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Cobertura informativa

Sonny Rupaire: de Guadalupe,  flamante poesía

por: Madeleine Sautié Rodríguez

La sala Nuestra América del recinto ferial de La Cabaña acogió ayer como en casa a la poesía guadalupeña, particularmente la nacida de la pluma y la inspiración de Sonny Rupaire, un poeta cuya creación fue muy bien defendida por el profesor y periodista Ronald Silbonne, de la hermana isla caribeña. 

El arte de este poeta que vivió dos años en Cuba, a finales de la década del 60, pudo ser apreciado por un  público que se mantuvo  muy atento y en lugar de tratarse de una lectura de poesía, la velada fue testigo de una conferencia sobre su poética; sin embargo, las referencias, comentadas hasta la saciedad con una hondura no siempre alcanzada cuando se va a hablar de la obra poética de un autor, permitieron experimentar la exquisitez de un discurso eminentemente cargado de símbolos, cuya intensidad tropológica se refleja en cada verso citado. Un poeta flamante fue el título que mejor halló Silbonne  para definir a Rupaire, quien destaca por una  postura  políticamente revolucionaria.

Se asocia este cantor al framboyán, árbol que simboliza la libertad por la vivacidad rojiza de sus flores. «Obliguemos a la flor sangrienta del framboyán a revelar a los ciclones su mensaje de fuego»; esta metáfora vegetal remite un triple deseo raíces-flores de sangre- libertad, que esclarecen la vida y la obra del poeta.
 
Para él, una probada sensibilidad creativa asoma con fuerza en cuanta realidad decide describir para convertirla en poesía, y resulta esencial el paso pertinente de las fronteras geográficas. El lector hallará en sus versos el archipiélago guadalupeño y también el propio Caribe, cuyas resonancias cuajan en la obra de Sonny Rupaire, para mostrar sufrimientos comunes, presuntas dichas y sueños de una región cuya literatura brilla, aun cuando una buena parte del mundo pretenda silenciarla.