dejaron su huella en la conformación de una sólida tradición poética en el país. La variada producción de los poetas de la Isla abarcó un gran abanico de posibilidades creativas, desde movimientos de marcada influencia internacional como el romanticismo y el modernismo, hasta formas autóctonas como el criollismo y el siboneyismo.

Así lo demuestra el primer tomo de la antología El bosque de los símbolos. Patria y poesía, donde el reconocido escritor Roberto Manzano realiza un minucioso recorrido por las principales obras y figuras del siglo XIX.

Presentado, este domingo, durante la última jornada de la Feria Internacional del Libro, bajo el sello de Letras Cubanas, el texto cuenta con prólogo y comentarios del antólogo, quien aporta, desde su experiencia como poeta y gran estudioso de la lírica, una mirada profunda sobre los autores y sus obras.

En la selección Manzano parte de antecedentes imprescindibles de la literatura nacional, tales como Silvestre de Balboa, Manuel de Zequeira y Manuel de Rubalcaba, para luego adentrarse en el siglo XIX a partir de una figura cimera, José María Heredia.

A lo largo de esa panorámica aparecen voces como las de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Plácido, Juan Clemente Zenea, Luisa Pérez de Zambrana y Julián del Casal, entre otros exponentes fundamentales de la poesía cubana, hasta llegar a la sobresaliente lírica de José Martí.

¿Qué aporta esta antología en comparación con otras selecciones anteriores?

Esencialmente lo que aporta es la mirada de la persona que selecciona, porque yo no sigo más que mis puntos de vista, mis perspectivas, mi sistema de opiniones sobre la poesía cubana. No sustituye en nada a ninguna otra antología, porque las antologías no se neutralizan unas a otras, sino que constituyen el gran festejo del coro poético hecho por diferentes personas.

Esta es mi contribución al coro. El lector la tiene en la mano y puede juzgar, puede determinar si me equivoqué en alguna selección, puede analizar a quién sacaría del coro o a quién agregaría, tanto en personas como en poemas. Porque es inevitable lector que esté entrenado en este género realice su propia antología.

La única autoridad que puedo tener para realizar una labor como esta, si es que cuento con alguna, es que yo escribo poesía y, por consiguiente, he leído mucho sobre ella.

Desde muy joven amé la tradición poética cubana. Yo soy un poeta que no se creyó nunca que el mundo nacía con lo que él escribía. Era consciente de que me había antecedido una obra colosal, una obra extraordinaria, y me dediqué a buscarla.

Utilicé todas las antologías que había en ese momento, y quedé enormemente agradecido de que estuviera a mi disposición todo lo había ocurrido antes en la poesía cubana. Y ahora, en mi vejez, siento que es mi deber dejarles a los jóvenes mi propuesta acerca de cuáles son los mejores poetas cubanos y sus mejores piezas.
 
¿Qué criterios guiaron la selección de los autores y obras que aparecen en esta antología?

Trato de hilar el conjunto desde el punto de vista simbólico, casi psicológico, buscando cómo los poetas laboran su mundo interior y los símbolos que utilizan para hacerlo.

No me guíe por soportes científicos, académicos o metodológicos estrictos, en el sentido de una periodicidad muy marcada en fechas o sujeto a generaciones específicas, a temáticas, o a áreas de realidad escogidas, sino a cómo los grandes poetas se fueron sucediendo y la ilación y afinidad que existe entre esos mundos interiores que ellos ofrecieron a la cultura cubana.

¿Qué seguirá a este primer tomo de la antología?

La próxima entrega será sobre el siglo XX, pero dividido en dos tomos, que abarcarán hasta los años 59 ó 60. Ya están prácticamente terminados.