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Recibe Daniel Chavarría Premio Nacional de Literatura 2010

por: Félix Bolaños

El Premio Nacional de Literatura, el galardón más importante y codiciado de las letras cubanas, fue entregado esta tarde, en la sala Nicolás Guillén, a Daniel Chavarría, en ceremonia oficial presidida por Abel Jiménez Prieto, ministro de Cultura y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL).

Fundado en 1982 por el Ministerio de Cultura, el premio se concede como testimonio de público reconocimiento a los escritores que hayan enriquecido el legado de la cultura cubana en general, y de su literatura en particular, con el aporte de una obra literaria trascendente. El jurado correspondiente a esta edición, que fuera presidido por Ambrosio Fornet, Premio Nacional de Literatura 2009 y Premio Nacional de Edición 2000, e integrado, además, por Arturo Arango, Emilia Gallego, Enrique Sainz y Leonardo Sarría; acordó por voto unánime favorecer al prolífico narrador por «la deslumbrante riqueza imaginativa y de lenguaje que caracteriza la vasta obra de Chavarria, obra que, además, ha sido capital en al renovación de la novela policial en el ámbito hispanoamericano».

Pronunciaron las palabras de elogio al premiado, los también destacados narradores Eduardo Heras León y  Arturo Arango. Para el autor de Los pasos en la hierba, este creador cubano, nacido en Uruguay, que no se sonroja para decir: «yo, honradamente, trato de escribir cosas inteligentes, no soy un culterano, trato de hacer una literatura que esté al alcance de amplios sectores de la población, pero con dignidad, sin caer en la estúpida lógica mercantilista»; posee tres cualidades excepcionales, que lo han convertido en el gran novelista que es: la más sorprendente imaginación, una vasta cultura y un talento narrativo a prueba de balas:

La vida y la obra de Daniel Chavarría se confunden con algo parecido a la leyenda, este eterno trotamundos, cerrajero en un barrio marginal de Hamburgo, guía del Museo del Prado, buscador de oro en el Amazonas, militante comunista en Uruguay, colaborador de la guerrilla en Colombia y que secuestró una avioneta para exiliarse en Cuba, donde ha sido traductor de alemán en el Instituto del Libro y profesor de latín, griego y literatura clásica en la universidad; es además, y así lo recordaremos siempre, uno de esos seres nacidos para hacer felices a los demás, no solo mediante la palabra escrita, porque de algo si estoy completamente convencido: tal vez Chavarría no sea el más grande de los novelistas cubanos, pero si es el más simpático de todos.

Por su parte, Arango aseguró que las novelas de Chavarría no desdeñan placer alguno para sus lectores, para sus personajes «y de seguro que para él mismo». Su carácter trasgresor reside en esa función —apuntó—  y también en el reconocimiento de que el ser humano está destinado a realizarse en intensidad, sin desdeñar por dogmas, los placeres para cuyo disfrute está concebido, entre ellos el de la lectura:

Celebrada, premiada, editada en numerosos países, la obra irreverente y copiosa de Daniel Chavarría se ha sostenido también, entre otras de sus incuestionables virtudes, en la fidelidad a aquellos ideales que lo dotaron de una comprensión del mundo y sus necesidades, desde mucho antes de convertirse en el escritor que premiamos hoy. Divertir, fabular, transgredir, provocar, son maneras de ejercer su compromiso con una idea de la sociedad en que deberíamos vivir, aquella donde la equidad, la justicia social, la soberanía, se realicen mediante la emancipación y la plenitud del ser humano, y donde el individuo pueda ser a un tiempo, solidario y sibarita.

Chavarría, en sus palabras de agradecimiento, aseguró que mientras disponga de la necesaria lucidez y energía, seguirá trabajando, inventando historias, «para refugiarme en ellas con el peso de los años», y se refirió a los proyectos de nuevos libros —que son muchos— y cuyos asuntos se aproximan, en lo esencial, al desamparo de millones de niños, la desinformación global y la necesidad de condenar el mundo violento, de ganadores y perdedores, que propugnan imperios con sus poderosos medios.