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Cobertura informativa

Mujeres con Mayúscula

por: Dulce María Sotolongo Carrington

                                                                     

Ya han transcurrido más de cincuenta años desde aquella memorable tarde del 24 de noviembre de 1960, en la que Fidel Castro pronunció un discurso en el acto de graduación de la Escuela Responsable de Milicias, en Matanzas, de la que egresaba un pequeño grupo de quince compañeras.

Hoy, gracias al libro De azul y verde olivo, del coronel de la reserva Hermes Pérez Caso, sale a la luz la historia de estas mujeres. Tal vez en estos tiempos, en que la presencia femenina es tan fuerte en la vida militar, y existen  mujeres que han llegado a pilotear aviones, algunos no vean la relevancia histórica de este hecho. Pero no se hubiesen alcanzado las actuales conquistas, de no haber sido  porque estas compañeras  dieron el paso al frente, a pesar del machismo imperante en la época. Al respecto, recuerdan dos de las testimoniantes presentes en el lanzamiento: María Elena Suárez y  Alicia González Granda:

Pasamos mucho trabajo para poder estudiar en esa escuela; los hombres de aquel entonces sobreprotegían a la mujer y no le permitían el acceso a esas actividades, eran nuestros padres, novios y hermanos. Nosotras entramos a la escuela por decisión propia; yo era estudiante de la universidad y María Elena era dirigente de la Casa 26 de julio de Guanabacoa. El día 26 de octubre de 1959 participamos en el discurso que ofreció Fidel, luego del atentado dirigido por Díaz Lan que causó víctimas, donde habló sobre la necesidad de organizarnos, y llamó al pueblo a tomar las armas; entonces formamos parte de  la Milicia Revolucionaria, éramos muy jóvenes y no sabíamos nada de la vida militar. Dimos el paso al frente un número significativo de mujeres, pero al final, por diferentes motivos, que iban desde situaciones personales hasta la propia discriminación que existía por algunos dirigentes y miembros de las mismas milicias, a la hora de seleccionar el personal que pasaría la escuela, solo matriculamos quince.

El libro está dedicado a Vilma Espín y Celia Sánchez, y en las palabras de presentación,  el General Enrique Acevedo González aseguró que todavía recuerda con nostalgia aquellos primeros años cuando la Revolución triunfó, sin embargo, había que estar preparados ante la amenaza de los enemigos; fue una etapa difícil, ya que era necesario  asimilar el armamento, preparar a los cuadros y la experiencia era poca. Un grupo de 536 hombres pasaron esta primera escuela y entre ellos se destacaron estas quince mujeres. "El libro", afirma Acevedo, "nos recrea una historia que tiene sabor épico y que atrapa al lector por la forma en la que está escrito. No obstante, es un pálido reflejo de la lucha de aquellos años, porque todavía queda mucho por contar". En el prólogo recalca: “esta es una historia de esas mujeres con mayúscula”.

El autor  que ya había publicado el título Labradores de sueños, en el que habla de aquellos momentos -primeras batallas libradas por la Revolución-, confiesa que tenía una deuda con estas maravillosas mujeres, que abandonaron el estudio y el trabajo, para dar un paso al frente en defensa de la patria, subieron al entonces casi inaccesible Pico Turquino, soportaron el riguroso régimen militar y hasta las bromas de sus compañeros, y siguen siendo hoy jóvenes de espíritu.

Destaca la presencia en este acto de  Olga Pilar Ferrer Ballester, Felicia Abad, Alicia Gómez, María Helena Suárez, Cira Duque, un ejemplo para las mujeres de hoy. Como obsequio, se les hizo entrega de un ejemplar del libro firmado por el Gallego Fernández, como cariñosamente recuerdan las muchachitas, al también participante  de aquella epopeya.