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Cobertura informativa

Amor y fuga en dos novelas francesas

por: Nancy Maestigue Prieto

Hoy es el día de los enamorados, y sin proponérselo, la Editorial Arte y Literatura tenía en su programa de presentaciones en esta 20ª Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, dos novelas francesas, donde el amor —no como lo quisieran ver los amantes, pero amor al fin— es uno de los temas fundamentales de sus argumentos: El amor imposible de Jules Barbey d´ Aurevilly, personaje importante de su época, prologada por el escritor Antón Arrufat, presentada por la editora Maryuri Echevarría y La fugitiva, de Marcel Proust, con prólogo de Mayerín Bello y el escritor Jesús David Curbelo como presentador.

En la novela de Barbey, una mujer frívola recibe al amante de su amiga íntima en sus amenas tertulia; un dandi, que la va a cortejar hasta llegar a enamorarse perdidamente de ella. Los rumores comienzan a correr y llegan a oídos de la mujer “traicionada”, quien al final muere. El equívoco creado alrededor de la marquesa Berengère de Gesvres, lo único que logra es dañar la figura de la mujer, quien sale en la novel como la pecadora, la culpable y la malvada, por la influencia perniciosa, destructiva y homicida del amor.

“La novela es un espejo de las costumbres y valores de una sociedad y una filosofía de vida que rige por lo fatuo y la banal, a pesar de tratar sentimientos tan plenos y profundos como puede ser el amor”. Con estas palabras, la editora intenta demostrar la corroída sociedad donde se desarrolla la historia.

El prólogo que la antecede, es un formidable ensayo escrito por Antón Arrufat, imprescindible para el entendimiento más completo de estos amores imposibles.

“¡La señorita Albertina se ha marchado! Es la desconsoladora certeza que inaugura La fugitiva”, nos dice Mayerín Bello al iniciar el prólogo de la sexta parte de En busca del tiempo perdido, el mismo personaje que en la novela anterior era la prisionera, cuyo título respondía a la propia condición del personaje.

A partir de una nueva concepción del tiempo, Proust logra una introspección que se convierte en una novedosa forma de estructurar un nuevo ciclo novelístico, que persigue un objetivo: reconocer la sociedad mundana de la época en que se desarrolla los acontecimientos contados, con un resultado de inevitable resonancia en las generaciones literarias posteriores.

Según Curbelo, el personaje se mueve en un espacio cerrado, y con, propio de la novela galante lenguaje es cortesano y con cierto aire erótico. En su exposición no solo se refirió al título en cuestión, sino que necesariamente hizo referencia a la saga, desde el primero Los pasos perdidos, que no le fue fácil publicar, hasta conquistar al público lector, factor fundamental en su impulso a la fama universal.

El poder para la caracterización de personaje, manejar las tramas, el humor son elementos fundamentales en la obra de Proust. Al igual que las insinuaciones homosexuales, bisexuales que se esbozan en la novela, por no poder plasmarla abiertamente.

Al igual que la de Barbey, La fugitiva, es un ejemplo de cómo dar a conocer la nueva sociedad francesa de esa época. El narrador logra reproducir ese ambiente, que resulta un reto social para Proust.