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Cobertura informativa

El filósofo que quería ser vaquero nos alerta sobre lo que debemos hacer

por: Yasmín S. Portales Machado

En medio de la baraúnda que es toda feria del libro, mucho se habla de las coediciones entre Ruth Casa Editorial y Ciencias Sociales, colaboración fructífera que ha puesto en las librerías cubanas títulos como El ejercicio de pensar y Las ideas y la batalla del Che, de Fernando Martínez Heredia; tres monográficos sobre los retos contemporáneos de la izquierda: África, oportunidades y desafíos de refundación; Movimientos sociales. Sujetos, articulaciones y resistencia y Emancipaciones feministas, luchas sociales y políticas de mujeres en el siglo XXI, o La ley, mi espada, mi escudo, selección de documentos de Benito Juárez .

En la tarde de este miércoles 16 de febrero, la reunión fue para presentar el compendio La guerra de la paz, selección de textos firmados por Aurelio Alonso Tejada durante la primera década del siglo XXI en diversas circunstancias. Aunque la sala José Antonio Portuondo no estaba llena, la variedad de edades y profesiones de quienes asistieron demuestra que Aurelio es un intelectual de impacto en disímiles grupos sociales cubanos.

De acuerdo con el equipo de promoción de Nuevo Milenio –grupo editorial al cual pertenece el sello Ciencias Sociales–, esta selección –artículos, ponencias o ensayos presentados por el autor en diversos medios– aborda temas como el concepto de sociedad civil, democracia, pobreza y lucha en América Latina, el terrorismo, el neoliberalismo o el futuro de Cuba. Se añade a esto el placer de una prosa clara y argumentada, que muchos escritores de ficción envidian si hemos de creer a Carlos Tablada –director de Ruth Casa Editorial.

En sus palabras de presentación, Santiago Alba hizo una distinción inicial entre los libros que aspiran a la eternidad y los que anhelan dar testimonio del pasado. Los primeros son textos de filosofía, narrativa o poesía –que buscan reflejar la esencia de la humanidad por encima de circunstancias específicas–; entre los segundos se hallan los ensayos políticos, que se escriben para denunciar y modificar la realidad. Sin embargo, los textos de Aurelio Alonso aquí reunidos siguen siendo actuales, dolorosamente actuales, porque evidencian una realidad harto problemática que no ha cambiado. En su alocución, Alba hizo dos comentarios básicos sobre La guerra de la paz: primero, que temáticamente el texto aborda tres líneas argumentales: la sociología en Cuba –análisis de pobreza, desamparo y sociedad civil–; las nuevas guerras –los cambios con la guerra contra el terrorismo y las distintas excusas para perpetuarla en los escenarios de Irak, Líbano y Palestina– y, los problemas de la sociedad cubana –desigualdad, falta de democracia participativa, institucionalidad lastrada por la burocracia y similares. Segundo, que en lo que se refiere a la oportunidad, este momento de inminentes cambios políticos y económicos en Cuba –se mencionaron los Lineamientos… que discute cada persona interesada en el futuro de la nación por estos días–, debe ser leído dos o tres veces, porque señala y desmonta muchos de los problemas a resolver para seguir adelante.

La segunda intervención de la tarde correspondió a Carlos Tablada, quien se concentró en explicar por qué Ruth Casa Editorial y Ciencias Sociales se empeñan en recopilar y poner en circulación los textos de Aurelio Alonso. En su discurso se mezclaron las referencias a la larga relación personal entre Carlos y Aurelio –en la década del sesenta del pasado siglo ambos pertenecían al Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana– y consideraciones sobre la importancia de la obra de este sociólogo y filósofo. Tablada contó, por ejemplo, que la vida del departamento solo los unió formalmente: Aurelio tenía 27 años, era también director de la Biblioteca Nacional y ya se citaban  sus textos; en cambio Carlos tenía 19 y apenas había pergeñado sus primeras notas sobre economía. Ambos compartían un sueño: ser vaqueros, y pidieron al mismo tiempo un año sabático para irse a montear ganado en el cordón lechero de La Habana. Allí fundaron una amistad que sobrevive hasta hoy.

Por lo mismo, Tablada ha visto a Aurelio vivir a su aire, dejar originales de ensayos o intervenciones, perderse entre el humo de su eterno tabaco y la charla amigable, respetuosa, que establece con gente de toda condición. Pero sabe también que sus reflexiones son importantes, y por eso –con la ayuda del equipo de Ciencias Sociales– propuso, presionó, negoció, hasta obtener sucesivas recopilaciones que salvaron esta visión meditada y valiente de Cuba y sus circunstancias.

Nada más dijo de su amigo, pero en lo que salíamos a las calles ya frías de la centenaria Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, pensé que con este libro Aurelio debe estar triste, si lo que denunciaba hace diez años aún debe ser cambiado; pero a la vez  feliz, porque sabe que mucha gente joven, no por irreverente menos preocupada por el futuro, busca en él guías sobre lo que debemos o no hacer.