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Cobertura informativa

Ser mujer no es morir en el intento

por: Yohamna Depestre Corcho

Sala José Antonio Portuondo, doce del mediodía, llena de matemáticos, de pioneros exploradores que adoran las matemáticas, de mujeres científicas y de una amante a las letras (me incluyo). El presentador, Néstor del Prado; la editora, Cristina Pérez y la escritora-doctora en conciencias matemáticas Lillian Álvarez. Se hace una pregunta matemática y a quien la conteste, se le obsequiará un ejemplar del libro que se presenta: Ser mujer científica o morir en el intento.

El presentador, de forma jocosa, hace su introducción de cómo vio este libro, en ese amor compartido que tiene entre la autora y él, los números. Opina que un libro es el fruto divisible con los demás, es un compromiso social con hombres y mujeres de su tiempo; y que la dicotomía con la muerte, del que habla el libro, lo asustó.  Al leerlo vio en la posibilidad de morir en el intento un carácter preventivo, pues se refería al abandono de la profesión por otras “cosas imperiosas” que dicta la sociedad.

Se destacan en la obra la vida de brillantes personalidades de esta rama, como la cubana Rosa Elena y el presentador hizo parábolas comparativas entre las fechas de los nacimientos de varias mujeres dichas ahí con fechas memorables. Temas como: ciencia y economía, ciencia y poder, quedaron reflejados en ese difícil mundo de la mujer repartida en tantos pedazos que la reclaman.

La poesía debe sacar sus temas del porvenir —dijo Néstor del Prado— y en ese porvenir tiene que estar la mujer. Si el libro está bien escrito y es una científica quien lo hizo, entonces el éxito está garantizado.

Defensora de la mujer y gran aliada de la escritora, Cristina Pérez, dice que es un libro pequeño, sí, pero con un toque diferente, el toque que solo una mujer puede dar, con la licencia de que viene siempre en frasco chiquito.

La artista-científica se planteó el proyecto cuando se percató que no se conocían de la presencia de la mujer en la rama científica. Lo compiló por años, agradeciendo al instituto de ciencias por su paciencia y entusiasmo.

Al final, pone diez puntos, como 10 mandamientos, dos de ellos me llamaron la atención:

1. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
2. Sólo si se sabe se pude divisar el bien.

Las recetas son consejos para la tenacidad, no solo para ser científica, sino para cualquier empresa. Este libro pequeño sube a la mujer, la impulsa, la saca hacia adelante, la lanza, como una paloma, al vuelo.

¿Y la pregunta fue contestada? Claro, por una futura mujer-científica.