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La soledad, tema recurrente en Ernesto Pérez Chang

por: Lilien Trujillo Vitón

La vorágine de la Feria se sintetiza en sus ojeras. No obstante, tras el rasgo ensombrecido debajo de sus párpados, un brillo sobresale y supera todo cansancio. Su expresión es, en general, agitada. Acaba de recibir el Premio de Cuento Alejo Carpentier 2011 por su libro El arte de morir a solas.
Aún bajo la presión del dios Cronos, logré que me concediera esta entrevista, solo para que los lectores vayan familiarizándose con un texto profundo y provocador que integrará las propuestas de la editorial Letras Cubanas en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

 

¿Cuáles son los temas recurrentes en el arte de morir a solas?

EPC: El propio título sintetiza el tópico más recurrente en este libro: la soledad. El arte en sí mismo condena. Un artista no lo produce porque quiere, sino porque nace con esas condiciones y, por tanto, está condenado a producirlo. De manera que el hecho de aludir al «arte de morir a solas» es una rotunda ironía.
Y lo es, además, porque los personajes de El arte de morir a solas son entes condenados a la soledad, incluso, antes de que nacieran.
Todos los cuentos que conforman el texto tienen que ver con esto, con sujetos que están rodeados de personas o pueden estarlo y, sin embargo, están condenados a la incomprensión, a una especie de silencio que los aísla y los condena. Esa es la ironía de la sociedad.

El acta del jurado alude a una cierta tendencia a filosofar desde el absurdo en sus cuentos. ¿Por qué parte de  lo irracional para adentrarse el raciocinio?

EPC: Creo que en los cuentos no hay propiamente una filosofía, lo que ocurre es que suelo trabajar con una tesis y esta es que el ser humano nace con una condición de ser solitario, que es irreversible, inevitable, perenne. Pero también porque el hecho de abordar el propio tema del absurdo tiende a ser visto como algo filosófico en sí. Es decir, el modo en que el personaje interactúa con ese mundo se tiende a asimilar como filosófico.
Lo mismo ocurre cuando todas las situaciones del personaje ocurren en su pensamiento, pero en sí no hay tanto de filosofía en mis cuentos, porque en ellos preferí contar. El rasgo que apunta a la filosofía pueden ser las anécdotas varias que transcurren introspectivamente dentro de los relatos.

¿De dónde surgen las historias de El arte de morir a solas?

EPC: Todos los cuentos parten de lo cotidiano, aunque de manera general no se hace referencia a un lugar específico. Las historias tienen su génesis, sencillamente, en lo que uno va viendo o escuchando en la interacción diaria con el sujeto común.
Ese es el origen de los cuentos: las anécdotas que se convierten en la conexión de los argumentos con lo real. Porque todo cuento nace de una realidad, aunque después uno lo transforme. No sé cuánto de universal puede haber en ellos, pero sí trato de evadir la alusión a las locaciones, donde se desarrollan las historias.
En uno de los cuentos del libro sí menciono el lugar, pero solamente refiero: «sucedió en La Habana» y es en el caso de un relato que discurre a través de una serie de mentiras sobre una supuesta crónica publicada en el Papel Periódico de La Habana, pero ya ahí hay una irrealidad total.

¿Proyectos en el tintero...?

EPC: Acabo de escribir una novela que, en estos momentos está en proceso de revisión, por lo que seguramente demorará un poco en salir a la luz. En ella vuelvo sobre los mismos temas: la soledad, el silencio, el absurdo.

¿Tendremos esta novela como próxima candidata al Premio Carpentier?

EPC: Aún no lo sé, quizás.