Inicio
Cobertura informativa

Dos novelas diferentes, una savia común

por: Daniel Díaz Mantilla

Dar fe de una existencia a la sombra, en una ciudad casi anónima del sur americano; desnudar los conflictos comunes, los sueños, las frustraciones de una mujer en su afán por sobrevivir, una mujer que escribe una novela sobre su propia vida, sobre su propio mundo al margen: una novela espejo, una mujer y su entorno en el espejo, descubriendo su intimidad, mostrando los resortes que la impelen, los nexos que la atan, las carencias que llenan su tiempo... Eso es, en cierto sentido, Percusión y tomate, de la autora venezolana Sol Linares, que en 2010 obtuvo el Premio del Concurso Latinoamericano de Novela Alba Narrativa en su primera convocatoria.

Pero en cierto sentido, Percusión y tomate es más que el relato de las peripecias y pulsiones de una mujer. Con un estilo que se distingue por su fluidez y una mirada aguda, mordaz e irónica a ratos, que profundiza hábilmente en la psicología de sus personajes, es también una radiografía del laberinto de lo cotidiano, con sus contextos sociales marcados por la frustración, el hastío, el lento e inevitable envejecer. Es, además, una suerte de crítica a los discursos dominantes de nuestra época y a las imágenes que esos discursos construyen sobre el ser femenino y su lugar en el mundo.

Sol Linares exhibe en esta novela una manera propia de narrar y la madurez de una sensibilidad que sabe moverse, sin caer en la trampa de los estereotipos, entre la sordidez de lo marginal y el glamour publicitario, para arrojar luz sobre la vida en una ciudad del interior venezolano.

Verde Alicia, del narrador y diseñador argentino Juan Pablo Fiorenza, distinguida con el Premio Alba Narrativa 2010, es un relato que atrapa y sorprende al lector desde las primeras páginas. Interesante, no solo por el hábil manejo de la fragmentación y los cambios de puntos de vista que contribuyen a crear esa atmósfera de creciente inquietud en que se desarrolla la trama, sino también por su capacidad para delinear en breves trazos, sin excesos descriptivos, un escenario donde oscuras fuerzas imponen su orden a través del control excesivo y un terror que no llega a ser explícito. Esta novela vuelve con audacia sobre uno de los temas que obseden al hombre contemporáneo: el abuso de las tecnologías y el poder, en especial, sobre los avances en el estudio genético de la conducta y sus implicaciones legales; es decir, sobre lo que significa ser humanos y libres.

La historia que nos cuenta Verde Alicia ocurre en un país imaginario que, después de todo, puede ser cualquier país en un futuro próximo. Su autor juega con elementos de la ciencia-ficción y el policíaco, aunque elude sus convencionalismos, sus salidas fáciles y previsibles, y esto hace que el lector se mantenga atento hasta el final, incapaz de anticipar el desenlace. Algo que, sin dudas, siempre se agradece.

Son, como usted puede ver, dos novelas diferentes, como diferentes son nuestras realidades, como diferentes son también las miradas y las voces que desde el sur de este hemisferio tratan de aprehender la naturaleza y las complejidades intrínsecas de la misteriosa experiencia de existir. Deseo que en sus sucesivas entregas, el Premio Alba Narrativa continúe trayendo a manos del lector esa diversidad saludable de estilos y circunstancias, de tradiciones y proyectos vitales, entre los que fluye, como una savia común, el ser de nuestra América.