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Cobertura informativa

Gabriela Cuba o la imposibilidad de no escribir

por: I.Rodríguez

Cuando uno ve a Gabriela Cuba “dando carreras” para que se puedan regalar los ejemplares del libro que ha traído a la Feria, asumir con absoluto desenfado su auto presentación y situarse en las antípodas de cualquier pose de Escritora y Famosa para compartir de tú a tú con los asistentes, entonces uno comprende que está en presencia de una mujer visceralmente involucrada con la literatura, o de una mujer que es literatura.

Algo así pudiera desprenderse de la presentación de En otra piel (Yaku Editores, 2010), volumen de 21 relatos de esta poeta, escultora y narradora peruana, quien se confiesa impresionada por el potencial de público lector y el desarrollo de la literatura que ha podido observar durante estos días en La Habana.

«En mi país los escritores están desconectados entre sí, no existen espacios para el intercambio y esa situación se extiende a muchas partes de Latinoamérica. Además las posibilidades de acceso a los medios de comunicación es prácticamente nula y en ocasiones depende de las relaciones personales e incluso del azar», comentó.     

Inmersa en la promoción de escritores y pintores de la región del Cuzco y peruanos en general, Gabriela Cuba afirma sentirse comprometida con la sociedad en que vive, sobre todo con la región del sur del Perú, marcada por grandes diferencias estructurales.

Llegada a la Feria de La Habana por gestión únicamente personal («pues no confío en las instituciones públicas de mi país»), la también autora de Huellas sin tiempo y varios títulos de poesía, es dueña de una prosa particularmente interesada en la intensidad de la experiencia vital. Sin grandes gestos estilísticos, su escritura revela una singular habilidad para construir atmósferas y, a través de sus personajes e historias, ser capaz de entrar en otras y todas las pieles. 

En resumen, una presentación que devino happening e intersección entre literatura y realidad. Calidez cuzqueña que ojalá perdure en la Isla y que en cualquier caso va para largo, porque como nos advierte ya desde el prólogo de En otra piel, Gabriela Cuba simplemente no puede dejar de escribir.