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La Feria es un romanticismo por el libro

por: Texto y foto: Yohamna Depestre Corcho

A las diez de la mañana el uruguayo Boris Faingola ante el público presente dio un bosquejo de lo que significa el grupo empresarial al que representa: la Cámara Uruguaya del Libro, la cual consta de 25 miembros de países latinoamericanos y en entre los que se encuentra como órgano joven, Cuba.

Esta institución sin ánimo de lucro fue fundada en 1978 y representa a la industria editorial de toda América, España y Portugal a través de 27 asociaciones nacionales. Es deber de las asociaciones oponerse firmemente a cualquier medida que ponga en peligro esta libertad; promover y proteger, por todos los medios legales, los derechos de propiedad intelectual en los que se basa el estímulo a la creación, publicación y difusión de las obras creativas; defender la propiedad intelectual frente a cualquier acto que atente contra los derechos de los autores y los editores; luchar contra el analfabetismo, la falta de libros y otros materiales educativos. Es necesario lograr estos objetivos mediante la creación y/o convocatoria de aquellos organismos, convenciones, congresos y cualquier tipo de reuniones y sistemas de organización. Además, la institución se propone ayudar y orientar a las cámaras del libro ya constituidas y crear otras con objetivos similares en países donde no hay.

Una de sus alternativas es apoyar a las ferias del libro, pues el compromiso es llamar al “no lector”.  Faingola reafirmó  que pudo ver en sus pocos días de visita que “hay un romanticismo por el libro en Cuba” y argumentó sentirse muy halagado y esperanzado de ver una feria tan explosiva como la cubana ,que no se encuentra en ninguna parte del planeta, puesto que nadie agrupa tanto público, sobre todo joven, para ver y comprar libros. Por toda esta experiencia acordó con Zuleika Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, un compromiso de realizar una exposición y una reunión extraordinaria el próximo año.

Apoyó en su planteamiento el poco acercamiento al libro, el cual a veces no se ve como una mercancía —no hay un spot publicitario sobre él— aunque extrañamente es uno de los productos que más se vende. Tomó como referencia opuesta a Brasil, donde no hay programa de marketing y una promoción de la lectura.

Una problemática que afecta el acercamiento al libro es la traba de los envíos aduanales que se encarecen por leyes burocráticas, sobre todo en Paraguay y Bolivia. Otra desventaja es que la concepción de las leyes de consignación está estructurada de manera tal que a veces se hace imposible comercializar.

Faingola nos dejó escuchar su opinión sobre el libro electrónico al explicar que este otro soporte sobrevivirá no como sustitución del libro impreso sino como complemento de él. Ya sus ventajas son el poco peso, el poco espacio en un mundo de más y más información, el abarcar varios formatos como el video, el sonido, la animación, permitiendo la interactividad. Su desventaja está en que en ocasiones no se ve como un producto legitimo, por el arraigo cultural, la nostalgia, la intimidad que logra el libro de papel, además de que el soporte digital aún es muy caro y sus estadísticas de uso son muy bajas; solo en Estados Unidos está a un 45%, por ser un país consumista de la nueva tecnología.

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Editado por Yaremis Pérez Dueñas.