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De un reto al entendimiento

por: Sandra Rossi Brito

Cuando en octubre nos encomendaron la tarea titánica de en apenas dos meses preparar las obras seleccionadas de José Lezama Lima, Marta Rojas y Daniel Chavarría para la publicación digital que se comercializaría en esta Feria, pensé que era humanamente imposible, mas ensillé mi Rocinante y con el espíritu de don Alonso me fui, no a desfacer entuertos, ni a luchar contra molinos, pero sí a entablar batalla contra el gigante y omnipotente Cronos, ese dios que a la larga siempre nos supera como simples mortales. La ilusión, pues, de entrar de frente, a lo Quijote, era la única manera para vencerlo y afrontar la complejidad de tal empresa, si tenemos en cuenta la magnitud de la obra de estos autores, cada uno de ellos gigante en su género y en la historia de la literatura cubana. Curiosamente, esa grandeza que desafiaba, y la variedad de sus obras, constituyó un estímulo y abrió caminos nuevos ante cada obstáculo; a la par que las ediciones sobre las que se trabajaría, por fortuna, eran bastante recientes y, en su mayoría, de muy buena calidad. Algo más a favor radicaba en el hecho de que Lezama era para mí, en términos de publicación digital, un camino a medio andar, en tanto había editado antes muchas de sus obras para libros electrónicos.

Si bien esto significaba cierto adelanto, para nada era «coser y cantar», pues es conocido por todos lo extraordinaria y compleja que resulta la obra de José Lezama Lima, uno de los más importantes escritores hispanoamericanos del siglo xx, cuya labor poética, narrativa y ensayística fue viendo la luz en un sinnúmero de publicaciones cubanas y extranjeras con las cuales colaboró o fundó, como fue el caso de Orígenes. Un autor que recibió premios en Italia y España, y actualmente ha sido estudiado, antologado y traducido a otras lenguas en Cuba y fuera de la isla.

Los investigadores, en su gran mayoría, coinciden en que su poesía se caracterizó por lo renovador de la propuesta formal y conceptual, mientras que su prosa ensayística es de una pródiga naturaleza poética y simbólica, todo lo cual resulta en una obra culterana, saturada de claves, enigmas, alusiones, parábolas y alegorías con una trayectoria difícilmente clasificable en un movimiento literario.

Mas el empeño de Lezama se concentró en una obsesión que atraviesa toda su producción: la cultura debía ayudar a derribar los muros que segmentan el pensamiento del hombre y dificultan su relación con el universo. Esto lo llevó a estructurar una singular teoría de la creación, un sistema poético del mundo en el cual este puede explicarse a través de la metáfora, y la imagen poética es el motor de la Historia. El conocimiento solo es posible, si nos sustraemos del flujo temporal para llegar a la esencia de las cosas y esto implica «apetito cognoscente», una voluntad y un desafío como «conquistador de la suprema esencia».

Este sistema poético es a la vez una filosofía y un programa estético. De ahí que el autor se vea en la necesidad de definir un universo categorial y estilístico propio que, aunque tuvo la primera recapitulación de los lineamientos básicos de su doctrina en los ensayos recogidos en Analecta del reloj, ve su expresión más consolidada en La cantidad hechizada.

Por este camino, aun cuando su propósito barroco por edificar o corregir a fondo toda una civilización difiere de las poéticas de sus contemporáneos, Lezama tiene puntos de contacto importantes con las búsquedas de los más notables narradores latinoamericanos de mediados del siglo xx que, no satisfechos con los códigos regentes para explicar su realidad, intentan descubrirla desde otros ángulos, con la profundidad filosófica y la fantasía que les proporciona el mito, un mito que va a ocupar los vacíos de significación, las lagunas ocasionadas por el tiempo, pero que para él debe ser reinventado tal como expresara en «Mitos y cansancio clásico», disertación que aparece en el ciclo de conferencias recopiladas en su libro de ensayo La expresión americana, en el cual encontramos, justamente, uno de los momentos altos en la madurez del autor, quien se abre a una visión totalizadora de la cultura y a la reflexión acerca del destino hispanoamericano, a partir de un método hermenéutico que logra establecer una relación entre la imagen que el paisaje imprime en el grupo humano que lo habita y su relación con el universo. Como él mismo diría: «la imagen participando en la historia» explica la manifestación de lo trascendente en el tiempo.

Por su parte, Tratados en La Habana, constituye un compendio de reflexiones acerca de libros leídos o exposiciones de artes plásticas vivenciadas, trabajos críticos sobre la obra de otros poetas, fabulaciones y experiencias de un escritor en constante diálogo con el universo desde la exquisitez de su sensibilidad.

Además de su ensayística, la multimedia que hoy le ofrecemos incluye su obra cumbre, que para muchos críticos, devino una especie de summa totalizadora de su literatura y que él mismo llamara súmula. Considerada por muchos como una de las mejores novelas del siglo pasado, Paradiso, al decir del propio Lezama, surge paralelo a todo el sistema poético que diseñara: «Era como su ilustración, su iluminación. Los personajes comenzaban a relacionarse como metáforas y las situaciones se comportaban como imágenes. La poesía y la novela tenían para mí la misma raíz. El mundo se relacionaba y resistía como un inmenso poema».

Paradiso no es, ni pretende ser, un libro realista como los decimonónicos espejos de un entorno, él es «del linaje de los libros donde asunto, personajes, situaciones, son apenas el signo visible de algo invisible, en los que el devenir narrativo es un modo perceptible de discurrir sobre ver­dades trascendentales y esclarecer enigmas», como dijera Roberto Méndez, quien más adelante apunta: «Pue­de leerse como poema o como novela transgresora, disfrutarse como singular crónica de lo cubano o mirarlo como una parodia de La Divina Comedia, donde el protagonista se acerca al Paraíso cristiano después de haber recorrido las más variadas y sombrías experiencias. De modo singular es un ensayo barroco sobre nuestro ser y  la tentativa de fundar toda una literatura nueva».

Terminados los textos de Lezama, se abría un telón que, sin yo saberlo, iba a descubrirme una vertiente exquisita de nuestra novela histórica, en la que convergen realidad y testimonio con una ficción cuya fluidez y veracidad se sustenta en un trabajo de investigación detallista, sin abandonar el atrevimiento de un discurso despojado de toda rigidez o encartonamiento, que recrea la cotidianeidad de la forma más amena y encantadora. Se trataba de la obra de Marta Rojas Rodríguez, excelente periodista y narradora cubana, quien por su destacada labor profesional en el periodismo latinoamericano y una obra literaria de calidad reconocida, fue propuesta por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) de Buenos Aires, para integrar el jurado del Premio Miguel de Cervantes, Madrid 2011, y a quien la Casa de las Américas le ha confiado la responsabilidad, en dos ocasiones, de integrar el jurado del premio de la crítica en su concurso más importante.

Esta santiaguera de risa diáfana y andar menudo, es acreedora de múltiples distinciones que abarcan los ámbitos de la literatura y de una prensa comprometida con nuestra realidad y las causas más justas del orbe. Cuentan en su haber, pues, el premio Casa de las Américas 1979; el Alejo Carpentier 2006 en novela; la Réplica del Machete de Máximo Gómez y el premio nacional de periodismo «José Martí» en reconocimiento a la obra de su vida, en 1997; entre otros.

Numerosos son los criterios de personalidades de la talla de Alejo Carpentier, Lisandro Otero, Mirta Yáñez y muchos otros, nacionales y extranjeros, que toman partido por la narrativa de Marta porque –plena de talento, ironía, juego de palabras, hipérboles, doble sentido y figuras literarias– recrea de forma artística y osada el hecho histórico, el nacimiento de la nación cubana y su preocupación por la cultura y la identidad –como dijera la poeta y narradora cubana Marilyn Bobes– «con una verosimilitud que evidencia, sobre todo, una experiencia vital más allá de los escenarios y sus protagonistas»; para, como también destacara esta poetisa, «sortear los riesgos que entraña una visión desprejuiciada de la sexualidad, cuando no viene acompañada de ese aliento poético juguetón con que la autora sabe desafiar tan importante reto».

La selección de esta multimedia invita a los lectores, a vivenciar, desde dentro mismo del fenómeno y no desde nuestra lejanía temporal, aquellos temas que sería imposible dejar a un lado cuando nos remontamos a la Cuba colonial, y que tratan estas tres importantes novelas de Marta Rojas con una perspectiva a la vez firme y fresca: la ominosa trata de esclavos sustentada en el comercio de negros y asiáticos, los viajes, las migraciones, el exilio, la constante restructuración social, los conflictos raciales, el papel que fue asumiendo la mujer paulatinamente, las primeras conspiraciones, la conformación de un sentimiento nacional con el nacimiento del criollo…

De Santa lujuria alguien diría con toda razón y permítasenos parafrasear:

 

«… nos entrega una saga en la que se deshacen los estereotipos; [donde] la autopercepción racial y, con ella la compleja evolución de la identidad [abarca un amplio diapasón desde el beneplácito de unos en el autorreconocimiento y aceptación, hasta personajes que como Filomeno reniegan de manera tajante y ridícula su origen  [al punto que el oportunismo y las traiciones hacen presa de su actuar]. [Una saga donde] la crudeza de la esclavitud y los manejos de la política en una época de formación, son aspectos que […] consiguen aflorar con sorprendente originalidad [en un] relato […] [cuyos personajes han sido] delineados con mano astuta […], [y salpimentados con la genialidad de una pluma que sabe entrelazar] el humor y el sexo».

 

Asimismo, El harén de Oviedo revive temáticas de amor e identidad a mediados de un siglo XIX, en el cual comienzan a gestarse el autorreconocimiento y la lucha de una incipiente clase criolla por legitimar el lugar que le correspondía; y, como Santa Lujuria, transcurre entre los escenarios de Cuba y Estados Unidos, esta vez, en el frío Nueva York. Una vez más Marta desempolva hechos cuidadosamente investigados, los utiliza pasándolos antes por el fino tamiz de una imaginación llena de recursos –tantos que nos hace dudar si realmente José White, también personaje de la novela, compuso La bella cubana inspirado en la Avellaneda o en Enriqueta, inteligente personaje que se erige en protagonista por su intrepidez, firmeza y perseverancia, cualidades que comparte con una desprejuiciada y natural manera de llevar las relaciones amorosas sin menoscabo de su recato y elegancia–. De esta suerte, queda en nuestras manos lectoras un impecable ejemplar de historia hecha poesía, o mejor de poesía hecha ya historia.

Por su parte, El equipaje amarillo –novela que fue traducida al chino y publicada en Beijing el pasado año–  pone sobre el tapete el drama de los culíes traídos a Cuba y con ello completa Marta Rojas los elementos esenciales en el diálogo entre culturas que vivenciara nuestra exuberante isla y que, con su acierto y cubanía acostumbradas, Fernando Ortiz nombrara «ajiaco». De la Ciudad Prohibida y otras regiones del Oriente nos llegaron la sensualidad, el refinamiento, la suavidad, el color y un mundo de ensueños que la maestría de la autora traslada a una perspectiva en la que queda atrapado el lector. Pero también nos llegó el dolor, no menos intenso que el del África. Nicolás Tanco, el protagonista descendiente de asiáticos, resultará irónicamente un comerciante de seres humanos, opio y láudano, que con el fin de llevar a feliz término su lucrativo negocio tejerá, con «calculadora y diabólica eficiencia», las más sutiles intrigas para envolver a los demás personajes que forman todo el entramado colonial cubano en una gama tan multicolor como el espectáculo mismo que Tanco se inventa.

Cuando avanzado ya diciembre aún faltaban las tres novelas de Daniel Chavarría y parecía que Cronos quería asestar un golpe mortal, el ímpetu emergió sobre tres pilares esenciales. Primero, la deuda personal con mi anhelo de editar la obra de uno de esos autores que se empiezan a amar desde la adolescencia, la obra del carismático profe de latín que los azares de la vida no me permitieran disfrutar en su labor pedagógica in illo tempore. Segundo, la colaboración generosa del Chava y sobre todo de Hilda, su esposa, siempre atenta y sabia en sus recomendaciones, timón imprescindible para enrumbar la obra. Tercero, y de seguro el más importante, el reclamo de Uds., ese público lector que espera siempre ávido cada nueva edición de este autor prolífico de novelas, cuentos y periodismo político y literario, que ha devenido en una figura destacada de la literatura contemporánea en lengua hispana, gracias a su maestría en el arte de fabular, entretejer atractivas tramas que combinan la aventura, el suspense, el policiaco, lo histórico, con un toque de picaresca; acuñando un estilo original, único, que brilla también por el dominio –debido  a su condición de filólogo de vasta cultura–  del dialectalismo, la dicharachería popular ingeniosa y las jergas lumpescas de varios países en nuestra región, así como por su audacia en el manejo de la sexualidad y la comedia popular sin vulgarismos ni groserías. Como género novelístico Chavarría eligió el de intrigas políticas – nos asegura Hilda–, convencido de que la épica revolucionaria requería una narración vinculada a la aventura, como lo han sido sus mejores exponentes en la literatura universal, ajenas a las simplistas o sucias tramas de espionaje. La suma de todo ello le ha ganado, no solo el favor del público, sino también el de la crítica, así como numerosos premios y distinciones internacionales, entre los que cuentan el Premio Nacional de Literatura 2010, por la obra de toda una vida, y su equivalente en Uruguay: el Bartolomé Hidalgo.

En la edición que hoy, en forma de multimedia ofrecemos, el asiduo lector de la vasta obra de Chavarría, podrá encontrar tres novelas que, en su diversidad, constituyen una muestra del amplio espectro temático en el que se mueve dentro de su género nuestro autor:

Adiós muchachos –merecedora del codiciado premio Edgar Allan Poe, otorgado por la Mystery Writers of America a la mejor novela policiaca publicada en EE.UU. durante el año 2001– nos devela un fresco de la vida cotidiana habanera en su más rica complejidad, de cuya trama policial emergen personajes conocidos como la jinetera y el extranjero residente en Cuba, en un escenario plagado de ambiciones que generan las más turbias relaciones, todo ello aderezado con un humor sutil, el uso de un lenguaje sin eufemismos y un erotismo verbal y factual, que hacen de esta una novela de gran amenidad, donde se mezclan el sexo, el humor y una intriga policiaca impecable. «Una novela –como dijera el periodista Carlos Zamora Rodríguez– cuajada de guiños a la realidad más inmediata aunque desde la mirada comprometida del hombre que no confunde las imperfecciones con las esencias».

Una pica en Flandes, novela dedicada a los cinco héroes cubanos quienes hasta hace poco cumplieron injustas condenas en los Estados Unidos de América, es un thriller con ingredientes de picaresca, trama policiaca y comedia erótica, que luce uno de sus mayores logros en la manera en que hace una clara denuncia a las campañas de mentira, terrorismo de Estado y guerras petropiratas del gigante del Norte, sin caer en «teques» políticos que afectarían «la calidad estética» distintiva de todo texto artístico. Por el contrario, Chavarría hace gala, una vez más, de un pródigo alarde de invención narrativa, cuyo trasfondo no es la literatura, sino la vida misma, de modo que al lector le parece estar ante un cuentero de marca mayor, de esos que con su palabra hipnotiza al círculo de amigos con historias sacadas de debajo de la manga o con la dramatización eficaz de una anécdota. Así, enfrentados de nuevo a la estructura río, encontramos tres historias de la mano de sus personajes, cuyas opiniones, actitudes y actuaciones políticas nacen de trayectorias vitales difícilmente clasificables, y quienes, opuesto a las convenciones novelísticas, son los que dictan e inclinan el curso de una trama que gira en torno al desciframiento de enigmas, convocados por una misteriosa fundación de ancianos cosmopolitas encarada a la flor y nata del bandidismo internacional.

El ojo de Cibeles, ficción histórica apasionante con un lenguaje que atrapa desde la primera palabra, utiliza los recursos del suspense para adentrarnos, magistralmente, en el ámbito de la antigua Grecia, con sus contradicciones y conflictos, acercándolo a nuestra contemporaneidad. En un entorno de misterio e intrigas, Chavarría nos devela el tránsito esplendor-decadencia de uno de los emporios más importantes que sirvieron de cimiento a la cultura occidental, incluso como precursora de los orígenes del cristianismo. Pero como él mismo ha declarado «a la Atenas de Pericles se llega mejor por el atajo de Macondo que por la erudición decimonónica europea», así que luego de exaltar a sus figuras más veneradas, las desacraliza y nos las muestra en su humana imperfección. La trama principal gira en torno a la búsqueda de una amatista robada del templo de Atenea Parthénos y sirve de pretexto para entroncar a ella un sinnúmero de eventos que revelan las entrañas de una sociedad y su maquinaria, a la vez que pone ante los ojos ávidos, un mundo en sus más íntimos detalles, aquellos que los libros de Historia no suelen contar. ¿Fantasía o realidad? El límite de esta frontera queda sujeto a la voluntad del lector… Numerosos son los criterios que ha suscitado esta novela, tantos y tan disímiles como lecturas y percepciones pueda haber, pero todos coincidentes en su incuestionable calidad artística que le ha valido importantísimos premios como el Planeta-Joaquín Mortiz, México, 1993; el Ennio Flaiano, 1998, a la mejor novela publicada en Italia por un autor no europeo y el de Educación y Cultura en Montevideo, 1994. Al decir de algunos críticos este «es uno de los libros más reveladores acerca de las relaciones entre sexo, poder y religión». Una lectura más atrevida puede que halle, incluso, un recorrido medular por inquietudes filosóficas que han asomado al panorama existencialista del ser humano a lo largo de su historia. Sin dudas, una joya de la narrativa, excelente, amena e integradora.

A la par de todo el empeño editorial, surgía otro conflicto de resistencia que era preciso vencer y debía comenzar por mí misma –por qué negarlo–. La realidad es que todavía la mayoría de nuestros lectores apuestan por los libros impresos: ¿quién puede resistirse al disfrute romántico de pasar la página y sentir el olor de un libro nuevo entre sus manos? Pero también es cierto que un porciento enorme, sobre todo entre las generaciones más jóvenes a quienes nos interesa llegar puntualmente para incentivar el amor a la lectura, tienen una marcada preferencia por los dispositivos electrónicos.

Lo primero era reconocer las indiscutibles ventajas que el uso de las tecnologías han sumado al mundo del libro y del conocimiento, dadas fundamentalmente en el orden económico y logístico, así como las facilidades para ediciones y actualizaciones en un menor tiempo, o las comodidades que el lector percibe en cuanto a espacio, traslación, anotaciones al texto, búsqueda rápida de palabras o aumentos al tamaño de la letra e incorporación de la modalidad de audiolibro para personas con deficiencias visuales. Sin dudas un espectro amplio de posibilidades, aun cuando queden cuestiones por resolver globalmente de manera más eficaz en el orden de la seguridad ante la piratería o la pérdida del control comercial de la obra por las casas editoriales.

Evidentemente, el auge de los libros electrónicos será cada vez mayor y probablemente terminen siendo la regla y no la excepción, aunque creo que ambos terminarán, felizmente, coexistiendo. Cuba lleva un tiempo incursionando en los formatos de discos para ordenadores, como es el caso que hoy nos ocupa, y ha comenzado ya a dar pasos serios en el terreno de las publicaciones digitales para dispositivos e-book y móviles.

Teníamos, pues, muchísimas razones para cuidar que el producto final tuviera una calidad óptima. Así nos dimos a la tarea con Javier Toledo Prendes –director artístico y diseñador en quien concurren capacidad creativa, dominio técnico, responsabilidad y osadía– de diagramar y pensar los diseños de modo que fuera el proyecto lo más atractivo y seguro posible. Esto implicaba, amén de los requerimientos necesarios para hacer la lectura saludable –fondo  refrescante a la vista, tipografía sencilla, con puntaje alto y color adecuado, interactividad, etc.– tomar todas las medidas de protección del derecho de autor e incorporar imágenes y música que le dieran el carácter de multimedia que estábamos buscando. La selección de la música se hizo de acuerdo con los temas tratados y los estilos de los autores, de modo que la lectura de Lezama irá acompañada de una pieza clásica del Barroco referenciada con frecuencia en sus obras: Toccata & Fugue in D Minor for Organ, de Johann Sebastian Bach; para Marta Rojas no podíamos ceder a otra elección que no fuera La bella cubana, de José White, que podrán disfrutar en versión de la Camerata Romeu; mientras que el propio Chavarría nos sugirió para sus Tres novelas un tango tradicional de su país natal, La cumparsita, del músico, pianista, director y compositor uruguayo Gerardo Mattos Rodríguez.

Con el tiempo contado y mucho trabajo pendiente aún, se imponía tocar puertas para gestiones colaterales como los temas musicales y algunas imágenes. Puertas que, con más o menos suerte en su empeño, hoy merecen nuestra gratitud. ¿Cómo olvidar, entonces, a antiguas compañeras de mi niño en el Conservatorio; a Alfredo Montoto; a Jacqueline Carbó; a Gustavo Blanco, a quien además de las pinturas y grabados debo agradecer sus consejos siempre oportunos; a mi hijo y a mi esposo que con su apoyo también hicieron posible la empresa; a Eduardo Cordoví, siempre solícito en los trámites del ISBN para el registro de las multimedia o al propio Javier que constantemente transmitía su espíritu optimista y cierta tranquilidad sustentada, más que todo, en la profesionalidad que este joven perfeccionista ha ido demostrando durante el tiempo que llevamos trabajando juntos?

Finalmente, al menos por esta vez, Cronos se había replegado para, en una de esas treguas que nos concede en el camino de la vida, permitirnos decir, sin vanaglorias que nos lleven a la hybris, que estamos satisfechos por este resultado que hoy Letras Cubanas pone en vuestras manos y esperamos disfruten.

Muchas gracias a todos y, en especial, a los autores.

La Cabaña, 19 de febrero de 2015

 

La Feria del Libro de La Habana, día a día y por dentro, míralo y descárgalo en: Youtube

 

Editado por: Dino Allende