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Cobertura informativa

Un coloquio para Finlay

por: Fernando Rodríguez Sosa

La bicentenaria Universidad de La Habana fue el escenario seleccionado como sede del Coloquio de Ciencias que, dentro del programa de la 24 Feria Internacional del Libro de La Habana 2015, rendía tributo al doctor Carlos Juan Finlay, en ocasión del centenario de su muerte, ocurrida, en La Habana, el 19 de agosto de 1915.

El encuentro, que se propuso develar facetas poco abordadas de la obra del prestigioso científico, sirvió para esclarecer algunos de sus aportes a la ciencia cubana, más allá de –como es conocido— haber sido el descubridor del mosquito Aedes aegypti como agente trasmisor de la fiebre amarilla.

En una interesante y documentada conferencia, que servía para dejar inaugurado el coloquio –efectuado en la Facultad de Derecho del alto centro de estudios—, la doctora Rosaralys Santiesteban Freixas se refería a la labor desarrollada por Carlos Juan Finlay como oftalmólogo.

A través del exhaustivo estudio realizado sobre el tema, la también investigadora y Profesora Titular del capitalino Instituto de Neurología y Neurocirugía Rafael Estrada González comentaba acerca de los novedosos métodos quirúrgicos empleados por el científico para realizar sus intervenciones de cataratas.

El doctor Enrique Beldarraín Chaple reflexionaba sobre Carlos Juan Finlay como investigador y científico y valoraba su nivel de actualización para la época, así como la trascendencia de sus estudios en otras disciplinas del conocimiento humano –como la meteorología—, imprescindibles para lograr descubrir el agente trasmisor de la fiebre amarilla. 

Como explicaba el doctor Beldarraín Chaple, no siempre Finlay fue comprendido y apoyado por la comunidad científica de su tiempo, aunque resultan evidentes sus aportes, entre ellos ser uno de los iniciadores de la microbiología en Cuba y también uno de los primeros en la isla en utilizar seres humanos para sus investigaciones.

El análisis de Carlos Juan Finlay como salubrista estaba a cargo del doctor Francisco Rojas Ochoa, quien señalaba que, aunque fueron constantes los desvelos del científico por emprender acciones relacionadas con ese campo, no fue hasta bien avanzada su vida que era designado oficialmente para el desempeño de tales funciones.

Dejó Finlay de ser un salubrista “por cuenta propia” –en palabras del doctor Rojas Ochoa— cuando, en 1902, fue nombrado Jefe Superior de Sanidad y logró entonces integrar un equipo de trabajo con los más relevantes especialistas, acción que, en los venideros años, perfiló y enriqueció desde similares responsabilidades.

“Por toda su obra –afirmaba la doctora María del Carmen Amaro—, Finlay merecía no solo ser reconocido en el plano nacional, sino también internacional. Fue propuesto, en varias ocasiones, como candidato al Premio Nobel, aunque nunca recibió esa distinción. En su honor, años después de su muerte, el día de su nacimiento se reconoce como Día de la Medicina Latinoamericana”.

Carlos Juan Finlay –concluía la coordinadora de este coloquio— es una de las grandes personalidades de las ciencias médicas del mundo, quien debe ser justamente recordado, porque trabajó para hacer el bien a los demás, conservándoles la salud que, después de la vida, es el valor más importante que pueda tener un ser humano.

La Feria del Libro de La Habana, día a día y por dentro, míralo y descárgalo en youtube

Editado por: Heidy Bolaños