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Abril, una estación que viene y va

por: Déborah García

En las noches de abril, mansas y bellas,
en tanto que recuerdas o meditas,
ascienden al azul las margaritas
y se truecan en pálidas estrellas.
Cuando el sol, en las mares infinitas
de Oriente desparrama sus centellas,
descienden a los campos las estrellas
y se truecan en blancas margaritas.
Por eso, cuando llena de rubores
deshojas margaritas de alabastro,
auguran el olvido y los amores:
conocen el futuro: han sido astros.
Comprenden el amor, han sido flores.


Con este poema de Amado Nervo se inicia la noveleta que hoy les presentamos, destinada al público juvenil en cuyo título coinciden el nombre de la protagonista y el del mes que el imaginario popular identifica como temporada de amor y flores.

No ignoro que hablar de amor y flores pueden provocar en no pocos lectores avisados el prurito de lo cursi, el peligro de la banalidad emocional que por tantos flancos nos acecha, pero lo que nadie puede soslayar es que justamente el rango de edad al que va dirigida esta obra es un período en el cual, con mayor o menor recelo, el amor es el tema alrededor del cual gravitan todos los demás, de manera que si el temor a lo cursi venciera a quienes escriben para jóvenes, los jóvenes hallarían igualmente sustancia para sus ensoñaciones, ya sea en dulcérrimas teleseries o en los eternos Corín Tellado y compañía, proveedores a granel de todo aquello que quisiéramos ahorrarles.

Un loable propósito sería, pues, poner alguna que otra vez nuestras mejores armas en función de generar obras que abordarán esta temática de alta demanda dentro del universo juvenil, procurando propuestas novedosas que consigan evadir los habituales moldes melodramáticos.

Este fue, sin dudas, el propósito de Sigrid Victoria Dueñas al concebir Abril. Tras exitosas entregas que se han ido desplazando desde un lector potencial muy pequeñito en Los Noseniqué tienen la panza rayada (premio Calendario 2003) hasta un lector adolescente, informatizado y futurista en Ciudad en Red (primera mención del concurso Edad de Oro 2009), pasando por el que es mi preferido, El inicio del cuento, que siempre me pareció uno de los mejores libros de literatura para niños y jóvenes publicados en el país, el factor común en la literatura de Sisi podría ser lo fantástico, y siendo esta su arma natural, el terreno por el que transcurre su creación, era de esperar que fuera su manera de apostar por una historia de amor adolescente, capaz de ofrecer algo más, una visión de autor, una psicología de personajes coherentes y armónicos.

Precisamente esa intervención de lo fantástico coloca a estos muy jóvenes personajes en cierta posición que no les adelanto y que los aparta de la injerencia de otras voces. Así, sin mediación de adultos, les queda a ellos todo el espacio en esta historia para dar forma a las dudas que les provoca la transformación de sus cuerpos y sus afectos, el modo y el momento apropiado para renunciar a la virginidad, la naturalidad con que puede una  muchacha ser quien primero confiese sus sentimientos sin atender al prejuicio que impone este rol a los varones, en fin, los primeros pasos en un universo adulto que a la vez les atrae y les inquieta.

Tal como anuncia la nota de contracubierta, un extraño secreto compartido une a dos adolescentes (y a la vez nos une) en el peregrinar por esos días intensos, desconcertantes y volátiles que conforman la primera juventud.

A menos que cerremos las puertas y ventanas, es cosa sabida que los abriles acuden sin aviso, de modo que si llegásemos a temer la puerilidad de dedicarles sonetos y romances, quizás sea tiempo de volver, aun a escondidas, a procurar las margaritas de Nervo, a levantar los ojos con rumbo a las estrellas, porque esto nos obligaría, al menos, a mantener abiertas las puertas y ventanas: un gesto que facilita, en la mayoría de los casos, que corra el aire fresco.

Recomiendo, pues, a los jóvenes lectores que se encuentren por vez primera con la literatura de Sigrid, que una vez disfrutada Abril, busquen y disfruten el resto de su obra, búsqueda que quizás no resulte muy sencilla considerando las cantidades de ejemplares y la ausencia de rediciones, pero que acabará conduciéndoles a sitios gratos de nuestra literatura joven.


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 Editado por: Dino Allende