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Cobertura informativa

Una singular Ruleta rusa

por: Ruby Ruiz Bencomo

Decía Guy de Maupassant: «La meta (del escritor serio) no es contarnos una historia, no es conmovernos o divertirnos, sino hacernos pensar y llevarnos a entender el sentido oculto y profundo de los hechos». Eso es esencialmente lo que Ariel Cantero Lobato logra con su libro de cuentos Ruleta rusa, Premio Pinos Nuevos 2010, publicado ahora por la Editorial Letras Cubanas. Este joven escritor, narrador e informático, egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, ha obtenido varios reconocimientos literarios como el premio Farraluque de cuento erótico en el año 2001, con el relato «Un poco de jazz» y el Premio David 2009, con el libro de cuentos Más de cien mentiras, el cual saldrá también a la luz en esta vigésima edición de la Feria.

Las premisas argumentales de todos los relatos de Ariel Cantero Lobato que se incluyen en este libro, tienen  elementos comunes. Entre estos pueden señalarse como los más significativos: la propensión de los personajes a la fatalidad y la búsqueda de un sentido profundo de la vida. Pero todos, tanto el que se desarrolla en el espacio sideral como los que se ubican en la Tierra, más específicamente en un hospital, un centro nocturno y un pueblo de campo, son cuentos abiertos con varios niveles de lectura que, aunque escritos con un lenguaje ameno y sencillo, tienen la garra de una buena historia. Ruleta rusa es un ambicioso libro de cuentos, cuya trama nos pone frente a nuestra realidad de una manera cruda, sin adornos ni artificios; una obra que atrapa al lector en la primera página y no lo libera hasta la última. 

Prueba de ello es el primer cuento, «El regreso de Adam», que enmarca su acción en una nave espacial y cuyos personajes están signados por la inminencia de la muerte. Una guerra nuclear se ha desatado en la Tierra y ellos han quedado a la deriva, a su propia suerte, pues nada existe que los ate a su naturaleza humana. Sin planeta y sin familia representan una especie en extinción. Lo que diferencia esta historia de las otras es el nivel de implicaciones que generan las opiniones puestas en boca del astronauta Adam, su protagonista, quizás el más persistente de los tripulantes. Cantero hace admitir a su personaje el destino que le espera cuando dice: «Oye, tú, la de la guadaña, la del aliento fétido. Aquí estoy yo, el nieto del viejo Eli que alguna vez fue tu esclavo. Vengo a preguntar por mi familia, por los niños, las mujeres, los ancianos, los hombres. Vengo a preguntar por toda la gente del mundo». Entonces lo regresa al espacio terrestre para enfrentar no solo su realidad como terrícola, sino para colocarlo frente a su propia humanidad. Así, con esta conmovedora declaración de principios, termina el relato.

Esa obstinada fidelidad al destino es lo que marca la línea temática que recorre el resto de las historias: «La vida sigue», «Cosas que pasan», «Fin del día más largo». Por eso resulta imposible individualizar o separar algunos de estos cuentos, a pesar de las muchas diferencias que los particularizan. Cada uno de ellos completa, explica o justifica las  acciones, incertidumbres o miedos de los personajes, y hasta el tema mismo da cohesión y coherencia al texto. La narración se transforma en instrumento básico de las fantasías del autor y devela un mundo en el que se cruzan las situaciones límite, la esperanza y la fatalidad.  Como en el juego de la ruleta rusa, los personajes se encuentran prisioneros del destino, del azar, y en cada paso que dan se juegan la vida, el corazón, la felicidad. 

En «La vida sigue» un narrador en primera persona nos lleva de la mano desde su propia realidad -cuidando a su abuelo en el hospital- hasta el interior de su alma y la de una joven que acompaña a un amigo y antiguo amante. Es ese texto en primera persona el que aterriza la trama en un espacio concreto y enfrenta al lector al estatismo y a la desesperanza, visible en  la piel de los personajes. No será la guerra y sus consecuencias o la misma muerte la que los acabe, sino ese destino fatal que parece perseguirlos incesantemente, hagan lo que hagan. No hay ganador. La pistola tiene reservado para cada uno de ellos una bala. Jorge y Claudia, y Manuel, protagonistas del tercer y cuarto cuento respectivamente, tampoco escaparán. Seducidos por la realidad que les circunda se dejan atrapar por su falso encanto y, aunque pretenden escapar, se verán forzados por la maldita fatalidad de permanecer fiel a ese destino nefasto que le ha trazado algún hado maligno. Lo mismo da estar fuera del planeta o dentro, como en las antiguas tragedias griegas; el poder de los dioses no tiene límites. Siempre te alcanza.