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Reto a la soledad

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

 

Un joven cubano, envuelto en una misión militar internacionalista en suelo etíope, cayó prisionero durante un combate. Su vida es respetada por el enemigo, que, no obstante, lo reduce a un feroz cautiverio. Casi once años más tarde, las gestiones del gobierno cubano y la Cruz Roja ante el régimen de Somalia conducen a la liberación de Orlando Cardoso Villavicencio.

Se torna verdaderamente difícil intentar referirse al tema, o reflejar las experiencias vividas por aquel joven que sufrió su propio y auténtico Calvario sin renunciar por un momento a la esperanza, a sus principios y valores como ser humano. Tal vez solo resulte adecuado recomendar la lectura de Reto a la soledad, las memorias donde aquel vuelca los estremecedores sucesos y sentimientos atravesados durante aquellos años sombríos.

Para la corriente, vigésimo cuarta edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, la editorial Verde Olivo preparó una nueva edición de las memorias del hoy coronel Cardoso Villavicencio. La tirada masiva está plenamente justificada, pues las anteriores se han agotado y generado un marcado interés en el público lector. De hecho, la obra ganó en el año 2007 el premio otorgado por la Biblioteca Nacional José Martí, Puerta de Espejo, dedicado anualmente al título más solicitado en préstamo.

De algunos de los detalles relacionados con la vida y obra del protagonista, pudo conocer el público asistente a la sala Nicolás Guillén, de la fortaleza de La Cabaña, la tarde del pasado miércoles. El coronel Jorge Galbán Blanco, director de Verde Olivo, señaló a Cardoso Villavicencio como uno de los verdaderos héroes que pueden conmover a los cubanos, especialmente en edades juveniles. En circunstancias verdaderamente inhumanas, de aislamiento, hostigamiento, del más extremo rigor carcelario, aquel combatiente reveló una fuerza de voluntad extrema; conservó su integridad; se apoyó en los recursos a su alcance para sostener, en sus rutinas físicas diarias, el máximo orden y limpieza posibles. En cuanto dispuso de los recursos necesarios, se dedicó además a la lectura y, poco después, a escribir, como práctica para fortalecer el espíritu y preservar el optimismo respecto a la futura liberación.

La conocida doctora María Dolores Ortiz, quien estaba presente en el panel en calidad de amiga y prologuista de la obra, intervino para reafirmar los argumentos de Galbán Blanco, y destacar lo oportuno de obras como esta, que aminoran cierto vacío testimonial que ella percibe, relativo a las epopeyas de las misiones internacionalistas cubanas. La profesora añadió que este relato viene a demostrar, también, la continuidad del heroísmo de los patriotas cubanos, que se han visto sometidos a los más crueles cautiverios en distintas etapas de nuestra historia, desde el Presidio Político de Martí hasta la Prisión Fecunda de los moncadistas. Para ella, además de un testimonio, este libro es una demostración de cuántos recursos puede encontrar un ser humano dotado de grandes ideales, para resistir en las más horribles condiciones, cuando parece que no existen más caminos, y tan solo mantener la esperanza es ya una verdadera proeza.

Isora Gutiérrez Romero, quien realizó la labor de editora de esta última tirada y compartió el estrado, refirió algunas de las circunstancias del proceso. Se intentó organizar la obra para favorecer su comprensión respecto a las anteriores versiones, explicó, así como incluir mayor cantidad de notas al pie para apoyar su lectura, según fuera a parar a manos del público nacional o extranjero.

Cuando Orlando Cardoso Villavicencio tomó el micrófono, comenzó por relatar las dificultades en el proceso creativo de Reto … Las terribles imágenes de lo sucedido todavía le generaban pesadillas, explicó, incluso años después de conseguida su libertad y regreso a la patria y la familia. Ya había concretado algunos proyectos, que comenzara en la mismísima prisión; obras narrativas para niños como Wendy y el duque Pedro y otras, ya ofrecidas con gran aceptación en Ferias anteriores. Escribir, entonces, sobre su propia epopeya, se tornaba una especie de meta imperativa, por más que durante el proceso resucitaran todos los viejos demonios que lo atormentaron. Para ello, tenía que revivir momentos tan traumáticos como los escenarios de la prisión, o el momento de la caída de sus compañeros y su propio apresamiento.

La expectativa, en la sala Guillén, alcanzaba un altísimo nivel. La presencia de varios de los conocidos luchadores antiterroristas cubanos, liberados el pasado diciembre, había tenido también su parte en esto. Cardoso Villavicencio invitó primero al general de cuerpo, Álvaro López Miera, a referirse a la acción combativa en África en la que fue hecho prisionero; después invitaría al héroe René González Sehwerert.

López Miera detalló algunos pormenores del combate, en el que participó al frente de fuerzas cubanas de artillería. Rindió respetuoso homenaje a aquellos hombres, muchos caídos en el cumplimiento de un ideal de gran valor, y destacó asimismo la nobleza de Cardoso Villavicencio, que lo motiva a apreciarlo como hijo, a pesar de que no es tanta la diferencia de edad, o como a un amigo, uno de esos buenos especiales amigos que alguien pueda encontrar en la vida.

Por su parte, González Sehwerert –hablando de emboscadas, ¿eh?, se quejó jocosamente, seguro al general le habían advertido que tenía que hablar–, se referiría al valor que les infundió recibir ese libro, en la prisión donde estaba recluido. Devoró el libro en solo dos días; lo prestó y nunca más lo pudo recuperar pero, para su mayor sorpresa y emoción, con frecuencia otros prisioneros llegaron para comentarle que habían visto circular, y recomendarle: “un libro buenísimo de un cubano que estuvo preso”.

Cardoso Villavicencio retomó la palabra para comunicar su satisfacción por la popularidad del libro, merecedor de premios semejantes a los alcanzados por “monstruos” como Leonardo Padura y Daniel Chavarría. El hecho de su popularidad entre la juventud lo reconforta enormemente, y lo confirma en su postura de confiar en las nuevas generaciones, por su potencial patriótico y entusiasta. Tan solo le gustaría, pidió, que llegara un número mayor de estos libros a las demás provincias del país.

El autor realizó, al final, los consabidos autógrafos para los ejemplares que le acercaron los entusiastas lectores, si bien es cierto que los héroes antiterroristas compartieron un grado semejante del acoso de cariño, y los deseos de los demás asistentes de compartir un momento, una firma o una fotografía.
  
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Editado por: Nora Lelyen Fernández