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Silvana Garriga: una mujer interesada en aprender siempre

por: Maydelis Gómez Samón

Hoy domingo se entregó, en la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, el Premio Nacional de Edición 2010 a Silvana Garriga.

Cubaliteraria conversó con esta mujer que se define como una lectora apasionada y confiesa que la colección Huracán de la Editorial Arte y Literatura influyó mucho en su amor por las letras.

«Huracán publicó todos los grandes clásicos. La gente de mi generación se leyó, gracias a ella, a Hemingway —todavía conservo Por quién doblan las campanas sujeto con unas liguitas, porque las hojas se desprendían a medida que uno iba leyendo—, casi todo Balzac, Benito Pérez Galdós, Gustave Flaubert, Thomas Mann. Esta colección era para nosotros un tesoro, pues ponía los grandes clásicos de la literatura universal al alcance de todos, con precios irrisorios. Un libro podría valer menos de un peso. La recuerdo con muchísimo cariño y fue con ella donde, por primera vez, tuve noción de que existía un personaje llamado "editor", él era Andrés B. Couselo, que, lamentablemente, no tuve el gusto de conocer…

«La primera lectura seria que recuerdo fueron las obras de Shakespeare. Las leí todas, desde Macbeth, Hamlet, Romeo y Julieta, hasta las menos conocidas. Eso fue cuando tenía 13 ó 14 años».

Nos cuenta que, gracias al entusiasmo de su padre, leyó a los más importantes autores europeos y asegura que en su casa no hubo nunca libros vetados.

«Se podía leer de todo. Mi padre nunca me prohibió ningún libro, ni siquiera a Corín Tellado. La primera vez que yo le dije que me quería leer una novela de ella, eso sería en sexto grado, me trajo tres. Y me dijo: “ahí las tienes para que te las leas y luego hablamos”. Después me preguntó si no me habían resultado todas muy parecidas. Yo era una gran lectora de Julio Verne, Emilio Salgari, esas eran las lecturas mías de niña y me enfrentaba a aquellas novelitas de amor que realmente entre toda la aventura y toda la acción de las otras no me parecieron  nada del otro mundo.

«Después comenzamos a ejercitar la memoria, él me decía que la mejor forma era leyendo poesía y aprendiéndoselas. Memoricé casi todas las rimas de Bécquer, todavía algunas las recuerdo. Y después empezamos a leer literatura en serio. Digo, empezamos, porque yo leía bajo su guía. Él me daba los libros y después lo comentábamos, mucho de los cuadernos subrayaba con unas llavecitas que hacía a los lados y les ponía una estrellita cuando le gustaba mucho, e inevitablemente yo iba a eso que estaba marcado y trataba de que me gustara. Con su guía leí muchísima literatura europea».

Las grandes obras de la literatura latinoamericana las conoció en la enseñanza preuniversitaria.

«En las escuelas al campo la gente llevaba varios libros y nos los intercambiábamos. Allí descubrí que existía una gran literatura latinoamericana que mi papá desconocía. Yo comencé a mostrársela y él empezó a disfrutarla de una forma tan grande que se llegó a aprender párrafos enteros de Cien años de soledad, de Rayuela».

La lectura ha acompañado toda la vida de Silvana, confiesa que todas las noches antes de acostarse lee algo que no es lo que está editando.

«Leo mucho ensayo, lo disfruto muchísimo. Es un género que me permite seguir el pensamiento del autor,  profundizar y hasta a veces polemizar con él. También leo narrativa, y poesía guiada por mi esposo, él es quien me dice: “léete esto que te va a interesar».

Con tristeza recuerda uno de los libros más recientes que leyó.

«Lamentablemente, fue el último de Rufo Caballero. Yo siempre decía que era una fan de suya. Nunca le edité un libro, ni crucé una palabra con él, pero a mí con Rufo me pasaba como a los niños de la primaria, yo era su novia y él no lo sabía. Me encantaba su perspectiva, su agudeza, me gustaba su estilo desenfadado, su poco temor a caer en lo cursi, su cultura y su profundidad. Sin haberlo conocido, sentí su muerte casi como la de un familiar».

Conversa, también, sobre el último texto que tuvo el gusto de leer hace unas noches. Se trata de Sangrar por la herida de Mirtha Yáñez.

«Yo recuerdo a Mirtha con mucho cariño, cuando empecé en la escuela de Letras ella comenzaba como profesora y siempre me ha parecido una persona sumamente inteligente, sencilla, modesta y muy simpática. Creo que esta novela de Mirtha tiene todo eso que es ella. Está muy bien escrita, con un manejo del idioma muy disfrutable, es una novela profunda y en momentos muy desgarradora».

Sangrar… es una de las propuestas para este año de la Editorial Letras Cubanas. Precisamente, allí fue donde Silvana comenzó su trabajo, y donde se formó como editora.

«Tuve la suerte de entrar en un colectivo con una gran formación y con un gran espíritu de colaboración. Jamás fui a hacer una pregunta y me quedé sin respuestas, siempre había un interés en ayudar y eso para mí fue fundamental. Yo tenía una serie de conocimientos de la escuela, pero me formé como editora en el seno de un grupo de editores de muchísima experiencia y una gran calidad humana. Los jóvenes dependen mucho del colectivo de trabajo en el que se insertan porque ese es el que los va a formar, el que los va a conducir».

Ella considera que la edición, en esta época de tantos medios digitales, puede ser con otra dinámica, pero tiene que seguir respondiendo a los mismos preceptos.

«El trabajo del editor siempre debe estar presente. He leído cosas interesantísimas en los blogs, que están muy bien escritas, listas para imprimirlas y circularlas. Pero, en ocasiones, se dicen muchas tonterías, los textos no tienen una  estructura de fácil comprensión para el lector, no hay nadie que corrija esos gerundios mal usados. Esa inmediatez, esa independencia y esa catarsis que a veces se realiza a través de los nuevos medios conspira contra un texto bien presentado».

En la Feria Internacional del Libro anualmente se realiza el Encuentro Nacional de Editores. Silvana considera que «son un buen espacio de intercambio, aunque, a veces, falta el debate. En muchas ocasiones uno va como a oír una conferencia y ya se quedó ahí. Quizás pudieran tener un poco más de participación de nosotros mismos, debatir y encontrar ideas entre todos».

Para esta Feria del Libro editó cuatro títulos de la Editorial Boloña, lugar donde trabaja desde su fundación en 1999. Ellos fueron: Para no olvidar de Eusebio Leal, De la chicha a la cerveza  de Rafael Hernández, Epistolario de Emilio Roig de Leuchsenring y Urbanismo y arquitectura de La Habana Vieja, siglos XVI al XVIII de Alicia García. Pero Silvana ya está inmersa en nuevos proyectos.

«Estoy trabajando el Epistolario de Ernesto Lecuona, que es una compilación que hizo José Ramón Fajardo. No solo las cartas que estaban dispersas en manos de muchas personas, sino cartas también aparecidas en la prensa. Es un trabajo muy interesante para conocer la personalidad y la actividad de Lecuona. Estoy trabajando el Diccionario de la fotografía en Cuba de Ramón Cabrales, la primera obra que se hace con este carácter de sistematización de la fotografía en nuestro país, es apasionante todo lo que estoy aprendiendo con él. Hay también un libro bellísimo sobre el Art Nouveau en La Habana del profesor y arquitecto Enrique Capablanca. En breves páginas se describe este estilo arquitectónico en el mundo y cómo llegó y se desarrolló en Cuba, es muy ameno y está escrito con gran sensibilidad. Tengo también, que ya está en diseño, un texto sobre la conservación de bienes muebles de dos profesores del Colegio Universitario de San Gerónimo, que es libro con mucho rigor científico y muy útil pues es un tema novedoso en nuestro país».

A pesar de llevar tantos años en el mundo de los libros a Silvana nunca le ha interesado escribir alguno.

«Yo creo que la escritura tiene que ser una necesidad para que sea real, auténtica, y yo no tengo esa necesidad. Por lo tanto, si me pusiera a hacerlo sería artificial, no sería yo, a mí lo que me gusta es leer. Si algún día, que creo que no va a pasar, tuviese que escribir un libro estoy casi segura de que me interesaría mucho el ensayo. Quizás sobre la historia de la arquitectura que me gusta tanto, o sobre la música cubana».

Al preguntarle sobre lo que más le atrae de su profesión, nos contesta sin demora: «Este trabajo me da la oportunidad de aprender todos los días». Felicidades, entonces a Silvana Garriga, por este importante premio.