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Cobertura informativa

Incitante clausura de encuentro literario

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

En este sábado, uno de los días finales de la Feria Internacional del Libro de La Habana, se efectuó la clausura del Encuentro de Editores y Traductores literarios. Con gran sencillez, la escritora y presidenta del Instituto Cubano del Libro (ICL), Zuleica Romay, tomó el estrado para resumir las experiencias del evento y compartir conclusiones e incitaciones con el público presente en la sala Nicolás Guillén, de la fortaleza de La Cabaña.

La falta de pompa o boato no interfirió en absoluto con la profundidad y el interés del discurso de Romay. La oradora ofreció una disertación precisa, ilustrativa, con la que resumió experiencias; ofreció aclaraciones; demandó compromisos y previno sobre desafiantes circunstancias que, en el porvenir inmediato, requerirán del esfuerzo y la coordinación colectiva de todos los involucrados, para sacar adelante los mejores valores de nuestra literatura y cultura en general.

Romay destacó la acertada coordinación de las actividades, paneles, encuentros y demás actividades de este Encuentro de Editores y Traductores, que lo resaltan positivamente en comparación con semejantes eventos anteriores; José Antonio Baujín recibió los elogios principales. Los asistentes de cada sesión resultaron, naturalmente, los más beneficiados, realidad revelada en la concurrencia masiva y de calidad en cada una de las actividades.

También presentó Zuleica Romay sus respetos a la figura de Pablo Pacheco. El destacado editor cubano jugó un importante rol en varios medios hasta su deceso, en julio del 2014.

Asimismo otro anhelo de homenaje que se ha expresado con frecuencia fue abordado por la Romay, este de naturaleza un poco diferente. El caso es que, si bien existen reconocimientos para las labores individuales de la Edición, el Diseño, etcétera, los esfuerzos colectivos involucrados en obras complejas pasan lentamente al olvido. Puso como ejemplo la colección Cocuyo, con su riquísimo aporte a la divulgación de literatura asiática y africana; sin rescatar la memoria de trabajos como estos, la historia de la literatura cubana quedaría con enormes vacíos.

Este evento demuestra, continuó Romay, el crecimiento del nivel profesional de nuestros trabajadores, realidad por la que el ICL debe seguir apostando. En las circunstancias que se avecinan, se torna de importancia vital realizar un reajuste de mentalidades. Se ha constatado un cierto retroceso, no absoluto, pero con una tendencia ciertamente definida, en los niveles de lectura del pueblo cubano. Revertir esta regresión debe ser un empeño colectivo y multifactorial, y los editores han de desempeñar un papel fundamental. En cierto sentido, la preocupación de los editores cubanos se centraba hasta ahora en lograr obras acabadas únicamente desde el punto de vista literario, o gramatical; la gestión en otras latitudes, dedicada a facturar un producto puramente comercial tampoco es deseable, así que se impone alcanzar el equilibrio dialéctico entre ambas necesidades.

Se ha evidenciado una necesidad en estos encuentros, expresó, de proseguir estos debates y búsqueda de soluciones sin esperar a la celebración de la próxima Feria. Se cuenta, afortunadamente, con los espacios para ellos y ya se han creado las condiciones necesarias. Tampoco permanecen de espaldas a fenómenos modernos, como la irrupción de tecnologías digitales. La superación y la generación de pautas y consensos para avanzar en este terreno debe ser otra tarea para abordar con el sentido más ampliamente participativo y democrático, defendió.

Nos acercamos, alertó luego, a la significativa fecha del Aniversario 500 de la fundación de la ciudad de La Habana. No se puede dejar para última hora la concepción de una política editorial relacionada con este hecho. Coordinar colecciones de distintos géneros que celebren el cumpleaños será un trabajo arduo pero sumamente reconfortante.

Culminó Zuleica Romay su discurso de clausura del Encuentro de Editores y Traductores, con la reiteración del agradecimiento a los presentes, que propiciaron los debates más provechosos, agudos y respetuosos, a sala llena. Cada participante, mediante su aprobación o crítica, ofreció un aporte deseado, en el objetivo común de llegar a la próxima, vigésimo quinta Feria, con un Encuentro mucho mejor.

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Editado por: Nora Lelyen Fernández