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Cobertura informativa

Malvinas persiste en el recuerdo

por: Nancy Maestigue Prieto

“Siempre sentí la necesidad de volver a las islas. Quizás porque creí que si no pisaba Malvinas nuevamente, nunca llegaría al final de ese camino que empezó un 2 de abril de 1982”.

Este sentimiento de Edgardo Esteban fue el leitmotiv que lo impulsó a escribir Malvinas, diario de un regreso (iluminados por el fuego), publicado por la Editorial Arte y Literatura en su Colección Orbis que el escritor, periodista y crítico de arte, Pedro de la Hoz, presentó en la sala Alejo Carpentier.

Aunque el volumen fue presentado al mismo tiempo que A veces el viento, de Ana María Radaelli y Memorias de trashumante, de Stella Calloni es imprescindible dedicarle a cada uno su propio artículo, por la calidad y trascendencia que, para el lector cubano, puedan tener.

Con Malvinas…, Edgardo Esteban pretende saldar una deuda que tiene con su pasado, sus muertos y consigo mismo.

Vinculando el libro con la película exhibida en un Festival del Cine Latinoamericano, Iluminados por el fuego, de la Hoz consideró que Iluminados… y Malvinas… eran "un único e inseparable volumen, se articulan y complementan".

Confrontar los recuerdos, ante el dolor de una guerra a la que enviaron jóvenes entre 17 y 19 años, sin experiencia militar, convierte a la novela-testimonio en un desgarrador relato de muerte y necesidad de supervivencia, "ante páginas donde la primera persona es la portadora de una experiencia intransferible".

Plasmar la historia y la hipocresía, hablar de los fantasmas internos se convierte en la fuerza narrativa de un testigo directo —era soldado— con el objetivo de cerrar ese ciclo inconcluso en su vida, cuando reconoce que, sin ese reencuentro, nunca hubiera podido vivir en paz.

Al igual que sucedió con A veces el viento, cuando Pedro de la Hoz dio las gracias, las manos se movían para que sus dueños tuvieran la posibilidad de hacer uso de la palabra. Entre ellos el consejero de la Embajada de Argentina, Javier Figueroa —quien junto a la embajadora de esa nación, Juliana Moriño, y otros amigos, que habían asistido a la presentación de los libros argentinos— tuvo una intervención interesante al resaltar que su país había perdido a muchos jóvenes de su generación, que él no había ido a Las Malvinas de pura casualidad, pero que los ingleses habían tenido más pérdidas que en la Guerra Mundial. Otra de las asistentes enfatizó que el capítulo Malvinas aún no estaba cerrado, que las heridas seguían sin cicatrizar.

Malvinas, era la asignatura pendiente de Edgardo Esteban, y no descansó hasta vencerla.