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Cobertura informativa

El océano en un pez

por: Nancy Maestigue Prieto

La sala Alejo Carpentier fue llamando, poco a poco, la atención de los visitantes a la 20ª Feria Internacional de Libro, Cuba 2011; y no era para menos; en ese recinto estaba aconteciendo un suceso: la presentación de la antología de cuentos El océano en un pez, una selección realizada por Enmanuel Torné con autores representativos de la cuentística actual de los países del ALBA: Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Cuba, publicada por la Editorial Arte y Literatura en su colección Alba/Bicentenario, creada especialmente para esta edición de la feria.

Acompañando a Torné —quien fungió como presentador— se encontraban dos de los escritores cubanos que integran la antología: Gina Picart y Lorenzo Luna, quienes coincidieron con él en que el volumen es el resultado del afán de ilustrar los ambientes que matizan la vida contemporánea de los pueblos de los países del ALBA. En representación de los autores del Ecuador, se encontraba el Embajador de esa nación en Cuba, Luis de Andrades, y los narradores extranjeros, Raúl Vallejo y Raúl Pérez Torres, quienes formaron parte de otra antología publicada por Enmanuel.

Al referirse a los rasgos que identifican esta narrativa hispanoamericana, comentó que se basan en la redacción de textos breves —siempre hay sus excepciones—, con un lenguaje cuidadoso, distanciado del gusto anterior por la oralidad, donde lo temático fue el punto de partida, con espacios y ambientes enrarecidos que revelan el mundo en que viven sus autores y los que los rodean. Por sus páginas transitan lo policial, lo social y otros caminos que fueron interés del antólogo.

Los cuentos no solo poseen el placer de su lectura; también se disfrutan por la frescura y la sazón que los condimenta, porque sus autores tienen en común una narrativa que, como el ALBA, los une.

Enmanuel Torné dedicó el libro a los veinte autores que lo integran, más a uno no publicado en la selección: Carlos Santander, profesor de la Universidad de Venezuela, quien apoyó su realización con la búsqueda de los autores que pudieran integrarla; además marcó, de manera especial, la presencia de las mujeres escogidas, por sus valores intelectuales, literarios y humanos. Enfatizó que su huella estaba presente, no en un cuento, sino en la propia composición del libro, y puntualizó que quizás no era todo lo exquisita que hubiera querido, pero en ella lo había entregado todo, porque era producto de su pasión por la narrativa.