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Cobertura informativa

Presentación de tres títulos de José Lezama Lima en la 20a Feria del Libro de La Habana

por: CL

Analecta del reloj, de 1953, publicado por Orígenes; La expresión americana, cinco conferencias que el autor dio a conocer en el Centro de Altos Estudios del Instituto Nacional de Cultura y publicadas por esa institución, en 1957 y La cantidad hechizada, conjunto de textos que salieron a la luz en 1970, son los tres volúmenes de ensayo que presentó hoy la Editorial Letras Cubanas para celebrar el centenario del nacimiento del autor de Paradiso junto a Tratados en La Habana de 1958, que el año pasado fue publicado por nuestra editorial para la celebración de lo que se ha dado en llamar la primera secularidad de Lezama.

Los cuatro títulos revelan las inquietudes de Lezama en tanto poeta que se mueve con respeto, admiración y dolor entre autores del suelo patrio como Zenea, Martí, «ese misterio que nos acompaña», Meza, para citar solo tres o los españoles a los que les conoce todos los resquicios desde Góngora, Quevedo o su contemporáneo Juan Ramón Jiménez. Otro tanto podría decirse de los escritores franceses como Paul Valéry, Mallarmé, Baudelaire, Montaigne, Racine Verlaine, Rimbaud o Rabelais.

 

Ese vasto mundo, donde la poesía ocupa un espacio cuasi infinito, Lezama lo recorre, lo contorna y lo presenta al lector mediante su sistema poético, pregnante de poderosas imágenes donde la metáfora erige su reino.

En Analecta del reloj se reúnen textos, al parecer dispares entre sí, sobre Garcilaso, Julián del Casal, Joyce, Chesterton, Valéry y Picasso. Pero en realidad los une el engranaje de relojería de los basamentos componenciales de su poética, las claves, el cifrado, que el lector debe ir descubriendo, en el todo que es su obra ensayística unida a su poesía, sus cuentos y su novela que es una variante de su cosmos poético.

El interés de carácter universal que atraviesa estos ensayos y pasa por la historia, la real, y la que intuimos recreada por el autor, es una constante en Lezama como modo de aprehender el mundo y, a partir de esa especie de antropofagia, en el sentido oswaldiano del término, podemos apoderarnos de todo aquello que nos ha impuesto el europeo y que hemos mixturado, en el mundo americano, para devolverlo acrecido, aumentado, posiblemente sobredimensionado, pero con un carácter propio, en el ser del hombre americano desde su paisaje y lanzado al mundo en flechas que, según Lezama, no importa que den en el blanco sino que se lancen. Es su mundo del potens, de la imago, para hallar el milagro de la poesía. Es necesario que el lector transite por las eras imaginarias, y contemple la causalidad y lo incondicionado —al parecer irreconciliables tal y como se enuncia en «Preludio a las eras imaginarias». Lezama no se entrega con facilidad. Hay que recorrer a su lado el camino de la poesía, y advierte, en «Mitos y cansancio clásico», en una de sus afirmaciones más repetida, provocadora y sugerente: «Sólo lo difícil es estimulante». Y en ese empeño de descubrir el universo americano y el legado de toda la cultura universal, su apropiación y mestizaje es que se explica el Tao, el Bhagavab Ghita, el Yi King o Libro de las mutaciones. Muy cerca, en la biblioteca del dragón, en algún estante podrían encontrarse el Papel Periódico de la Havana, El Regañón, las poesías del Cucalambé o las de Zequeira y Rubalcava, el Popol Vuh, Las flores del mal, o Mi tío el empleado. Esa universalidad caracteriza la obra de Lezama, hombre tan universal como Martí, o su contemporáneo Carpentier.

Las posibilidades infinitas de las cuales tanto habló el autor, se hallan aquí y en toda su obra que es un fresco de la cultura cubana, integrada al concierto universal del hombre americano en su especificidad y como ente de cultura que desprejuiciadamente se acerca, abierto y sin miedo, a lo que otros han podido hacer o recrear para gozo propio de él y de los demás.