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Cobertura informativa

Las heridas de una generación

por: Martha Isabel Andrés Román

La década de los sesenta de la pasada centuria ha servido de trasfondo a numerosas obras de la literatura cubana. En la mayor parte de ellas, los años fundacionales de la Revolución aparecen como una etapa de cambio y construcción, donde las generaciones de hombres nuevos que preconizaba el Che estaban guiadas por aires de esperanza y renovación, envueltos bajo el influjo de la música de los Beatles y de movimientos como el de aquel mayo francés que llamaba la imaginación al poder.

Sangra por la herida, la más reciente novela de Mirta Yáñez, también dirige la mirada hacia ese decenio, pero lo hace de manera diferente. No es que la escritora niegue el espíritu que caracterizó aquellos años, sino que evoca zonas oscuras de la etapa que muchos otros autores no han llegado a tocar.

Presentada este viernes en la UNEAC, como parte de la Feria Internacional del Libro, Sangra por la herida es una obra que, como su propio título anuncia, habla de desgarramientos, de sombras, de dolores. Narrada de forma coral, a partir de doce personajes que reviven experiencias y recuerdos, la novela aborda el destino de una generación, la buena o la mala fortuna, la construcción y destrucción de ilusiones.

Precisamente por ello la dedicatoria del libro se dirige “a los amigos que dejaron de pintar, de tocar el piano, de hacer teatro, de escribir un poema, de soñar sus sueños, por las razones que fuesen”.

Según anunció Yáñez, el hilo conductor es el suicidio de una joven de los años sesenta, y, al mismo tiempo, se trabaja la memoria de una familia de inmigrantes españoles que viven en el barrio periférico de Alamar.

“En la novela yo hablo sobre los sufrimientos que provoca la intolerancia, los prejuicios y las personas que actúan en la vida cotidiana como verdugos de otros. En esa época nosotros también fuimos muy felices; no solo se puede recordar lo trágico, pero esa historia ya ha sido narrada. Yo quiero contar lo otro, para que no quede en el olvido, y nos preguntemos cuál fue el sentido de aquellos actos y que estos no se vuelvan a repetir”, apuntó. 

Según expresó Rafael Hernández en las palabras de presentación de la novela, esta no puede considerarse exactamente como una obra epocal, porque aunque toma los años sesenta como telón de fondo, aborda temáticas que trascienden lo local y lo temporal, que sirven de referentes para explicar y reflexionar sobre el presente.

Al referirse a los efectos que puede tener esta novela en el público, Hernández expresó: “les prometo a sus futuros lectores que, les guste o no, no los dejará indiferentes; más bien y muy probablemente, los dejará diferentes. Y qué bueno, digo yo, porque si no, ¿para qué sirve la literatura?”.