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Gerty Dambury, pasión por el teatro

por: Madeleine Sautié Rodríguez

Para regalarnos su arte, sus puntos de vista y su carisma, llegó ayer a la sala Nuestra América de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña Gerty Dambury, dramaturga, directora, novelista y poeta guadalupeña, cuya obra, impregnada de los aromas del Caribe, goza de un feliz alcance popular y cultural.

El tema que abordó en la conferencia impartida fue el teatro, una de las pasiones que han hecho de esta intelectual una vehemente defensora de los derechos de la mujer contemporánea.

«Cuanto los actores se apoderan del texto —expresaba en su intervención—  el lector o espectador debe estar listo para esto. El texto de una obra de teatro se perfecciona cuando entra en contacto con el público pues se le añade cuerpo, voz, ritmo, respiración,  sentido».

Se refirió a determinadas equidades que se reflejan, también, en el arte guadalupeño, «el deseo de que  todo vuelva a empezar y de que nada debe sobrar, todo debe estar en su lugar».

Por otra parte, explicó el modo como se hace teatro en un país bilingüe: «Escribo otros géneros en francés, pero en el teatro mezclo los dos, uso el creole en determinados momentos».

La disertación abarcó diversos puntos de vista sobre los espacios y ambientes en las representaciones teatrales. Los escenarios muchas veces son exteriores, tal como es la vida misma del pueblo, donde ella funge igual que hace el teatro; la vida de los burgueses la concebimos en escenarios interiores para mostrar el decorado de sus casas, a semejanza de este género en Francia.

En nuestro teatro —acotó— demos buscar la forma de que se perciba nuestra catástrofe, y a la vez, encontrar una nueva forma de escritura y una nueva manera de actuar. El teatro que representamos en creole es popular, es para hacernos reír de nuestros defectos.

Dambury se empeña en estos momentos en estudiar la obra de un escritor africano: Jaz de Koffi Kwhahulé.