Inicio
Cobertura informativa

Sueños de libertad con gaviotas blancas

por: Texto y foto: Nancy Maestigue Prieto

Tener la posibilidad de cubrir la presentación del libro de poesía Gaviotas blancas, de Ramón Labañino Salazar, uno de los héroes de la República de Cuba, como un canto de amor y libertad en el Día de san Valentín constituye un privilegio porque permite ver la naturaleza humana de quienes nunca perdieron el espíritu y la sensibilidad de amar a pesar de los años de injusta prisión. 

“Muchas veces desperté a las tres de la mañana para esbozar una rima, un verso libre, un concepto y solo después pude concebir el sueño. De alguna forma ya había echado a volar aquella paloma lírica que desesperada y ansiosa revoloteaba en mi pecho”, se puede leer en la contracubierta del libro; y esa paloma era la que desbordaba el amor a su madre, a su abuela, a la amada esposa, a las hijas, a los cuatro hermanos presos, y sobre todo hacia la madre de todos: Cuba, sin dejar de reconocer su amor hacia la humanidad como “progenitora de todas las patrias”.

En sus palabras de presentación, Lourdes González, directora de Ediciones Holguín, quien tuvo a su cuidado la publicación del poemario en la colección Ítaca, al referirse a la poesía de Ramón refirió que los héroes cubanos llegaron a la literatura por su intenso amor a la vida y que "Gaviotas blancas" se escogió para dar título al libro por ser un canto a la libertad, a la patria.

Al conocer la existencia del volumen, Labañino le comentó a Lourdes: “El libro es el hijo varón que nunca pude tener”, a lo que ella respondió: “Ya está jugando a la pelota en la calle”. Indudablemente la poesía fue el refugio de Ramón, Gerardo, Antonio, Fernando y René, porque "hablar de la poesía de uno es hablar de la poesía de todos".

Después de su liberación se imponía “volar hacia una segunda edición” y una presentación en un día como el 14 de febrero.

Al hablar del poema “Gaviotas blancas”, no pudo dejar de recordar su génesis y contó que en aquel lugar horrible donde se encontraba, en primavera, venían muchas gaviotas blancas. Vio en ellas un símbolo de libertad en medio de la soledad y cómo el resto de sus hermanos, a través de la creación literaria y la plástica encontraron el modo de no impregnarse de lo malo y así no dañarse, sino mantener sus almas limpias. Reconoció que a lo largo del poemario prima el amor en todas las formas en las que el ser humano lo puede expresar.

No podía faltar la lectura de algunos de los poemas en voz de su autor: “Ausencia”, dedicado a Elizabeth, su esposa, para demostrarle que a pesar de los años alejado de ella siempre la acompañó en todos sus momentos, por eso el poema “También llorando se hace el amor”; o “Retención”, que escribió cuando después de diecisiete meses fueron separados los cinco por considerarlo el momento más duro: se iban de Miami para diferentes cárceles. En este texto menciona que volverían a encontrarse. Antonio Guerrero (Toni) acotó que la profecía se había cumplido, y aunque no tenía intención de hablar, no podía dejar de hacerlo, porque la modestia de Ramón no le había permitido decir que de todos ellos era quien escribía poesías desde antes, algo que él desconocía, y le maravilló cómo después de haber sido sentenciado le escribía poemas a Elizabeth, a las hijas y a su madre, pero no los escribió como Ramón sino como Luis Medina, seudónimo por el que se hacía llamar. La emoción lo hizo callar varias veces, porque se daba cuenta de cómo los poemas llenaban sus alma en aquellos momentos, y el dolor de no poder firmarlos con su nombre.

Sus compañeros elogiaban los textos, menos Gerardo (Gerardo Hernández Nordelo), quien, al decir de Ramón, fue el más crítico literario de todos, pidiéndole más perfección, porque “tú tienes un don y tienes que desarrollarlo”, decía. Los intercambios se convertieron “en un momento hermoso de poesía para fundir cinco almas en una sola”.

Otro momento importante fue cuando Ramón le pidió a Lourdes González que leyera el poema “Deuda”, dedicado a su madre, porque él no podía; un texto cargado de ternura, donde se desgarraba para que ella comprendiera que su vida la había dedicado a la otra madre: la patria.

También Elizabeth le pidió que leyera el poema “Ruegos al sueño” que aparentemente había sido escrito para Olguita, la esposa de René González, cuando fue deportada de los Estados Unidos después de tres meses de prisión, quien luego se dio cuenta que en realidad no era la destinataria, sino Elizabeth, porque en aquel momento él no podía descubrir quién era. Aprovechó esta oportunidad para decir que de 25 años de matrimonio, habían pasado 23 sin estar juntos el Día de los Enamorados, pero sabía que aquella era una soledad acompañada y por eso pudo resistir. En un primer momento no quiso que se publicara el libro porque “eran poemas muy íntimos”, pero comprendió la necesidad de hacerlo para que el mundo conociera el valor de hombres como Ramón y sus hermanos y los sentimientos atesorados para sus seres queridos, para la patria.

Es posible que algunos de los presentes se hayan quedado sin el libro; todos querían llevar la firma de quien lo escribió, acompañada de la de la mujer amada.

 

Para ampliar la cobertura informativa visite librohabanaTV

Editado por Yaremis Pérez Dueñas.