Inicio
Cobertura informativa

Orgullo inmenso de ser cubanos…

por: María de los Ángeles Polo

Me encontraba en el salón de la presidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde se daba la bienvenida a un grupo de poetas, que desde diversas partes del mundo han viajado a la Habana  para alzar sus voces contra la guerra nuclear; a mi lado, una actriz y poeta colombiana, me mostraba  emocionada las imágenes que había tomado a numerosos niños asistentes a la Feria en la Fortaleza de San Carlos de la Cabana.

Eran niños lectores y niños artistas que en El Pabellón Tesoro de Papel, con sus manitas cargadas de libros, atesoraban junto a su pecho títulos imprescindibles como Platero y Yo,  El Principito, Corazón, además de otros muy familiares para nosotros, pero desconocidos para esta nueva amiga.

Y qué placer experimenté al decirle que esas imágenes son tan habituales año tras año, que ya pasan prácticamente inadvertidas entre los cubanos, en cualquier rincón del país, y le expliqué que, por ejemplo, el título Había una vez,  antología de cuentos, poemas y canciones de altos valores éticos, filosóficos, humanos y literarios se ha estado editando de manera ininterrumpida para la Feria, desde hace 14 años y  siempre se agota.

Tuve el privilegio, pocos minutos después de acompañarla a la librería de la Casa del ALBA Cultural, y de ver juntas, algunos de los títulos publicados para esta ocasión. Allí encontramos textos antológicos como aquellos de Nersy Felipe, que tanto disfruté en mis inicios de lectora, pero estaban también Corazón, del italiano Edmundo de Amicis; Platero y Yo de Juan Ramón Jiménez, y los  Carruseles, entre muchos otros que ensanchan el corazón del público al que van dirigidos.

Quería mostrarle Había una vez, de Herminio Almendros, en una edición de lujo salida de imprenta este año  para la Feria, pero ya se había agotado, en cambio pudo ver de la colección titulada Alba  Bicentenario, titulos destinados a niños y jóvenes, como La montaña mágica que truena y otras leyendas de América, de un colectivo de autores; El Legado mágico, de Rigoberta Menchú y Dante Liano  y Simón era su nombre,  de la escritora ecuatoriana  Edna Iturralde.

Un número grande de titulos pensados y dirigidos a nuestros pequenos príncipes, esas personitas a las que desde la más tierna edad, se les cultiva espíritu y alma con las buenas lecturas.