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Cobertura informativa

Con un origami, un papalote y tu sonrisa

por: Maydelis Gómez Samón

A pesar de las numerosas señales que anuncian donde se encuentra el Pabellón Infantil “Tesoro de Papel”, llegar hasta él puede resultar toda una aventura. Verne, Salgari o Twain hubiesen podido ambientar una de sus novelas en la Feria del Libro. El héroe, o la heroína, deben surcar numerosas pruebas hasta llegar el tesoro. Una de ellas es atravesar las miles hormiguitas convertidas en personas que pasean por toda la Feria, la mejor forma de lograr esta tarea es mediante la magia de las palabras permiso y gracias. También tenemos que alentar a mamá y papá, pues ellos se cansan y nos intentan engañar y persuadir con frases como “vamos luego”, “¿no quieres un helado?”, “ya está cerrado”. Entonces, luego de cruzar la pequeña cueva y pasar el puente llegamos al mundo de los niños al “Tesoro de papel”.

Pero, les contaré un secreto, que solo conocen quienes han logrado llegar. Cuando encontramos el tesoro no escuchamos “colorín colorado, este cuento…”, ni “y vivieron felices para siempre”. Aquí comienza otra aventura.

La primera sorpresa es la música. En todo momento escuchamos la melodía de esas canciones que nos cantaban en el círculo infantil. Así comenzamos a navegar en el barquito de papel con el espantapájaros, el niño robot, el gatico Vinagrito. Más adelante encontramos con dos simpáticos payasos. Ellos mediante juegos nos animan a leer. El más bajito me cuenta que muchas veces les ha ocurrido que a mediados de la función se quedan sin público. Pero no es que sean malos payasos, sino que los niños salen corriendo a buscar los libros donde están historias y curiosidades de los que ellos hablan en la función.

La magia también tiene un espacio. Un hombrecito vestido de negro hechiza con sus ágiles manos a los asombrados pequeños, quienes, no conciben descifrar cómo logra sacar el pañuelo de su oreja.

Si seguimos caminando llegaremos a una casita pintada de flores. La puerta siempre está abierta. Pero no se asusten que aquí no viven ni los tres osos, ni la bruja de Hansel y Gretel, así que podemos entrar: esta es la casa de la fantasía. Tenemos tres opciones: hacer un origami, compartir con un niño discapacitado sus obras de arte o confeccionar un papalote. ¿Cuál eliges?, yo preferí las tres.

En el cuarto del origami encontrarás osos pandas, grullas, flores, perros, cisnes. Los profesores enseñan a niños y padres durante toda la mañana y la tarde el arte de doblar el papel.

La segunda habitación es un sueño, aquí alumnos de escuelas especiales elaboran maquetas, cuadros, muñecos y también se convierten en los profesores de todo aquel que le interese aprender.

El último cuarto es el de los papalotes. Aquí nos recibe Policarpo con sus cientos de cometas. Aquí recortamos, pintamos y preparamos nuestro papalote y, luego…a volar.

Los pioneros exploradores también amenizan el ambiente en este mundo de ensueños, y los más pequeñitos les preguntan a sus padres ¿cuándo serán grandes para convertirse en exploradores?

Dicen que toda historia tiene un fin, pero en “Tesoro de papel”, nunca se dice adiós. Pero si todavía no has venido a la Feria, apúrate, pues los duendes de “Tesoro de papel” cerrarán este domingo las puertas de su casa en la Cabaña para llevar su fantasía a otros rincones de Cuba.