Inicio
Cobertura informativa

Villiers se proponía aterrorizar

por: Nancy Maestigue Prieto

Aunque Cuentos crueles del escritor francés Auguste Villiers de L`Isle Adam se presentó en esta 20ª Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, con las dos novelas francesas La fugitiva y El amor imposible, era necesario articularlo de manera independiente, por la rica significación que estos relatos han arrastrado desde su aparición hasta nuestros días.

Con prólogo del narrador y ensayista cubano Alberto Garrandés, quien a su vez fue el presentador, Cuentos… se convierte en un título de relatos que provocan al pensamiento, al miedo, a las reflexiones más oscuras, porque siempre van al mismo lugar, a través de historias malignas, narradas con una carga de inteligencia, fuera de cualquier norma moral pasada y presente.

Desde sus orígenes, los relatos que conformaron y conforman el volumen han merecido el elogio de figuras de las letras francesas en el pasado y de la literatura universal en el presente, porque es un libro que a pesar del paso del tiempo, no ha perdido vigencia por la posición crítica de su autor, que lo hace trascender en épocas.  

Villiers, además de hacer pensar a sus lectores, se proponía aterrorizarlos cuando se enfrentaran a los textos; e invirtió quince años para recogerlos en un libro, teniendo como uno de sus principales referentes al escritor Edgar Allan Poe.

Algunos de los presentes en la sala conocieron que antes de llegar al título definitivo, su autor había tanteado otros: Historias misteriosas, Historias filosóficas o Historias enigmáticas, y para Garrandés, cualquiera de ellos podría haber sido el definitivo.

Influido por la filosofía de Hegel y con un interés bastante pronunciado dirigido al ocultismo y el espiritualismo, el escritor desdeña los valores del positivismo y el materialismo a la hora de enfrentar su narrativa. Su intención estuvo siempre encaminada a contar sus relatos de forma oral, como vía principal de presentación al público para observar su reacción; por ello de manera constante corregía sus textos una y otra vez.