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Cobertura informativa

Magisterio, poesía y pasión

por: Lilien Trujillo Vitón

Con un panel homenaje al gran pedagogo cubano Raúl Ferrer en su centenario, comenzó la tercera jornada de la Feria Internacional del Libro  en la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña. Para abordar la obra literaria del maestro y poeta de Yaguajay, Esteban Llorach convocó a un trío de pedagogos y escritores: Lidia Turner Martí, Julio M. Llanes y Ramón Luis Herrera.

La apertura no pudo acudir a un mejor recurso: la narradora oral Dayana Deulofeu, quien regaló con histrionismo el poema “Las fuerzas telúricas”, de Julio Llanes. Se trata de un texto que recoge varias de las vivencias de Ferrer en el ejercicio de su pasión, un texto desgarrador, ni más ni menos.

Para hablar de los inicios formativos de este “escritor que hizo suya la cubanidad raigal”, la doctora Turner apuntó, primeramente, la condición autodidacta de sus primeros años de magisterio. “Aunque se graduó en 1937 como maestro cívico rural, fue en la escuela del central Narcisa donde se curtió realmente en la labor educativa”.

En efecto, a Ferrer no le va el concepto del maestro aquel que ejecuta el “deber” de compartir conocimiento. Su perfil pedagógico va mucho más allá de ese mero ejercicio unidireccional. Por ello, para conformar su pensamiento pedagógico, deben considerarse necesariamente cuatro aspectos medulares: la docencia, la poesía, el canto y la vida. 

Se trata de una pedagogía creadora, seguidora de los principios y  concepciones martianas. “Allí en el centro de su aula, no el rincón, estaba Martí. Con él dialogaba, y sus alumnos pensaban que el apóstol vivía”, señaló Turner, quien advirtió que una de sus virtudes y peculiaridades fue llevar el aula a la vida y viceversa, pensar en los alumnos individualmente, conocerlos en sus diferencias,  confiar en sus potencialidades y formar en ellos sentimientos. 

Sobre las características de su literatura versó la intervención de Ramón Díaz, autor del prólogo de la antología sobre la obra de Ferrer que se publicará próximamente. “Su poesía es humilde, sincera, raudamente vital y sensualmente rítmica, una poesía resistente a la erosión del tiempo”.        

Julio M. Llanes por su parte, acotó que él no lo conoció, lo descubrió, durante la campaña de alfabetización. Desde su perspectiva, Ferrer fue un predecesor de la educación popular, un educador adelantado a su tiempo, “un pedagogo para su poesía y un poeta para su pedagogía”.   

Las muestras de admiración fueron el cierre de un panel donde predominó el discurso laudatorio, no podía ser otro el tono para referirse a una figura tan intachable. Jóvenes, no tan jóvenes, cubanos, colombianos, españoles, espirituanos, agradecieron al panel por haber traído a esta fiesta del libro el legado del “maestro de maestros”.

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Editado por Yaremis Pérez Dueñas