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Lo que implica la labor de historiar

por: Yunier Riquenes García

Buscando en archivos aquí y más allá, Olga Portuondo Zúñiga crea libros sobre la ciudad y los hombres que han dejado en ella huellas indelebles; rescata palmo a palmo la historia de Santiago de Cuba. Es una profesora incansable, Doctora en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC y de la UNHIC.

Olguita, como muchos le llaman, tiene una reconocida trayectoria como docente e investigadora, y ha publicado textos como José Antonio Saco: eternamente polémico, Una derrota británica en Cuba, o Un Liberal cubano en la corte de Isabel II, entre otros. Ha sido merecedora del Premio Nacional de Historia 2005, Premio Nacional de Investigación 2006, y en reiteradas ocasiones la han distinguido con el Premio de la Crítica. En el año 2010 recibió el Premio Nacional de Ciencias Sociales y fue aceptada como miembro de número de la Academia de Historia. 
    
¿De dónde viene la vocación de historiar?

Cuando llegué a Santiago de Cuba residí en una casa de huéspedes de arquitectura colonial. Me fascinaba el patio de aquella vivienda y nunca podía conciliar el sueño porque escuchaba voces. Tal vez me reclamaban que debía hacerles su historia.
     
Desde el bachillerato me atraían las carreras humanísticas. Me gustaba Filosofía y Letras. También leía muchos libros pero generalmente clásicos de la literatura.  Todas mis compañeras de años matricularon carreras de ciencias, pero yo derivé hacia la Historia cuando la Reforma Universitaria de 1962 creó Letras e Historia en la Universidad de Oriente.

Tu mayor peso en las investigaciones está dirigido a la región caribeña, el oriente cubano y Santiago de Cuba. ¿Por qué?

Empezaré por el final de tu pregunta. Desde mis primeras investigaciones en Historia de Cuba descubrí lo pobres que eran los conocimientos en la historia de Santiago de Cuba; contenidos cruciales quedaban soslayados y por lo general ocurría así con toda la historia de la región oriental. No creo en temas insignificantes, todo depende de como uno lo aborde. Y mira que es importante conocer las esencias económicas y políticas del oriente de Cuba para la cultura en general del país. Así que me dispuse a intentar llenar un poco esos grandes “hoyos negros” de la Historia de Cuba y claro, que el Caribe no podía estar ausente en mis investigaciones por la intimidad estrecha con el extremo oriental de esta Gran Antilla.

¿Y por qué el siglo XIX?

Por las mismas razones me he dedicado desde los años setenta del pasado siglo a los primeros tiempos de la Historia santiaguera y de la región oriental. Mi mayor atención ha estado en el siglo XVIII y también, en el largo período que corre entre 1800 y 1868. He vislumbrado un mundo prácticamente ignorado por la historiografía cubana y he visto la importancia de su mejor conocimiento para interpretar las raíces y el florecimiento del criollo y su cultura. Mi empeño en el siglo XIX ha estado enlazado, además, con desentrañar las relaciones cotidianas entre estamentos, y con la formación de una conciencia política cubana entre los libres de color.

¿Qué modelo de historiador has seguido en tu recorrido de vida y qué métodos históricos asumes o abandonas?

Uno asume los modelos en atención a la cultura teórica que va adquiriendo, y esto es cosa de mucho tiempo. El historiador mientras más añejo mejor porque este requiere un vasto panorama  historiográfico y científico para aproximarse al análisis más idóneo. Hubo una época que me inclinaba por los estudios estadísticos y poco a poco derivé hacia el estudio político. Ahora intento vincular varias disciplinas de las Ciencias Sociales para mejorar mi interpretación integral de la cultura. No creo haber perdido el tiempo con el estudio del marxismo, al contrario, me acercó a otras formas de teorías históricas imprescindibles para el juicio más cabal.

Howard Zinn concebía la historia como un acto de toma de posición. ¿Cómo lo concibe Olga Portuondo?

Indudablemente, aunque mi trabajo es sobre la época colonial, el historiador siempre adopta una posición ante la sociedad que interpreta y, claro está,  no puede desasirse  de los compromisos que su época le impone; por eso las nuevas generaciones de historiadores siempre tendrán ante sí la inmensa tarea de interpretar el pasado en función de su presente y su concepción de futuro.

José Antonio Saco, eternamente polémico, es un libro que trabaja la figura de este hombre en el siglo XXI con nuevas revelaciones. ¿Será un buen método para los historiadores negar parte del pasado?

José Antonio Saco es una de esas personalidades controvertidas de nuestro pasado colonial. Una buena parte de los historiadores han destacado en él su antianexionismo, pero yo quise intentar desentrañar desde su progenie las raíces de su pensamiento, y subrayar sus posiciones asimilistas y raciales. No son revelaciones,  simplemente se trata de un estudio integral de su naturaleza. Aquí como en cualquier otra valoración de personalidad y época, el historiador no es honesto consigo mismo si pretende ocultar verdades,  pues el pasado es lección para el presente, y negar una parte de él puede dañar la interpretación correcta de nuestra contemporaneidad.

Primero, la noticia de que formarías parte de la Academia de Historia y luego el Premio Nacional de Ciencias Sociales. ¿Cómo  lo has recibido? 

Eusebio Leal y Eduardo Torres Cuevas en dos momentos me comunicaron que sería del grupo fundador de la Academia de la Historia como académico de número; claro que me dio mucha alegría el papel que ahora desempeño y también el rescate de una institución de gran importancia en todo lo que implica la labor de historiar. En cuanto al Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas lo he recibido como un reconocimiento al estudio por años sobre la región oriental y las épocas primeras de nuestra colonización. De manera que, vale subrayar la importancia de continuar descubriendo una sociedad antecedente e insoslayable para la nuestra. Estoy contenta.