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Cobertura informativa

Untar en la masa y hacerla mágica eso fue El manto de mi virtud

por: Yohamna Depestre Corcho

En la sala Nuestra América del Pabellón de las culturas invitadas, se presentó a las 3:00 de la tarde, la antología de poetas cubanos y uruguayos El manto de mi virtud recopilada por Osmán Avilés, de Cuba, y Alfredo Coirolo, de Uruguay.

Como la masa que se tuerce, aplasta, junta y forja, se unieron estas dos naciones, y los creadores fueron los dedos que combinaron la arcilla. Así los catalogó Osmán Avilés, al abrir la presentación agradeciendo al público presente y a quienes hicieron posible este sueño que viera la luz bajo el signo de acuario, como bien dijo, este día 12 de febrero, que al igual que el zodiaco tiene esta poesía de aire, que lleva consigo voces fuertes, inteligentes, atraídas por este signo que es toda escritura.

Alfredo Coirolo, a quien Osmán denominara un enamorado del libro, clasificó las poesías recopiladas como neobarrocas, de estilo lezamiano, con voces posmodernistas que se perciben en la musicalidad de decir, más que en su estilo expresivo, acentuando la enorme relevancia y vigencia de la poesía en la isla.

“La poesía no es un santuario, sino un espacio vivo”, dijo Coirolo  en un recorrido por las páginas nostálgicas, directas, coloquiales, metafóricas, de tonos irónicos, sensoriales, con influencia de Borges y Benedetti, de El manto de mi virtud.

Representando al país de los ríos, de los pájaros pintados, Matías Mateus, el poeta más joven de los 15 uruguayos, leyó algunos poemas de sus coterráneos: “Remanso”, de Déborah Eguren; “La lluvia y el fuego”, de Gonzalo Romero,  y de su propia autoría “Un beso sin final”.

En la mesa, en representación de los 15 poetas cubanos, de entre 20 y 30 años, regalaron al numeroso público algunos de sus poemas: Leydy Vidal García, “Generación perdida”; Maylen Domínguez Mondeja, “De los pequeños viajes”; Elaine Vilar Madruga, “Lo muerto” y Yunier Riquenes García, “Cuchillos”.

El libro, de una bella impresión, fue obsequiado al público después de concluida la lectura. Con él se entregaron los desvelos, el esfuerzo continuo de muchas personas que enaltecieron las palabras escritas por Martí en una carta a Enrique Estrázulas Callande, considerada su testimonio diplomático: “Crear es la frase de nuestra generación”.