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Darío, perenne vigencia

por: Ernesto Cuní

"La poesía de Darío llega hasta nuestros días" afirmó el intelectual cubano Roberto Fernández Retamar, director de la Casa de las Américas, al desarrollarse en esa institución el panel-homenaje Reencuentro con Darío: poesía y memoria en el siglo XXI,  como parte de las actividades por la 20a Feria Internacional del Libro, Cuba 2011.

En el público, se encontraban escritores nicaragüenses y cubanos, entre otros amantes de la obra del literato nicaragüense, de quien puntualizaría Retamar: "¨El siglo XX había comenzado regido en Nicaragua por Rubén Darío, renovador de la poesía en lengua castellana".

El panel estuvo integrado, además, por la editora Elizabeth Díaz, especialista en la figura de Darío; como moderador fungió el poeta y ensayista Juan Nicolás Padrón.

Se rememoró también, el encuentro celebrado, del 16 al 22 de enero de 1967 ,en Varadero, que organizara La Casa con motivo del centenario de Darío, ocasión en que se le rindió tributo y homenaje vivo a quien abrió nuevos caminos a la poesía de lengua hispana, uno de los instantes en que más alto se significó la universalización de nuestra cultura. La revista Casa, número 42, recoge esos momentos a través de varios artículos. Los años 60 marcaron grandes polémicas alrededor de la figura del intelectual nicaragüense, considerado el representante por excelencia del modernismo en América, con la aparición de su magistral poemario Azul.

Elizabeth Díaz se refirió a una de las zonas  menos conocidas de Darío: la narrativa, realizando un interesante esbozo sobre esa vertiente  creativa del autor de Azul. La Editorial Arte y Literatura acaba de publicar una selección  de sus cuentos, Cuentos macabros, de la cual Elizabeth es editora y antologadora. Más adelante refirió:  "Inmenso es el poeta Rubén Darío, aunque también desconocido como muchos grandes hombres, por su complejidad y la difusión crítica superflua de su obra al gran público, y programas docentes encapsulados, que insisten en encasillarlo en los temas y recursos más paradigmáticos del modernismo y que dan una porción muy parcial de su obra".

Según Elizabeth, esto ocurre con su poesía, con su quehacer periodístico, con su ensayística y por último, con su narrativa. «Su obra cuentística descubierta hasta el momento,  abarca 97 relatos. Empezó a escribir cuentos a los 14 años, con el seudónimo Jaime Gil en el cuento "Primera impresión” pero publicó solo un libro de este género en su vida, y aun así, mezclado con poesía. Azul es considerado por muy grandes críticos más por sus cuentos que por sus poemas».

Destacó las innumerables erratas que tuvieron sus obras: "En nuestra edición nos dimos a la tarea de suprimir esas grandes erratas…cotejamos con todas las fuentes a nuestro alcance".  

La editora afirmó que encuentra en la narrativa de Darío tres vertientes fundamentales: la de la fantasía; la del realismo, "que trata descarnadamente, a veces hasta llegar a la crueldad, aspectos de la sociedad, la pobreza, la guerra, la muerte, el amor, los defectos de los seres humanos; y la del horror y el misterio, vertiente de la cual acaba de aparecer Cuentos macabros, Colección Alba Bicentenario".

"Los cuentos de Darío han sido difíciles de encasillar: prosa poética o poesía en prosa", aclara Elizabeth Díaz.

"Rubén Darío espera por una edición crítica; la vastedad de sus obras, −de todo tipo−, poética, cuentística periodística, de crítica literaria y la diversidad en que fue publicada en diferentes países, seguramente la ha dificultado".

Por su parte, Retamar recordó que en los años 60 la aceptación de Darío no era completa:

 

Había importantes críticos que censuraban a Darío… pensaban que no se avenía a lo que necesitaba América, la poesía de Rubén Darío. La Revolución cubana podía manifestarse a favor o en contra de Darío. Con ayuda de Haydée Santamaría, que era el alma de la Casa de las Américas, nosotros, lo que hicimos fue rendirle homenaje a Rubén Darío, es decir, reconocer su magisterio…Darío era un poeta que seguía siendo importante para nosotros.

 

Retamar destacó la relación de Darío con Martí: “Después de la muerte de ambos se trató de oponer a Martí y a Darío, si Martí era el polo positivo y Darío el polo negativo; esto fue un gran error, un grave error”. Y agregó: “Martí y Darío se apreciaron  mucho mutuamente”.

Para concluir, Retamar  apuntó que “Darío era el gran heraldo de la poesía de Martí y además de la naturaleza humana…admiraba mucho en Martí la contextura moral, le impresionaba no solo como escritor, no solo como poeta, sino, como humano¨.

Para finalizar el encuentro, Retamar dio lectura a varios poemas de su autoría, dedicados a Rubén Darío.