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El Carpentier que nadie conocía

por: Dulce María Sotolongo Carrington

En el siglo XXI con el desarrollo de la informática y la masificación de los correos electrónicos, un género literario corre peligro de desaparecer: el epistolario. Sin embargo en Cuba, gracias a la ardua labor de investigadores, críticos y editores, goza de muy buena salud;  así lo demuestran libros como: Nunca me gustó la correspondencia, cartas inéditas de Pedro Mir (ediciones Extramuros); La amistad que se prueba, cartas cruzadas entre Cintio Vitier y Lezama Lima (Editorial Oriente) y Eduardo Chibás imaginario, cartas de amor (EditorialOriente), entre otros.

La propuesta de la editorial Letras Cubanas es Cartas a Toutouche, “edición que recoge la correspondencia de Alejo Carpentier a su madre, Lina Valmont, durante su estancia en París de 1828 a 1937”.

Este libro va abrir la puerta de un mundo desconocido para los amantes de la obra de Alejo Carpentier. Su llave es precisamente el sustantivo propio Toutouche, apodo cariñoso con el que el escritor nombraba a su madre, “cuyo significado a partir de la lengua francesa, o acaso (menos probable del ruso) sería pura especulación”, según aclara el crítico Rafael Rodríguez Beltrán, pero que nos invita a adentrarnos en una relación que se basó en el amor y la confianza.

El lector realizará un “viaje a la semilla”, donde encontrará a un joven lleno de sueños y proyectos en el París de los cafés, que recorrieron Picasso, Vallejo, Alberti, los cubanos Carlos Enríquez, Marcelo Pogolotti, Julio Girona,  entre otros, lugar de la vanguardia artística a la que tanto le debe el arte universal.

En la presentación de este libro la doctora Ana Cairo Ballester ofreció una clase magistral en la que afirmó:
 

Este es uno de los mejores títulos que se están presentando en la Feria, que honra a la Fundación que lleva el nombre del escritor y la editorial Letras Cubanas, un gigantesco esfuerzo en el que se conjugaron los saberes de Graciella Pogolotti y Rafael Rodríguez Beltrán, que convirtieron un material que no estaba hecho para publicar, en un delicioso libro. La señora Lina no hablaba bien el español, entre ella y su hijo se estableció una comunicación especial, una especie de código que estos investigadores nos han devuelto con su trabajo filológico.

Ana Cairo afirm{o que Alejo Carpentier es una especie de Elegguá para la cultura cubana, abrió caminos; muchos de los músicos hoy conocidos,  como Caturla, Lecuona, y Rita Montaner deben su celebridad a las crónicas que él escribió, lo que se puede apreciar en la correspondencia. Carpentier trataba de que su madre fuera feliz y le contaba sobre el mundo del cine, historias de Rodolfo Valentino, y sobre otros personajes del celuloide. Fue un mediador entre dos culturas, solía afirmar: “yo no soy un francés, soy un hombre de América”.

Esta obra es digno ejemplo de que en Cuba pueden hacerse libros elegantes, como este que contó con un excelente equipo integrado por Blanca Zabala, editora, y Alfredo Montoto, diseñador, que realizó la bella cubierta a partir de una foto de la madre de Carpentier.

Para Rafael  Rodríguez es un libro que ha desatado pasiones. El investigador encontrará en él un volumen que le permitirá esclarecer muchos aspectos de la vida y obra de este notable escritor.  El texto puede considerarse como una novela; reúne fragmentos biográficos, en los cuales el lector hallará frases tan sorprendentes que le harán preguntarse: ¿cómo Carpentier podía decir esto?, y a la vez irá descubriendo a través de la lectura  esa persona especial que era.

En este  Carpentier que nadie conocía está el germen del que fue uno de los más grandes escritores del siglo XX. Se agradece este magnífico título a la editorial Letras Cubanas.