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Simón era su nombre

por: Félix Bolaños

Cuenta la reconocida escritora ecuatoriana, Edna Iturralde, que cuando le pidieron un libro sobre Simón Bolívar, consideró que era una tarea de mucha responsabilidad, pero también afirma: «miré al cielo, busqué entre sus constelaciones y entonces el azar comenzó a marcar mis pasos de casualidades misteriosas y cosas mágicas».

De esas experiencias nació Simón era su nombre, una increíble biografía novelada para «personas sin edad», que fue hoy acogida por la sala José Antonio Portuondo y presentada a dos voces entre Enrique Pérez Díaz, director de la Editorial Gente Nueva —responsable de su publicación como parte de la Colección ALBA Bicentenario— y el ensayista y editor Modesto Milanés.

Según Edna, la obra propone un diálogo con la imagen menos conocida de El Libertador, desde las miradas de su nana negra, su fiel criado, la mujer que más lo amó y los orishas que vaticinaron su nacimiento y posterior «paso arrollador por este nuevo mundo que soñó y luchó por cambiar».

«Este es uno de esos libros que Gente Nueva nunca se arrepentirá de publicar, por la manera como es contado, por los valores humanos que promueve y por el modo en que presenta a Bolívar», dijo Pérez Díaz en sus palabras de presentación. «Edna Iturralde», apuntó, «tiene una treintena de libros publicados sobre diferentes temas, entre los que sobresalen aquellos que se aproximan a lo histórico y lo multicultural». Ha sido merecedora además de varios importantes premios, como el Gran Collar a la Literatura, que le otorgara el municipio de Quito en el año 2008; el premio internacional Skipping Stones Award, de Estados Unidos, por dos ocasiones, 2002 y 2005, y el Premio Nacional a las Artes Quitsa-to 2004, entre otros.
 
Milanés abundó en los valores de Simón era su nombre y confesó que el texto le sedujo por dos razones: la riqueza y la claridad de su prosa, pues «es un libro escrito bellamente», y porque, más allá de la cualidad estilística y de la profunda empatía que se nota entre la escritora y su protagonista. «Ofrece un Simón Bolívar humano, con sus características personales, que nació, que tuvo una niñez desdichada, unos padres que murieron temprano, una familia que amó —pero con la que muchas veces no se entendió—, y una mujer que marcó su vida significativamente». La novela le recuerda al lector constantemente que detrás de ese héroe romántico —que muchos idealizan—, el pensador y El Libertador de América Latina, se encuentra un hombre excepcionalmente generoso, pero que en determinados momentos podía ser cruel, como demandaba la dureza y la violencia propia de la guerra. La escritora no lima esas asperezas; afortunadamente completa la imagen que tenemos de Bolívar y su relación con las personas más cercanas.