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Quinceañeras que ya no caben en sus territorios

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

El tradicional Encuentro de Editores de la Feria Internacional del Libro dedicó una sesión, este jueves, a un cumpleaños muy esperado por acá por estas tierras. El Sistema de Editoriales Territoriales (SET) cumple por estos días los quince años de su establecimiento como un conjunto integrado al desarrollo de la literatura y la cultura nacionales.

A efectos de rendir un bien ganado homenaje, se preparó una mesa redonda en la sala Nicolás Guillén, de la fortaleza San Carlos de La Cabaña, en la mañana de este jueves. Presidió el escritor y editor Esteban Llorach, quien compartió inicialmente con los colegas Teresa Melo Rodríguez, Rene Coyra y Jesús David Curbelo. Para el debate final, se incorporaría Zuleica Romay Guerra, la destacada escritora e investigadora que preside adicionalmente el Instituto Cubano del Libro; pero ya llegaremos a ese momento.

De inicio, el público pudo convenir con Melo y Coyra, sobre las muchas razones para rendir un homenaje a las quinceañeras, nacidas en un período muy peculiar, de grandes precariedades materiales y muchas incertidumbres para los intelectos. Las dotaciones tecnológicas de que disponían en su nacimiento resultaban necesariamente elementales, nucleadas alrededor de las conocidas máquinas Rizo. Abundaban también los cuestionamientos relativos a la propiedad de su existencia. Frente a todo esto los colectivos humanos que nuclearon se sobrepusieron y lograron concretar un proyecto de sumo valor, capaz de recuperar notables talentos en todos los territorios, de revitalizar la vida artística y cultural, en tantos rincones que parecían apagados.

Estas casas permitieron eslabonar una pieza clave, faltante hasta el momento, del panorama literario cubano en todos los géneros. No han faltado grandes cerebros de este país, como Olga Portuondo y Eduardo Torres Cuevas, quienes han comentado que se debe hablar de un antes y un después de la historiografía cubana, merced al trabajo de estos centros.

Las editoriales territoriales han experimentado un proceso de maduración natural, apuntaron los panelistas, que les ha permitido un crecimiento no solo en volumen, sino también en calidad y profundidad de contenidos. Además de recoger la obra de los talentos locales, han incorporado ya a sus planes, títulos de escritores clásicos nacionales e internacionales, dentro de las posibilidades de cada una. La evolución seguida permite avizorar un horizonte cercano, donde concurran en igualdad de condiciones con cualquier otro sello editorial nacional y desaparezca el carácter territorial que cada vez les queda más estrecho.

Por su parte, Curbelo realizó un aporte muy oportuno, al testimoniar respecto a un proceso de discusión y críticas constructivas que realizara en su momento. Como toda obra humana, estos empeños habían de padecer de imperfecciones, problemas de varios tipos, e ignorarlos no contribuiría para nada a su progreso, como comentó. De ahí que, con el ánimo de ayudar al perfeccionamiento de un sistema que lo ayudó mucho a él mismo en sus inicios como poeta, emitió en su momento criterios serios en relación con aquellos problemas. Como era de esperar, ciertas personas con niveles de autoridad no se sintieron complacidas, y sus preocupaciones le valieron discusiones y disgustos de variada laya pero, al final, ha tenido la satisfacción de apreciar cómo se han resuelto paulatinamente la mayoría de los señalamientos que hizo.

Al final de las exposiciones ocurrió una discusión de gran valor que desembocó en la intervención de Zuleica Romay Guerra. La presidenta del ICL, con todo el peso de su prestigio, defendió la necesidad de que todos los involucrados en el proceso creativo literario, desde las direcciones hasta los editores, tomaran una postura activa en la planificación del trabajo, que las decisiones deben ser resultado de un proceso democrático, donde todos tengan la oportunidad de establecer su criterio, con valor y sinceridad. De esta suerte, las obras que al final resulten publicadas, tendrán un aval más adecuado a su valor intrínseco y no circunstancias colaterales de personalidades o relaciones.

Este evento sirvió como antesala a la entrega del premio La Puerta de Papel, del año 2014, dedicada a los mejores libros publicados por el SET el año anterior.

 

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Editado por Yaremis Pérez Dueñas