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Cartas de viajes

por: Georgina Pérez Palmés

El primer día del mes de diciembre de 2010 se cumplieron cien años del nacimiento de ese grande de las letras cubanas que fue, es, Ángel Augier (Holguín, 1ro. de diciembre de 1910-La Habana, 20 de enero de 2010).

Poeta, investigador literario, crítico, ensayista, periodista y profesor. Doctor en Ciencias Filológicas. Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua. Miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la que fue su vicepresidente y miembro de su Consejo Nacional. Presidente organizador de la Fundación Nicolás Guillén. Investigador de Mérito del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, donde se desempeñó como subdirector. Director fundador de la Revista de Literatura Cubana. Miembro del Consejo Asesor del Centro de Estudios Martianos. Fundador de la agencia de noticias Prensa Latina y colaborador en publicaciones nacionales como El Mundo, Hoy, Unión, Orto y Carteles, entre las más representativas. En 1963 obtuvo una mención en el Concurso Casa de las Américas con su poemario Isla en el tacto, un canto de amor a Cuba, su entrañable y adorada isla, en la que nació y vivió hasta el final de su valiosa existencia. Le fue conferido el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba y mereció los premios periodísticos Enrique José Varona y Juan Gualberto Gómez, las órdenes Juan Marinello y Félix Varela y el Premio Nacional de Literatura en el año 1991.

Como merecido homenaje a tan prestigiosa figura, la Editorial Letras Cubanas atesora en su catálogo y presenta en su stand, Cartas de viajes, texto que agrupa cincuenta misivas, guardadas, durante muchos años, por Corina Calderín Nágera, la difunta esposa de Augier y que fueron halladas por una de sus hijas, Gisela, la cual tuvo la feliz idea de publicarlas. Sus hermanos, Alba y Angelito, la apoyaron enseguida en este empeño; la primera, al eliminar de ellas sus fragmentos más íntimos; el segundo, al realizar todo el trabajo de selección de las fotos que se utilizarían como soporte gráfico. A todos tendremos mucho que agradecer pues nos han entregado un excelente obsequio.

Las epístolas fueron enviadas entre los años 1952 y 1955, durante lo que el mismo Augier califica como «inesperados viajes de trabajo y de instrucción». Estos primeros viajes de 1952 los realiza en su condición de profesor jefe de la sección de artes gráficas de la Escuela Técnica Industrial, donde impartía clases en los medios de impresión gráfica, y con el objetivo de visitar la gran Exposición de Artes Gráficas que se efectuaría en París, en noviembre de 1952. Entre los éxitos de mayor significación en su itinerario inicial, estuvo la oportunidad única de entrevistar, para la revista Bohemia, a Charles Chaplin, casualmente de paso por París para el estreno de su película Candilejas. Aquí sale a relucir el periodista que palpitaba, de modo perenne, en él, y a cuyo quehacer no podía sustraerse.

Los segundos recorridos (1954ـ1955) los consuma al ser recipiendario de una beca especial de la UNESO, la cual ofrecía a los investigadores que la disfrutasen, desprovistos de fortuna, la oportunidad de viajar con fines culturales. Este periplo abarcaba ciudades tan fascinantes como Milán, Venecia, Florencia, Roma, Nápoles, Messina, Tarento, Brindisi, Atenas, Estambul, El Cairo y Jerusalén, entre otras.

Todo esto y mucho más podrá encontrar el lector en la correspondencia, extensa, esclarecedora, en la que Augier se afana por contar, detalle por detalle, del universo maravilloso que va descubriendo a cada paso, de aquellas latitudes de tanto encanto que se abren ante sus ojos y que disfruta a plenitud -no obstante la lejanía de su querida patria- con la precisión, el lirismo y la belleza que solo son capaces de lograr poetas en mayúscula, como puede ser reverenciado, sin duda alguna, Ángel Augier. Considerado como un destacado biógrafo de Nicolás Guillén; estudioso, además, de la obra de otros pilares de nuestras letras como son José Martí y José María Heredia, es también creador de enjundiosos estudios acerca de Rubén Darío y Pablo Neruda, personalidades distinguidas de la literatura universal.

Un cuento, un poema y algunas crónicas, muestras del multioficio literario que siempre ejerció, completan el exquisito libro que mucho ilustrará, si de descubrir nuevos horizontes se trata.