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Cobertura informativa

Entregados premios Guillén y Carpentier 2010

por: Félix Bolaños

Los premios Guillén de poesía y Alejo Carpentier de cuento, ensayo y novela, convocados por la Editorial Letras Cubanas del Instituto Cubano del Libro, tuvieron su ceremonia de premiación en lo que constituyó, sin duda, uno de los momentos más esperados de la feria cubana del libro. La entrega de los galardones se efectuó en la sala Nicolás Guillén de La Cabaña,  en acto oficial presidido por Fernando Rojas, viceministro de Cultura y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro.

El jurado del concurso de poesía,  integrado por Norberto Codina, Omar Pérez y Soleida Ríos, acordó por unanimidad otorgar el premio a «Manualidades» de Nara Mansur; por el dinámico equilibrio entre emoción y sustrato ideológico, entre la intima moral cotidiana y la catarsis ante la sacudida del proceso histórico, y por el hallazgo natural de la palabra justa en el natural entendimiento por la aspiración de un mundo justo.

Los premios Alejo Carpentier fueron adjudicados a: Ernesto Pérez Chang, autor de «El arte de morir a solas», por una idea del género cuento en la que prevalece la ironía, la irrupción del discurso filosófico que sabe aliarse con el argumento en un juego por la ampulosidad, lo fatídico y por el magistral despliegue de literatura. Integraron el jurado Jorge Ángel Pérez, Rafael de Águila y Rogelio Riverón.

El jurado de ensayo, integrado por Adys Barrios, Rufo Caballero y Rafael Hernández, decidió otorgárselo a Mayra Beatriz Díaz, por «Convivencia del viajero», donde la autora centra su atención en los diarios, crónicas y notas de José Martí, recogidos en Textos de viajeros, por revelar la subjetividad y el autobiografismo de una mirada que acopia los signos de su tiempo.

En novela se alzó con el premio  «Ritual del necio», de Roberto Méndez. El jurado, integrado por Arturo Arango, Lorenzo Lunar y Alberto Guerra, valoró la riqueza de un argumento en el que se entrelazan la realidad cubana contemporánea, con personajes procedentes del universo wagneriano, en un agónico juego de espejos que tiene como centro la angustia existencial y creativa de sus protagonistas; todo ello alcanzado mediante una escritura poética que no lastra su condición narrativa.