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Cobertura informativa

Omar Pérez: «Sin la experiencia de la percusión, este libro no habría sido posible».

por: Lilien Trujillo Vitón

Más allá del acierto estético que enamora desde el ritmo y la transgresión, Crítica de la razón puta es un poemario que suscita el raciocinio desde la reflexión misma. La sola lectura de esta obra galardonada con el premio Nicolás Guillén de Poesía 2010, excita las neuronas y promueve la meditación sobre algo que trasciende el propio verso: la realidad.

«Cerebro, músculo adocenado/cabizbajo ante la circunstancia como burro/
   ante la zanahoria/ qué derecho tienes a portar razón y ser llamado/ lúcido

El lector queda atrapado, gustosamente, en una versión literaria de su universo. Entra y sale, una y otra vez, solo para comprobar que «las calabazas son del color del mango» y que «los libros son candiles apagados en tinta». La pasión del verso suspicaz despierta , entonces, el monstruo de su razón «Sólo que la razón a sí misma se compensa/ con las más groseras distracciones en su largo bregar/ contra la locura de estar vivos aún entre las estrellas».

Desde esa pasión del lector seducido, y no desde la practicidad de un entrevistador,  nacieron estas interrogantes al autor de Crítica de la razón puta.

¿Cuáles son las musas de Omar Pérez?

Mi mujer, la realidad, mi madre, mi hermana, la propia lengua es a veces musa.

Crítica de la razón puta exhala un aire de poesía desprejuiciada y moralizante que busca inquietar al lector y reacomodar su materia gris. ¿Es ese su propósito con este libro o es el medio para otra finalidad más ambiciosa?

La finalidad que apuntas parece ya bastante ambiciosa.

En algún lugar leí que “cada obra de Omar Pérez resume el riesgo de un experimento imprevisto”. Pero, ¿es intencional la arquitectura novedosa de sus poemas o es esa la forma en que fluyen espontáneamente?

Hay de todo un poco. Mucho de espontáneo e improvisado, algo de premeditación y algo de meditación. Hay que entender, sin embargo, que en este caso meditación no es sinónimo de reflexión o pensamiento intelectual, es más bien pensar a la par de la respiración. Pensar con todo el cuerpo.

Toda obra posee, per sé, una melodía interna, su respiración, diría yo. En Crítica… el ritmo se percibe desde la epidermis. El lector es arrastrado por la cadencia de los versos con tal naturalidad que solo el final le detiene, aunque le deja hambriento. ¿Hacia dónde va y, por qué tan ágilmente, este libro?

Ya te decía que sin la percusión la Crítica no habría sido posible. A veces hasta escribir a máquina es percusión. Sin ritmo, cero poesía. No me refiero sólo al ritmo visible, estructurado o estructural. Hay un ritmo interior que conecta a la esencia de la existencia. Hacia ahí vamos, sin premura, tampoco hay tiempo que perder.

¿Omar Pérez escribe desde el refugio y la calma de una habitación aislada o desde la apreciación silenciosa o partícipe de un bohemio?

Puedo escribir en cualquier lugar; por otra parte, escribir es una participación silenciosa. Luego, se lee o se dice, según el entorno.

¿Cuál es el sabor que ha dejado Crítica… en su memoria sensorial de escritor? Sus respuestas no solo son esperadas con ansias por el boletín sino también por esta apasionada lectora que disfrutó, cual manjar, la lectura de su Crítica

Un buen sabor. De ese libro ha salido la posibilidad de hacer un disco, de tocar en vivo para otras personas. Ahora bien, a partir de este momento el sabor depende también de ustedes.