Inicio
Cobertura informativa

Las voces de Daysi Cué

por: Yunier Riquenes García

En el 2007 la Editorial Oriente publicó el libro Plácido, el poeta conspirador (Premio de biografía Ramiro Guerra 2008 que otorga la Unión de Historiadores de Cuba) de la Doctora en Ciencias Filológicas Daisy América Cué Fernández. Con este texto le rinde homenaje al poeta Gabriel de la Concepción Valdés en su bicentenario. Daisy fue una de las figuras que más promovió la obra del escritor cubano del siglo XIX, incluso, forma parte del documental de Regino Oliver La prisión insomne. Daisy había publicado con anterioridad Ciudad de la memoria, Ediciones Santiago, 2003; Y todos son sagrados, Editorial Sanlope, 2004; así como una antología de cartas escritas por el Apóstol, donde aparecen destacados sus sentimientos personales bajo el nombre de Visión íntima de José Martí, Editorial Oriente, 1995. En esta XX Feria Internacional del Libro de La Habana presentó su libro de ensayo Las voces del tiempo, publicado por la Editorial Oriente.

El recuerdo de Chaparra…

DC: Chaparra es, para mí, un lugar especial. Allí transcurrió mi niñez y adolescencia. Mi padre era dueño de un colegio privado donde cursé desde la primaria hasta el bachillerato. Nunca he olvidado esos orígenes, aunque me sucede una cosa muy curiosa. No la concibo sin el central. Yo tengo mucha memoria afectiva, siempre que hablo de Chaparra la relaciono con  el olor del melao de la caña  y el bagacillo cuando estaba la zafra en producción. No me imagino a Chaparra sin ese olor a azúcar y sin el bagacillo, que es bastante pesado, cae como una nieve negra. Dicen que el central va a quedar como un museo, un monumento patrimonial. Pero nunca será igual. Hace muchos años que no voy allá, aunque no he perdido el contacto con los chaparreros a través del museo municipal que lleva el nombre de mi padre. Cuando el ciclón (o los ciclones, porque en realidad fueron tres, aunque esa zona sólo fue afectada por uno de ellos) hubo grandes desastres y, según me han dicho coterráneos que estuvieron después, muy poco queda del pueblo que yo conocí y amé. No me gustaría volver y encontrarlo diferente. Prefiero guardar la imagen que tengo de él, quizás idealizada, tal vez esquemática, pero a fin de cuentas es la mía.

¿Cómo se establece en Santiago de Cuba?

DC: Cuando terminé en 1959 el bachillerato vine para Santiago de Cuba a estudiar sociología. En ese momento yo vivía alquilada, había entonces casa de huéspedes, familias que se dedicaban a acoger estudiantes. No existían las becas todavía tal y como hoy se conciben. Hasta el 60 ó 61 funcionó un sistema de becas muy interesante de estudio-trabajo, (no contemplaba albergue) que representaba una ayuda económica, pero al mismo tiempo creaba una disciplina, una responsabilidad en el estudiante. Siempre he pensado que era un sistema mucho más ventajoso que el actual, porque las cosas no caían del cielo, había que trabajar para ganárselas.  Desde 1959, mi papá, quien había sido el jefe  del movimiento 26 de Julio en Chaparra, fue nombrado director de la división de Enseñanza del Ejército Oriental y por aquel entonces esta era una sola provincia, cuya capital radicaba en Santiago. Él y mi mamá vinieron para acá; él a trabajar, primero como inspector de enseñanza y después como director de la División, de ahí que decidió en aquel momento alquilar una vivienda, y se alquiló la casa de Carretera de El Caney. Más tarde  nos mudamos para una en mejor estado, al lado de la anterior y desde entonces esa ha sido mi casa. Pienso que si los espíritus existen, algo en lo que me gustaría poder creer, mis padres y mi hermano continúan habitándola y aunque algún día me mude de ella desearía,  después de muerta  poder volver a este lugar, donde han transcurrido las cosas más importantes de mi vida.

Me había comentado que había publicado ensayo, nvestigación crítica,  y no poesía…

DC: Llegué a publicar un plegable por la Dirección Provincial de Cultura que nunca he puesto en mi currículo. Es un pecado de juventud, cuya calidad deja mucho que desear. También publiqué, a insistencias de León Estrada, dos epigramas en la compilación realizada por él sobre este género. Tampoco creo que me van a llevar a la inmortalidad, aunque agradezco a León su deferencia. En realidad tengo un defecto que al mismo tiempo es una virtud, o viceversa, soy muy crítica, sobre todo conmigo misma, y me di cuenta a tiempo que no iba a ser nunca una gran poeta, puede ser cuestión de época o lo que sea, pero mi sensibilidad se aleja mucho de los cánones actuales y, en materia de poesía, creo mucho en la inspiración, lo que al parecer es el octavo pecado capital en materia de literatura. He escrito mucha poesía; tengo, incluso, guardado un cuaderno completo. Pienso hacerle una revisión bien crítica, ya lleva escrito más de diez años. Lo he confrontado con otras personas y estas han resultado más benévolas que yo con algunas de las piezas. Quizás, si realmente vale la pena, lo publique en algún momento, pero en realidad me da un poco de vergüenza hacerlo. Son poemas íntimos y no me gusta salir desnuda a la calle.
En el ensayo siempre me sentí más segura, quizás porque tuve buenos resultados en los trabajos que hacía y me he dedicado sobre todo a eso: al ensayo, a la crítica y a la investigación.
La primera versión de Plácido… me la viraron para atrás, porque me dijeron que usaba un lenguaje muy lírico, debía de ser un lenguaje científico, ahí no se ponían exergos, metáforas, en fin, cuando aquello acabó le cogí un odio al texto tan grande que estuve 15 años para decidirme a publicarlo. No creo que se haya despojado del aliento académico, para eso tendría que haber escrito otro libro. Nunca me ha gustado el lenguaje puramente científico, aunque reconozco que  muchas veces resulta necesario si se pretende hacer un trabajo serio, pero también opino que debe matizarse y no renunciar a la utilización de recursos más cercanos a la literatura por su propia naturaleza.

¿Cree que las investigaciones tienen que tener estrictamente un lenguaje académico?

No. Nunca he sido partidaria de eso. En una investigación de física o medicina no se puede hablar con metáforas, si hablas con metáforas de la enfermedad de alguien, lo matas., ni un abogado puede hablar con un sentido tropológico, imagínate tú qué va a ser el juicio con una especulación. Pese a eso Stendhal utilizó el lenguaje jurídico como paradigma y escribió excelentes novelas. Pienso que las investigaciones de ciencias sociales no pueden echar a un lado la belleza del lenguaje. Una investigación  literaria  que se valga en su totalidad de un metalenguaje, lo que hace es demostrar el gran conocimiento que se tiene sobre la teoría literaria y sobre muchas otras cosas pero no es literatura.
El ensayo en su etapa primitiva y no estoy pensando que se vuelva a la arqueología ni mucho menos, pero como lo concibió Montaigne eran ideas bellas bien expresadas. No había que probar nada, eran tus ideas alrededor  de un tema que se parecía un poco más a la crónica. Pero eso se fue perdiendo con el tiempo.
Si analizas una revista tan importante y rigurosa como Temas, el premio de ensayo de Temas es una investigación, y es el lenguaje de una investigación el que predomina. No creo tampoco que esto sea malo, siempre y cuando se establezcan límites en el contrato con el lector. Temas. Arte cubano, la colección del Centro Criterios son publicaciones especializadas para un público conocedor, tanto del tema como de la terminología utilizada. Pero también sucede que con frecuencia aparecen publicados en muchas revistas trabajos que no los entiende ni quien los escribió ¿Pueden considerarse literatura o incluso investigaciones literarias? Ese no es, al menos, el concepto que yo tengo de ambas. Una cosa es tener dominio de la lengua y otra crear un abismo entre emisor y receptor.

¿Cuáles diferencias establece entre la investigación y el ensayo?

DC: Se han ido perdiendo los límites totalmente. Hay algunos autores que han escrito trabajos que se mantienen dentro de lo que fue el concepto inicial de ensayo, como hace Guillermo Rodríguez Rivera, en Nosotros los cubanos; es un fluir de ideas, criterios bellamente expresados, en los que él no utiliza una cita, no utiliza una bibliografía explícita. Yo preferiría llamarle prosa reflexiva, porque realmente en el campo del ensayo como en el de la investigación se está reflexionando acerca de un tema, cada uno con su propio lenguaje. Y creo que si está bien escrito, bien sustentado,  y el lenguaje que se emplea es el adecuado, tiene total validez. Lo que pasa es que el mundo académico  es muy cerrado en muchos aspectos.
En la actualidad, las investigaciones académicas deben estar precedidas por un diseño de investigación que a veces se vuelve un dolor de cabeza. Conozco excelentes escritores que no han logrado dominar estos requisitos y a la hora de discutir su trabajo investigativo se las han visto negras, porque el tribunal le ha dado más importancia al diseño que a las excelencias del texto sometido a debate. Lo más curioso es que a la hora de publicar sus resultados han tenido que eliminar el socorrido diseño, porque así no va a encontrar lectores en ninguna parte. Yo me pregunto si es tan indispensable plasmar en el papel lo que después tiene por fuerza que ser eliminado o si no resulta más importante la novedad o el aporte del investigador, e incluso, sus posibilidades de socialización mediante el sistema editorial del país.

Las voces del tiempo...

DC: Las voces del tiempo bajo el sello de la editorial Oriente es un libro que recoge ensayos sobre figuras importantes y a veces un poco olvidadas en nuestra literatura cubana: José Manuel Poveda, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Alejo Carpentier, Guillermo Vidal, entre otros. Son lecturas personales sobre estos autores y obras.

¿Qué espera de la crítica literaria y el ensayo en el futuro?

DC: Absolutamente nada. Los géneros literarios —al menos los de este tipo— sufren cambios o no en la medida que lo haga el contexto en que están inmersos y esto no siempre resulta predecible. Es evidente la  voluntad  por  mejorar la crítica a través de las publicaciones provinciales y nacionales, pero tenemos muy poca cultura de diálogo y, muchas veces, cuando alguien señala un lunar en la obra de un escritor,  este lo asume como un problema personal. La polémica, que podía ser un instrumento válido para establecer diferencias en los puntos de vista y mostrar las distintas aristas  en el análisis de una obra, ha pasado a ser un compendio de insultos y atrincheramientos de ideas (que no es lo mismo que trincheras de ideas).  Este tipo de enfrentamiento, tenga la envoltura que tenga, es más propio de la chismografía y la prensa sensacionalista que de intelectuales serios que, por desgracia, a veces caen en la trampa de individuos mal intencionados. Así no se puede pensar en la existencia de esa crítica sistemática de la cual estamos tan necesitados.
No obstante, pienso que un concurso como el Ricardo Repilado de la UNEAC santiaguera en el que precisamente se estimula la crítica literaria, puede contribuir al desarrollo del género, sobre todo entre los jóvenes, y esto puede resultar beneficioso.
En cuanto al ensayo te dije en una pregunta anterior mi opinión acerca de sus características y tendencias en la actualidad, pero también existen otras dificultades. Tenemos grandes ensayistas, aunque estos tienen menos posibilidades de promoción y venta que un poeta o un narrador y eso no es culpa de nadie. El género en sí y la prosa reflexiva en general, presentan menos atractivos que la ficción para la mayor parte del público y si el autor utiliza un lenguaje excesivamente especializado por muy justificado que esté, es posible que ni su familia lo lea.
No creo que se trate sólo de un problema conceptual. Sea ensayo puro o un híbrido con la investigación, siempre que tenga belleza por sí mismo y su escritura ponga de manifiesto el dominio del tema y de la lengua en que se ha escrito, para mí resulta válido.
Por mi parte, seguiré escribiendo mientras pueda sin preocuparme mucho por los deslindes genéricos y sí por lo que quiero expresar. El futuro dirá lo que tenga que decir o a lo mejor, como dice César López, no dice nada, lo cual es también un juicio crítico que debe llevarnos a la meditación.