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Cartas a Toutouche: la génesis de un artista

por: Martha Isabel Andrés Román

Entrevista a Rafael Rodríguez Beltrán, vicepresidente de la Fundación Alejo Carpentier y uno de los compiladores del epistolario que recoge las cartas enviadas por el escritor a su madre entre 1928 y 1937, etapa de su exilio forzado en París.

¿Cómo surgió la iniciativa de reunir la correspondencia que Carpentier mantuvo con su madre durante su estancia en Europa?

La idea inicial es de Graziella Pogolotti, presidenta de la Fundación Alejo Carpentier, y a partir de ella trabajamos con el objetivo de poner a disposición del público toda una serie de documentos que hemos encontrado en los archivos de la casa de la Fundación.

Siempre pensamos que los conocedores de la obra de Carpentier, y el público en general, debían tener acceso a esos escritos, porque cuando leímos los materiales, vimos que trataban una etapa importantísima de la vida del escritor.

En ellas se reflejan sus relaciones con la vanguardia francesa, con la vanguardia cubana, y al mismo tiempo, se nos muestra cómo se desarrollaba  todo el trabajo de Carpentier, que incluía la edición de la revista Imán, y la creación de su primera novela, ¡Ecué-Yamba-Ó!

¿Cómo fue el trabajo de búsqueda y organización de los documentos?

Los documentos son parte del fondo de la Fundación Alejo Carpentier, por lo que tuvimos fácil acceso a ellos. Lo que resultó difícil fue organizarlos, porque Carpentier no ponía fechas. Además, hay cartas que están en francés, otras en español, e incluso en algunas se mezclan las dos lenguas, a lo que se une el hecho de que la letra muchas veces no es clara. O sea, que el trabajo de organizar el material con el que contábamos resultó una tarea ardua.

Las traducciones las hice yo mismo, y en conjunto con la profesora Graziella Gogolloti organizamos los materiales. Después también tuvimos un apoyo muy grande por parte de la editora, en aspectos como las notas.

Se trata de una edición compleja. Desde el punto de vista práctico fue difícil hacerla, pero la asumimos con mucho placer, porque sabíamos que iba a ser un best seller.

¿Qué valores le aporta al libro el tratarse de de una edición comentada, donde aparecen más de 600 notas?

El libro tiene un interesantísimo prólogo de Graziella Pogolotti que nos sitúa en la obra. Además de eso, creo que las notas ubican al lector, tanto cubano como extranjero, en el contexto y el espacio de las cartas, así como de las figuras que aparecen en ellas, porque en la correspondencia se habla de personalidades que son muy reconocidas en Cuba pero no tanto fuera de nuestro país, y viceversa, pues aparecen figuras que tuvieron gran relevancia en su momento, que en la época en que se desarrollan estas cartas fueron muy famosas, pero el público actual no tiene por qué conocerlas.

De manera que hemos tratado de explicitar lo más posible todas las alusiones a personalidades y autores —tanto cubanos, franceses, como latinoamericanos— con los que Carpentier estuvo relacionado en ese período.

¿Cómo es el Carpentier que van a encontrar los lectores en estas cartas?

Van a encontrar un Carpentier joven, en formación, y que sin embargo ya tiene toda una serie de concepciones estético-literarias y un credo que va a poner en práctica.

Pero no se puede olvidar, como dice la doctora Pogolotti, que es un Carpentier de andar en casa, con pantuflas, porque las cartas recogen una correspondencia íntima entre su madre y él.

De manera que es este el Carpentier que vamos a encontrar, un artista que está forjándose, que está trabajando para el futuro. Una buena parte del Carpentier joven que aparece en estas esquelas anuncia lo que él sería después: un escritor universal.