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El mundo es nuestro de Alejandro Stilman y otros relatos

por: Nancy Maestigue Prieto

El pasado 23 de agosto de 2014, en el año que se celebraba el centenario del natalicio de Julio Cortázar se conoció quién había obtenido el Premio Iberoamericano Julio Cortázar en su decimotercera edición. El jurado, integrado por el escritor argentino Vicente Batista; los cubanos, Margarita Mateo, profesora y escritora, y el escritor Rogelio Riverón decidió galardonar, por unanimidad, “El mundo es nuestro” del argentino Alejandro Stilman, debido a “los valores de un argumento que con irónica meticulosidad pone en tensión conceptos como los de identidad, esperanza o cultura, en un cuerpo textual fuertemente energizado”, según el análisis de los tres intelectuales; conceder Primera Mención a “Las ballenas” del venezolano Gabriel Payares, porque “consigue una densidad alegórica consonante con la conocida como long short story, en una historia en que el viaje es, a la vez, movimiento y transformación”, y la menciones en igualdad de condiciones: “Sala de lectura”, “La nota”, de los cubanos Edelmis Anoceto y Sergio Cevedo, respectivamente; “Ignaciosiempre” y “El ruso” de los argentinos Elizabet Jorge y Javier N. Fernández.

La Editorial Letras Cubanas tuvo a su cuidado la publicación de El mundo es nuestro de Alejando Stilman y otros relatos, en un volumen donde se incluyeron, además del premio, la primera mención y las menciones.

En la presentación del libro, Rogelio Riverón, quien obtuvo este premio en el año 2006 “si mal no recuerdo”, celebró la permanencia del concurso y sostuvo que se encontraba en un buen momento por el nivel de convocatoria, tanto para escritores cubanos como de otras latitudes.

Al dársele la palabra, el premiado, Alejandro Stilman, expresó su agradecimiento “sin fórmulas” y confesó que cuando recibió el correo electrónico donde le comunicaban los resultados, lo primero que vino a su mente fue la imagen del primer párrafo del cuento, donde aparece la calle Corrientes, núcleo en la década del setenta de la vida política e intelectual argentina. Hizo alusión a una librería de esa calle, y en ella, su madre le señaló que el vendedor era hermano del Che (Ernesto Guevara), algo que le impactó, por la significación que para él tiene el Guerrillero Heroico. Años después, en una cafetería de esa calle, descubrió a Cortázar, y a seis cuadras más lejos, escribió “una nota periodística sobre el padre del Che, y de alguna forma, apareció Cortázar”.

Sorprendió que en el público se encontraran tres de los que habían recibido las menciones: Elizabet Jorge, Javier N. Fernández y Sergio Cevedo, quienes también compartieron sus impresiones.

“Venimos de lejos, pero en realidad de muy cerca” fueron las palabras de Elizabet al escuchar que tanto ella como Javier habían venido de muy lejos. Pensó en un momento en no mandar su cuento, no lo consideraba “cortaciano”, pero lo eligió porque era un especie de homenaje a su profesor de Literatura, el único desaparecido de su pueblo cuando la tiranía. Por él conoció a Cuba. El cuento se titula “Ignaciosiempre”, porque nunca pudo pisar suelo cubano, “aquí está”.

Por su parte, Javier —recibió el diploma en ese momento—, reconoció que de pequeño era vago para leer, que su acercamiento a la literatura comenzó con el Diario del Che en Bolivia, y a partir de ahí entró en contacto con esta manifestación y con Cortázar. Los primeros intentos fueron a los trece o catorce años, pero “siempre ubicando a Cortázar”.

El cuento de Sergio Cevedo tampoco es “cortaciano”, lo mandó porque es competitivo, es su naturaleza, pero el estímulo y la amistad compartidos con los otros premiados le satisfizo muchos, porque según sus propias palabras, “el mundo es nuestro”.

 
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Editado por: Nora Lelyen Fernández